Carlo Botta

Nació en S. Giorgio Canavese el 6 de noviembre de 1766, murió en París el 10 de julio de 1837. Terminados sus estu­dios de medicina, sus ideas revolucionarias le acarrearon una condena de cárcel de 1794 a 1795, bajo el reinado de Víctor Ama­deo III de Saboya.

Habiendo pasado a Suiza, y después a Francia, fue médico militar en el ejército napoleónico durante la cam­paña militar del 96, y en el 98 miembro del Gobierno provisional del Piamonte, llegan­do a ser diputado cuando éste fue anexio­nado a Francia en 1799.

Ocurrida aquel mismo año la restauración, la administra­ción general del Gobierno provisional buscó refugio en Grenoble, y envió a Botta, junta­mente con Robert, a París para que gestio­nara ante el Directorio los destinos del Piamonte.

Después de Marengo, figuró en el Consejo piamontés y luego, con Carlo Bossi y Carlo Giulio, en la Comisión Ejecutiva (el gobierno de los tres Carlos). Frustra­das las esperanzas que había concebido de una Italia libre de la ingerencia francesa, no se ocultó para demostrar su desaproba­ción, por lo que Napoleón, que lo estimaba a pesar de todo, no le favoreció ni le ayudó.

Convertido en rector de la Academia de Nancy durante los Cien Días, lo fue de la de Ruán después de la Restauración (1817). Depuesto del cargo, permaneció algún tiempo en Francia, donde mandaba el partido clerical adverso a él, por lo que, vuelto al Piamonte, obtuvo de Carlos Alberto, que apoyaba sus proyectos sobre la futura or­ganización del reino saboyano, una pensión y la Orden Civil de Saboya.

De nuevo en Francia, llegó a ser académico de la de Ciencias y murió en París; sus cenizas fue­ron llevadas en 1875 a Santa Croce de Flo­rencia. Botta, siempre a la vanguardia de la actividad política, fue rígidamente conser­vador en literatura por inexplicable con­tradicción.

Así, mientras entusiasmaba por una parte a la nueva generación por sus sentimientos de italianidad, descendía, por otra, a polemizar con los románticos que eran de siempre paladines de aquel sentimiento. Por ello volvió a la retórica del neoclasicismo en sus obras históricas.

En la principal de ellas, la Historia de Italia de 1789 a 1814 (1824, v.), se pierde a menu­do en la descripción de episodios secunda­rios olvidando los hechos esenciales. Existe en ella, sin embargo, la vivacidad del per­sonaje que participó en esta historia.

La Guerra de la Independencia de los Estados Unidos de América (1809, v.) era todavía más literaria y la Historia de Italia, con­tinuación de la de Guicciardini hasta 1789 (v.), aparecida en 1832, no estuvo a la al­tura de la del predecesor, dada la exagerada intención de atacar a los investigadores de fuentes documentales, como manifestación de su odio a la tradición romántica de su tiempo: de ello se siguieron invectivas y polémicas.

N. Rellini Lerz

Regino Eladio Boti

Poeta, prosista y crítico literario cubano n. en Guantánamo el 18 de febrero de 1878. Inició los estudios en su ciudad nativa, para proseguirlos en Barcelona (España) y graduarse de aboga­do en la Universidad de La Habana, en 1917.

Pero ya antes de la culminación de sus es­tudios había Boti revolucionado la lírica cubana con la publicación de Arabescos mentales (1913), obra que supuso tanto como el triunfo absoluto del modernismo en Cuba.

Es el metro libre y no el clásico el que habrá de informar desde entonces su pro­ducción. Y guiado por la devoción que pro­fesa a Whitman, se convierte a su vez en guía y orientador de un movimiento de indudable trascendencia estético-literaria.

Tal vez Boti exagera la posición renovadora, pero esto es sin duda una consecuencia de la necesidad que él advierte de romper abruptamente con las formas pasadas. Su lenguaje es riquísimo; su cultura, amplia y sólida, y las audacias de forma no lo han llevado nunca a los excesos del incoherente vanguardismo.

Pero no es sólo en la poesía donde brilla el talento de Boti Su obra críti­ca es en verdad considerable y vigorosa: Yeísmo (prefacio a Arabescos mentales); Dilucidaciones métricas (1921); Martí en Darío (1925); La nueva poesía en Cuba (1927)    , además de la publicación, con notas críticas, de buena parte de la obra de Darío.

En cuanto a su producción poética, debe­mos señalar, después de Arabescos menta­les, El mar y la montaña (1921) y La torre del silencio. Boti ha abordado también los temas históricos: Guillermón (notas bio­gráficas del general Guillermo Moneada); Guantánamo y El 24 de febrero de 1895.

A. Ramos

Luka Botich

Nació en 1830 en Spalato y murió el 20 de agosto de 1863 en Diakovo. Con su labor poética y su rectitud política alcanzó, en su breve existencia, un puesto de honor en la historia del romanticismo croata durante el absolutismo de Francis­co José y del gobierno Bach.

