El Nigromante, Ludovico Ariosto

[Il negromante]. Co­media en cinco actos, en endecasílabos es­drújulos, de Ludovico Ariosto (1474-1533), escrita en 1530. Tiene como precedentes varias comedias de Terencio y la Calandria (v.) de Bibbiena, de la que procede el tipo del nigromante.

Cintio, hijo adoptivo de Máximo, y Lavinia, hija adoptiva de Fació, se casan sin que Máximo lo sepa, pues nun­ca hubiera aceptado una nuera tan pobre. Pero ocurre que Máximo decide casar a Cintio con Emilia, hija de un amigo suyo; el joven no encuentra el modo de esquivar el matrimonio, y una vez contraído, para permanecer fiel a Lavinia y anular la boda, finge encontrarse en imposibilidad física para consumarlo. Máximo, para curar a su hijo adoptivo, acude a un nigromante; al mismo recurren Cintio, para pedirle ayu­da, y Camilo, que, enamorado de Emilia, quiere obtener por medio de sus artes el logro de sus deseos. El nigromante, un perfecto truhán, no persigue otro fin que sacar dinero a todos, urdiendo una enre­dada trama de la que acabará siendo él su propia víctima. Entretanto se descubre que Lavinia es hija de Máximo; de esta manera puede revelarse su matrimonio con Cintio, y anularse el de éste con Emilia, la cual hallará en Camilo un buen esposo.

Había, pues, material suficiente para una comedia llena de vivacidad; el resultado fue, por el contrario, una obra fría y for­zada. La intención satírica, muy destacada, apunta con tiros a veces certeros a la sim­pleza humana, pero no logra crear un cli­ma de vida. Los escritores del siglo XVI, en general, y Ariosto en particular, poseían una conciencia demasiado refinada para poder alcanzar, sin más, la vida real y traducirla en comedia; su mentalidad era por naturaleza alegórica; sólo podía con­templar la verdad en el reflejo de som­bras ya elaboradas por una tradición lite­raria y cultural.

Acaso por esto pudo Arios­to escribir la, epopeya cómica y dramática de los hombres; de su tiempo, con sólo proyectarla en las relucientes corazas de los paladines. El nigromante sirvió de pauta al español Juan de Timoneda para su Co­media Cornelia. U. Déttore

En el Nigromante de Ariosto aparece una sociedad latina en la que el siervo es más astuto que el señor, representada por quien no se encuentra en su ambiente y sólo la comprende y estudia en los libros. (De Sanctis)

Nīhāyat Al-Arab Fī Funūn Al-Adab, Ahmad ibn ‘Abd al-Wahhāb al-Nuwayrī

[Límite extremo de los deseos del perito en las artes literarias]. Vasta obra cosmologicohistórica del musulmán Ahmad ibn cAbd al-Wahhāb al-Nuwayrī (1278- 1332).

La obra comprende cinco partes, de las que las cuatro primeras tratan, respec­tivamente: del cielo y de la tierra (geo­grafía), del hombre, del reino animal y del reino vegetal. En cuanto a la quinta parte, su contenido es histórico. Se trata de una compilación hecha con buen sentido y dis­creción, en la que tras relatar a grandes rasgos la historia oriental desde Alejandro Magno, estudia detalladamente los orígenes de los árabes, la época preislámica y los sucesos del norte de África, desde el año 660 al 1268, aludiendo también a la do­minación musulmana de Sicilia y a su reconquista por los cristianos.

Los capítu­los 5.° y 6.° de esta parte contienen una historia de los musulmanes en al-Andalus y África nordoccidental, desde el año 756 al 1268, más concretamente: el quinto de los emires de al-Andalus, de los reinos de taifas y de los almorávides, mientras que el sexto, más extenso, narra los hechos desde la conquista musulmana de África y Espa­ña hasta los almohades (con datos sobre Si­cilia y Creta). Esta parte ha sido traducida al castellano por Mariano Gaspar Remiro (Granada, 1917).

D. Romano

Nigrino, Luciano de Samosata

Diálogo retórico y declamatorio de Luciano de Samosata (ha­cia 125-185 d. de C.). Es incierta la fecha de composición. El autor cuenta que, lle­gado a Roma para consultar a un médico ilustre, no quiso alejarse de la ciudad sin hablar con el filósofo Nigrino, un plató­nico que a las dotes de ingenio unía un corazón generoso y una admirable elocuen­cia, y al que Luciano había conocido en Atenas.

Nigrino hace un elogio tan entu­siasta de la filosofía, que Luciano queda conmovido y admirado. Es también famoso el elogio que el autor hace de Atenas, cen­tro de los estudios filosóficos y de todo cuanto es bello y noble. A esta ciudad con­trapone el autor la Roma corrompida y fastuosa, contra la que dirige los acerados dardos de su crítica mordaz. [Trad. españo­la de Cristóbal Vidal y F. Delgado en Obras completas, tomo I (Madrid, 1882, 2.a ed., 1901) con el título Nigrino o de las costum­bres de un filósofo].

C. Schick

Nietzsche Contra Wagner, Friedrich Nietzsche

Obra filosoficopsicológica del escritor alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), compuesta en 1888, pero sobre observaciones que se re­montan en parte a 1876 y aun antes — a la gran crisis que condujo al autor a sepa­rarse de Wagner, hecho «inevitable como un destino»—, publicada en 1895.

