Nihon Shakumyō, Kaibara Ekken

[Comentario a los nombres japoneses]. Obra de la literatura japonesa, en tres volúmenes, debida al filó­sofo y moralista Kaibara Ekken (1630-1714). Terminada en 1699, se publicó al año si­guiente con un prefacio de Matsushita Ken- rin (1637-1703).

Es un diccionario etimo­lógico de la lengua japonesa, en el cual los vocablos no están dispuestos por orden alfabético, sino repartidos en 23 catego­rías según su significado: Astronomía, Estaciones, Geografía, la Casa Imperial, Topo­nomástica, Los seis elementos (agua, fuego, tierra, piedras, oro y gemas), Caracteres humanos, Formas, Acontecimientos huma­nos, Pájaros, Animales, Insectos, Peces, Conchas, Cereales, Plantas, Árboles, Ali­mentos y bebidas, Vestidos, Objetos de Cancillería, Armas, Utensilios y Varios. El propio autor enuncia los criterios etimológicos que ha seguido: «no tratar de ex­plicar el vocablo original con derivados del mismo, ni explicar el vocablo antiguo con el moderno.

Al encontrar una palabra obs­cura, no fiarse jamás, para explicarla, de la fantasía». No deja de servirse de la fo­nética y sobre todo de las contracciones y de las abreviaturas de las palabras. El valor de su obra, comparada con la direc­ción moderna y con los progresos de la investigación etimológica y filológica, es bastante limitado, porque se basa casi ex­clusivamente en el buen sentido, lo cual es demasiado poco para investigaciones de este género; pero si tenemos en cuenta la época en que la obra fue escrita y el es­tado de los estudios de entonces, no deja de tener una importancia histórica notable.

S. Nogami

El Ninfale Fiesolano, Giovanni Boccaccio

[Il Ninfale Fiesolano]. Pequeño poema idilicomitológico, en octavas, de Giovanni Boccaccio (1313- 1375), publicado por primera vez en 1477. La fecha de su composición es incierta, pero puede situarse aproximadamente entre 1344 y 1346; se publicó en 1477. El poema está basado en una fábula etiológica, es de­cir, destinada a explicar míticamente el nombre de dos riachuelos toscanos, el Africo y el Mensola.

Y la fábula pertenece, a su vez, a las primeras manifestaciones de la cultura en Toscana. Las colinas de Fiésole estaban habitadas por ninfas consagradas al culto de Diana y a la caza. El pastor Africo se enamora de una de ellas, llamada Mensola, y durante varios días trata en vano de llegar a ella, pues las ninfas huyen atemorizadas ante su vista. Para distraerle de tan peligroso amor, el padre del pastor, Girafone, cuenta a su hijo la historia de Mugnone transformado en río por haber osado amar a una ninfa de Diana.

Pero Africo no desmaya y, habiendo encontrado a Mensola, la sigue, sin poder alcanzarla. Por sugerencia de Venus, compadecida por las penas del pastorcillo, Africo se viste de ninfa y con esta estratagema logra su intento; pero durante las semanas y los meses siguientes, Africo en vano busca de nuevo a su ninfa. Entretanto, Mensola da a luz un niño y en su corazón nace, junto al sentimiento de maternidad, el amor hacia Africo, que desesperado por no haber vuelto a ver a su Mensola, pone fin a su vida precipitándose en el río que de él tomó nombre. El hallazgo del cadáver de Africo, el llanto del padre, el viejo Gira­fone, y los funerales dan lugar a una des­cripción profundamente patética.

Entretan­to, Mensola, maldita por Diana, que ha tenido noticia de su delito, desaparece en el río, que de ella tomó el nombre de Men­sola. Pero su hijito, Proneo, criado en casa de Girafone, llega a ser uno de los minis­tros favoritos de Atalante, fundador de Fiésole, quien pone fin al inhumano renun­ciamiento, impuesto por Diana, a su amor y a sus ninfas, las impele al amor y al matrimonio y esparce por toda la región las bendiciones de una nueva y más huma­na civilización. El Ninfale es el fruto feliz de la plenitud juvenil del genio poético de Boccaccio. Exento de hojarasca y de su­perestructuras, versa sobre una patética his­toria de amor, situada en un tiempo fabu­loso y remoto que hace poéticamente legí­timo su vago color mitológico.