Realizados en la pobreza sus estudios en la ciudad natal y en Zara, Botich adhirióse con juvenil entusiasmo a la ideología revolucionaria y pa­triótica, y en 1848, a través de Bosnia, llegó a la libre Serbia. Sin embargo, la realidad de Belgrado constituyó para él una desilu­sión; y así regresó muy pronto a Zagreb, donde trabajó en la tipografía del jefe del Movimiento Ilírico, Liudevit Gai.

Por aquel entonces sus poesías empezaron a ser difun­didas y apreciadas, con lo cual se atrajo Botich la atención del público culto y obtuvo un empleo en el obispado de Diakovo, bajo el gran prelado Strossmayer. Alcanzada una relativa tranquilidad, el joven poeta dálmata pudo componer en aquellos años sus mejores obras, entre ellas la narración en verso La desgraciada Mara (v.) y otros dos textos del mismo género (Hermandad y Pedro Bachich).

En 1861 negóse a jurar fidelidad al emperador y fue despedido. El año siguiente el distrito de Diakovo elegía­le diputado a la Asamblea; pero poco des­pués la vida de Botich quedaba truncada por la tuberculosis.

R. Picchio

Giovanni Botero

Nació en Bene (actual­mente Bene Vagienna), en el Piamonte, en 1544, y murió en Turín el 23 de junio de 1617.

Educado por los jesuitas, quiso ingre­sar en la Compañía; sin embargo, su tem­peramento inquieto y melancólico, muy atento a la variada multiplicidad de las cosas y, posiblemente por ello, incapaz de una seria y constante concentración inte­rior, no satisfizo por completo a los supe­riores, quienes le sometieron a una serie de traslados.

A pesar de todo, compuso en esta primera época numerosos libros: tex­tos en verso, de mediocre valor, y pequeños tratados religiosos. A 1582 pertenece su pri­mera obra de carácter político, De regia sapientia, dedicada a Cario Emanuele I de Saboya. En 1588 aparecieron los tres libros De las causas de la grandeza de las ciuda­des (v.), donde su rica sensibilidad para los detalles se concreta en agudas e impor­tantes observaciones económico-sociales; Botero revela haber estudiado a Maquiavelo, a Guicciardini, a los historiadores del Rena­cimiento y los grandes textos políticos de Jean Bodin.

En los diez libros De la razón de Estado (1589, v.) aparecen confirmados los rasgos fundamentales de la obra ante­rior; y aun cuando el autor no logre en ella fundir su observación de los hechos político-sociales con las exigencias de la construcción doctrinal, ello, sin embargo, no impide que precisamente en este carác­ter fragmentario resida lo mejor de tal producción. Aun cuando débil e inquieto, Botero logra buenos resultados en la crítica de Maquiavelo, y mejores todavía en el aná­lisis de las condiciones sociales y políticas del poder estatal.

En Relaciones universa­les (v.), vasta obra en la que, según el gusto y las teorías de la época, aparecen expues­tos los caracteres y costumbres de los diver­sos pueblos, confirma al mismo tiempo su falta de sistema interno y su rica y sensible comprensión de los detalles.

G. Sasso

Cristo Botev

Nació el 25 de diciembre de 1848 en Kalófer y murió cerca de Vraca, frente a los turcos, el 17 de mayo de 1876. Es el gran poeta y héroe nacional búlgaro en la lucha empeñada para librar al país del secular dominio otomano.

Hijo de un activo patriota, maestro elemental, a los quince años fue enviado a Odessa a completar los estudios secundarios, y allí, en el curso de éstos, recibió las ideas revolu­cionarias del socialismo utopista ruso.

Vuel­to a la patria, siguió la carrera y el ejem­plo de su padre, desarrolló una intensa actividad subversiva entre la juventud y llegó a comprometerse hasta el punto de tener que emprender el duro camino del destierro.

Se refugió en Rumania, donde continuó trabajando sin descanso como conspirador y animador entre sus compa­triotas desterrados. Luego pretendió provo­car una insurrección: para ello reunió un grupo de audaces búlgaros, pasó el Danu­bio en una embarcación austriaca e intentó una acción que había de conducir a un levantamiento general.

Sin embargo, en­frentado muy pronto con grandes fuerzas de la gendarmería turca, en un desigual encuentro librado en el monte Voi, cerca de Vraca, murió heroicamente, como el voiboda Hadži Dimităr (v.), que él glorificó y perpetuó en uno de sus más bellos, paté­ticos y populares Cantos (v.). Éstos, aun cuando escasos (no más de veinte), reflejan vivamente la personalidad humana y ar­tística del poeta, inexorable con los enemi­gos de su patria y con toda forma de do­minio político y social.

Suave y delicado en la intimidad familiar, elegiaco, satírico y ditirámbico al mismo tiempo, espontáneo y refinado y maestro en versos duros como las rocas de sus Balcanes o bien límpidos y fluidos cual los torrentes que descienden hacia el «tranquilo y blanco Danubio».

A. Cremonesi