El autor remacha, con tono más exasperado, la tesis (v. El caso Wagner) de que la música de Wagner, con toda su majestuosidad tene­brosa y decadente, ha de considerarse co­mo un veneno que corrompe el gusto. Wagner, dice, sólo tiene arte para las mi­nucias, para los matices; es un «maestro de lo menudísimo» y sólo es grande cuando se pone en música a sí mismo con sus sufrimientos. En lugar de eso, busca casi siempre el efecto, trata de hacer teatro so­bre todo e, incapaz de la música leve, que ritma la danza y que es la única capaz de elevar el alma, hace de la música un me­dio para ilustrar la acción dramática de los protagonistas.

Además, la tesis wagneriana de la «melodía infinita» como agita­ción del ritmo, como expresión desordena­da y profunda de los sentimientos íntimos del ánimo, es buena para las masas, pero la música corre un peligro mortal si se le quita la elegancia del ritmo, que la une con la danza. La música wagneriana, que se basa en las tradiciones germánicas, en los mitos y la cultura germánicos, no tiene porvenir, como no tienen porvenir los ale­manes, y si de joven la amó fue porque creía ver en ella el soplo del espíritu dionisíaco, por el que la tragedia surge de la superabundancia de vida.

En cambio, Wagner, como Schopenhauer, sufre de empo­brecimiento vital; calumnia la vida por in­capacidad de vivirla con plenitud; en am­bos, Nietzsche descubre el mismo odio a la vida que es propio del cristianismo. La música de Wagner, que juega sobre un pre­tendido conflicto entre sensualidad y cas­tidad, está más próxima al romanticismo francés, enfermo de hipersensibilidad, que a los alemanes, quienes no pueden com­prender su morbosidad; ha creado Parsifal, que es «un atentado contra la moral».

Quien ha creído interpretar este escrito, lo mismo que el análogo y contemporáneo El caso Wagner, como un documento de humana, demasiado humana, debilidad, se ha dejado perder su significado más importante, que es el antirromanticismo nacido en el seno del mismo romanticismo; el romanticismo vivido en profundidad y en «perdida dedi­cación», hasta el punto que el espíritu sien­te la necesidad de salir de él y «curarse» para ser «verdaderamente uno mismo». [Trad. de Eduardo Ovejero y Maury en Obras completas, tomo X (Madrid, 1932)].

G. Alliney

Niels Lyhne, Jens Peter Jacobsen

Novela del escritor danés Jens Peter Jacobsen (1847-1885), compuesta entre 1874 y 1880 y publicada el 9 de di­ciembre de 1880.Es el relato de la vida de Niels Lyhne, «carácter visionario y al mismo tiempo sediento de vida», desde su nacimiento en la factoría de Lönborghof hasta su muerte en la sala de un hospital, como consecuencia de una herida en la guerra germano-danesa de 1864.

Este espa­cio temporal está determinado por los suce­sos o momentos afectivos que caracterizan las diferentes edades: la educación materna referida principalmente hacia la fantasía y los juegos infantiles con Frithjof; el des­pertar del amor, ese amor que es adora­ción en el adolescente, hacia la bella Edele Lyhne; el fascinador juego del amor que confina con la pasión sensual en las rela­ciones con la alegre y despreocupada se­ñora Boye; la muerte de su madre, en un insatisfecho anhelo de belleza, en el para­disíaco Clarens de Rousseau; el amor pa­sional y adúltero por su prima Fennimore; la amistad amorosa con una célebre can­tante conocida junto al Garda; el feliz amor conyugal hacia la joven Gerda; y finalmen­te, la catástrofe familiar: la inesperada muerte de Gerda y de su hijito, y luego la de él mismo, Niels, causada por un proyectil enemigo.

La novela no es auto­biográfica: no pretende más que represen­tar el desenvolvimiento de una personali­dad centrada sobre sí misma, en medio de contratiempos, victorias y derrotas. Falta, por tanto, el ambiente, indispensable cuan­do el escritor se propone representar un personaje dentro de su vida real, que es un obrar y sentir en relación a situaciones y acciones determinadas. Por eso las dife­rentes partes de la novela están resueltas en sí y por sí, unidas sólo por la igualdad de atmósfera y estilo.

Nacido de un gran deseo de vida, de amor y de pasión (Jacobsen lo escribió minado ya por la tisis), Niels Lynhe es, más que nada, la repre­sentación, opulenta y delicada a la vez, de estados de ánimo que matizan los motivos del amor y de la muerte, con sus afines del insatisfecho deseo de belleza y de la ar­diente pasión inalcanzable. De ahí la pro­fusión de colores vivos, resplandecientes (no debe olvidarse que Jacobsen es con­temporáneo de los impresionistas), el gusto por la pintura «en plein air» que a veces tiende a resolverse en mera decoración, y el conflicto, íntimamente vivido, en apa­riencia heterogéneo, pero en realidad es­trechamente ligado, y nacido de la meditación sobre la muerte, entre las creencias tradicionales y la nueva fe «atea» en una humanidad «sin ilusiones», donde los hom­bres «podrán vivir su vida libremente y morir su muerte, sin temor al infierno, sin esperanza en el cielo,- sin otro temor que el de sí mismos, sin otra esperanza que la suya propia».

Por esta púdica seriedad de pasión y dolor vividos, de viriles conviccio­nes maduradas no sin esfuerzo, destaca Niels Lyhne entre la literatura sensualista de la segunda mitad del siglo XIX.

V. Santoli

Jacobsen es el mejor colorista de la pro­sa danesa. No hay en la literatura nórdica nada comparable a su pintura. Su lenguaje está empapado de color.   (G. Brandes)

Su encanto es el de tantas poesías a lo Byron y a lo Lamartine, de la literatura romántica europea. Pero el héroe y su am­biente son abstractos…, Todo se diluye y se convierte en irreal. (P. V. Rubow)