Las distintas fases de la pasión están cantadas y anali­zadas con gran agudeza y finura psicológi­cas, en las melodiosas volutas elegiacas de la estrofa. La fábula no es más que un pretexto, ya que Boccaccio, fiel a un ideal de poesía docta, llega poéticamente y de una manera nueva, en el análisis de la pasión, a la verdad del sentimiento y de la naturaleza. Y el ejemplo fue fecundo: al Ninfale Fiesolano se asemejan, en cierta manera, los distintos poemas idilicomitológicos y rústicos del Renacimiento italiano, cuyos momentos poéticos más logrados son la Nencia de Barberino (v.) de Lorenzo de Médicis y las Estancias (v.) de Poliziano.

D. Mattalía

Bastaría Ninfale Fiesolano para no negar a Boccaccio el honor de ser también poeta en verso. (Carducci)

Nihongí O Nihon-Shoki, Toneri

[Anales del Japón]. Obra histórica japonesa, compuesta por el príncipe Toneri (675-735), hijo del emperador Temmu (673-686), con la cola­boración de Fuotno-Yasumaro, el autor de Kojiki (v.) y de otras obras.

Se terminó en el año 720 d. de C. El Nihongi y el Kojiki representan los primeros documentos históricos, a la vez que las obras más an­tiguas de la literatura japonesa que han llegado hasta nosotros. De otra obra his­tórica anterior, el Kujiki [Memorias de los acontecimientos de la antigüedad], escrita en el 620 por el príncipe Shōtoku Taishi (572-621) y por Soga-no-Umako (m. 626), ha llegado hasta nosotros un texto, al que con fundadas razones se tiene por apócri­fo, que debe ser todo lo que de esta obra pudo salvarse de un incendio (645).

A di­ferencia del Kojiki, escrito en japonés, y por ello importante para el estudio de la lengua antigua, el Nihongi está escrito en chino, y en 30 volúmenes abarca toda la historia del país, desde los orígenes míticos al año 697 d. de C. Los dos primeros volú­menes contienen la teogonía y la cosmo­gonía indígenas, y prosigue la narración describiendo la fundación de la nación y del estado japonés por obra de Jimmu Tennó, el primer emperador, su expedición a la isla de Hondo y las luchas que hubo de sostener con los aborígenes Ainu, la expedición a Corea, etc.

La narración está en forma de crónica, con la indicación pre­cisa de la fecha en que tuvo lugar cada uno de los acontecimientos, aun de aque­llos ocurridos antes de la introducción en el archipiélago de la escritura china (si­glo V) y de la adopción de un sistema para la notación del tiempo. Sobre esta ficticia cronología del Nihongi está basada la ac­tual era japonesa, introducida por el go­bierno en 1872, según la cual los años se cuentan a partir del 660 a. de C., año en que, según la tradición, Jimmu Tennó, el 11 de febrero, fue elevado al trono en Kashiwabara, en la provincia de Yamato.

El Nihongi deriva de los grandes modelos históricos de China, tales como el Shih Chi (v.), el Han Shu, etc., de los cuales a veces toma ideas e incluso reproduce fragmentos. La fantasía y el plagio que dominan en las primeras partes de la obra tienen su origen, principalmente, en motivos de orgullo na­cional, que hacían sentir agudamente a los isleños la inferioridad de su historia, tan reciente, en comparación con la de China, tan antigua y tan rica de acontecimientos y de figuras. Con ello el Nihongi sirvió también a fines políticos, porque dio con­sistencia y forma estable, como lo había hecho el Kojiki, a las más vitales tradicio­nes de la nación, sobre todo a las que se refieren a la ascendencia divina de la fa­milia imperial, cuyo prestigio quedó así consolidado.

No se olvide, a este propósito, que ambas obras salieron del ambiente de la Corte, destinado a conservar todavía du­rante muchos siglos el monopolio de las letras y de la cultura. A pesar de todo, el Nihongi, visto a la luz de la crítica, es una obra fundamental para e} estudio del an­tiguo Japón, y desde el punto de vista li­terario y filológico posee asimismo no. pe­queño valor, gracias a las 132 poesías que contiene, reproducidas en la lengua arcai­ca del texto original. Ha sido traducido al inglés por W. G. Aston (1841-1910) en 1896, y, más tarde, al alemán por K. Florenz en 1891-1896 (edición revisada en 1903).

M. Muccioli

Nihon Gwai-Shi, Rai Sanyō

[Historia no oficial del Japón]. Obra histórica en 22 tomos, en 12 volúmenes, publicada en 1829 por Rai Sanyō (1780-1832), de Ōsaka.

Nacido y educado en una familia en la que el culto de la filosofía racionalista de Chu-hsi (1130-1200) era bastante vivo, se sintió atraído, bastan­te más que por la filosofía, por la historia y la poesía chinas. A los 16 años entró en relación con el geógrafo Furukawa Koshōken (1726-1807), del que aprendió las no­ciones geográficas indispensables para los estudios históricos. A los 18 años, hizo un viaje de estudios a Yedo, frecuentó las lec­ciones de Bitō Nishū (1745-1813) y de Shibano Ritsuzan (1748-1821), cuya escuela dio sólidas bases a su cultura.

Con él estudió el T’ung Chien Kang Ma (v.), la famosa obra histórica en 50 volúmenes, publicada en 1223 por Chu-hsi. La idea de escribir el Nihon Gwai-shi se le ocurrió leyendo el Dai Nihon-shi (v.), un ejemplar del cual, que poseía su tío Rai Ahupū, le había sido prestado por éste. Después de 20 años de trabajo, la obra quedó terminada, pero no tuvo la valentía de publicarla. El ministro Matsudaira Sadanobu (1758-1829), sin em­bargo, habiendo oído hablar de ella, se la pidió para leerla y quedó tan favorable­mente impresionado que el autor, animado, se decidió por fin a darla a la imprenta.

El Nihon Gwai-shi está escrito en chino, y narra la historia de la prosperidad y de la decadencia de las 13 grandes familias cuyas luchas y cuyo dominio llenan prác­ticamente la historia del país desde el si­glo XII hasta los tiempos del autor. Los 22 tomos están repartidos de la siguiente manera: 4 se ocupan de los Minamoto, 2 de los Nitta, 6 de los Ashikaga y 10 de los Tokugawa. En el modelo y en el modo de tratar la materia se nota sobre todo la in­fluencia del gran historiador chino Ssü-ma Chien (n. alrededor del 145-m. poco des­pués del 86 a. de C.) y de Su Tung-p’o (m. 1101), pero no menos también la del Tokushi Yoron (v.) de Arai Hakuseki (1656- 1725) y,’ en cuanto al estilo, la de Nakai Riken (1732-1816).

Como obra histórica, Nihon Gwai-shi es de escaso valor. El fin del trabajo, por otra parte, no fue la inves­tigación minuciosa de la verdad de los he­chos históricos, en relación con lo cual la mayor parte de la producción de la época y de las épocas anteriores merece amplia­mente el calificativo de superficialidad y de descuido. La obra constituye principal­mente un acto de fe. El ardiente sentimien­to patriótico que anima su estilo ofrece una lectura fascinadora; las ideas en ella propugnadas, por un lado pusieron en eviden­cia el trabajo y a su autor y por otro plas­maron el sentimiento popular, preparando así los ánimos para la restauración del po­der imperial que debía_ tener lugar pocos años después.

Rai Sanyō comenzó también  a escribir una continuación del Nihon Gwaishi, titulada Nihon Sei-ki [Historia política del Japón], que fue interrumpida por su muerte, y que trata, con actitud crítica, de los cambios políticos ocurridos en la his­toria de su país.

M. Muccioli

Nihon-Ó Dai Ichi-Ran, Hayashi Shunzai

[Lit.: Gran perspectiva de los soberanos del Japón]. Obra histórica compilada en 1652 por Hayashi Shunzai (1618-1680) por encargo de Minamoto-no-Tadakatsu.

En siete volúme­nes reconstruye, en forma de narración, la historia del país, desde el primer empera­dor, Jimmu Tennō (esto es, según la cro­nología oficial, desde el 660 a. de C.) a su 106.° sucesor, Ōgimachi Tennō (1558-1586). Es una obra de escaso valor literario y cien­tífico, pero su importancia reside en el he­cho de que fue uno de los primeros tra­bajos de erudición japonesa que se cono­cieron en Europa, a través de una traduc­ción de Isaac Titsing (1740-1812), en 1779- 1780 y desde 1781 a 1784 director de la factoría holandesa de Deshima (islote ar­tificial en el puerto de Nagasaki, donde los holandeses, únicos europeos, tuvieron el pri­vilegio de instalarse manteniendo el mono­polio comercial con el Japón, durante el aislamiento de éste de todo contacto ex­tranjero).

Titsing conocía bastante poco el japonés, pero con ayuda de intérpretes in­dígenas que conocían el holandés, logró una traducción, que dado el tiempo y las circunstancias, se podía calificar en conjunto de satisfactoria. Más tarde, en 1834; el trabajo de Titsing fue publicado, revisado y corregido, por J. Klaproth (Nipón O Dai Itsi Ran, ou Annales des Empéreurs du Japon, traduites par M. Isaac Titsing, avec l’aide de plusieurs interprètes attachés au comptoir hollandais de Nagasaki. Ouvra­ge revu, complété et corrigé sur l’original japonais-chinois, acompagné de notes et précedé d’un apercu de l’histoire mythologique du Japón, por M. J. Klaproth, París-Londres, 1834).

M. Muccioli