Émile Boutroux

Nació el 28 de julio de 1845 en Montrouge (Seine), murió el 23 de no­viembre de 1921 en París; representó en Francia la oposición a la corriente positi­vista cuyos supuestos científicos criticó, afirmando, en cambio, la irreductible contin­gencia de lo real y de sus leyes.

Después de haber realizado sus primeros estudios en su ciudad natal, asistió al liceo Henri IV de París e ingresó posteriormente en la École Normale Supérieure. Allí le atrajeron sobre todo las lecciones de Jules Lachelier (v.), cuyo espiritualismo, derivado de Ravaisson (v.), ejerció notable influencia sobre su orientación filosófica.

Conseguido en 1868 el título de «agrégé de philosophie», marchó a perfeccionar estudios a Heidelberg (Ale­mania), donde fue asiduo asistente a las lec­ciones de Zeller, del que tradujo, más tarde, parcialmente, La filosofía de los griegos (v.). Vuelto de alemania, obtuvo la cátedra de filosofía del liceo de Caen.

Las tesis que entretanto presentó en la Sorbona (De veritatibus aetemis apud Cartesium, en latín, y De la contingencia de las leyes de la naturaleza, v., en francés) labraron su fama, de modo que al poco tiempo fue nombrado para desempeñar una cátedra en la Universidad de Montpellier y después en la de Nancy.

En esta última ciudad conoció y se casó con la hermana de Henri Poincaré (v.) En 1877 fue nombrado «maître des conférences» en la École Normale Supérieure y, ocho años después, recibió el encargo de explicar his­toria de la filosofía moderna en la Sorbona, donde posteriormente obtuvo cátedra en propiedad. Entre sus cursos es muy conocido el de 1892-93, publicado con el título De la idea de ley natural en la ciencia y en la filosofía contemporáneas (v.).

Los Études d’histoire de la philosophie, publicados en 1897, recogen los más importantes ensayos suyos y una monografía sobre Pascal, autor éste predilecto de Boutroux. Algunas conferencias que dio Boutroux de 1888 a 1895 en la escuela de Fontanay-aux-Roses fueron retiñidas en el volumen Questions de morale et d’éduca­tion.

Su maltrecha salud le obligó en 1902 a retirarse de la enseñanza, pero no le im­pidió una intensa actividad estudiosa, tes­timoniada por la obra Science et religion dans la philosophie contemporaine (1908), en la que el espiritualismo de Boutroux encuentra acentos místicos, y por una gran cantidad de memorias, artículos, ensayos, conferen­cias, parte de las cuales fue reunida después de su muerte en los volúmenes Morale et religion (1925), La nature et l’esprit (1926), Nouvelles études d’histoire de la philoso­phie.

Boutroux dirigió la Fondation Thiers, presi­dió la Academia de Ciencias Morales y Filo­sóficas y, en 1914, ingresó en la Académie Française; por otra parte, la Universidad de Oxford le nombró doctor «honoris causa». Su pensamiento ejerció una influencia deci­siva en el desarrollo de la moderna filosofía francesa.

P. Fadda

Émile Bourgeois

Nació en París el 24 de julio de 1857, murió en Versalles el 24 de agos­to de 1934. Alumno de la École Normale Supérieure, obtuvo en 1880 la agregación en historia y en 1885 el doctorado en letras.

Su carrera, iniciada en el liceo de Angers, le llevó pronto a las Universidades de Caen y Lyon. De nuevo en la École Normale Su­périeure, como profesor, la abandonó pron­to por la cátedra de historia moderna y con­temporánea en la Sorbona.

En 1913-14 pu­blicó en colaboración con André un vasto repertorio: Les sources de l’histoire de France au XVII siècle, en dos volúmenes; y cuando terminó la guerra, en colabora­ción esta vez con Paget, Les origines et les responsabilités de la Grande Guerre.

Pero las obras más representativas son anteriores a éstas y revelan lo que constituyó la pecu­liaridad más ambiciosa de Bourgeois: esto es, la investigación, ilustración y «revelación» de documentos de archivo totalmente inéditos. Al período de la historia diplomática per­tenecen, entre otras: Le Capitulaire de Kiersy-sur-Oise (1885), Le secret du régent et la politique de l’abbé Dubois, 1716 -1718 (1909), Le secret des Farnese: Philippe V et la politique d’Alberoni (1909), Rome et Napoléon III (1907, en colaboración con su dis­cípulo E. Clermont), etc. Especialmente no­table, en fin, el Manual histórico de política extranjera (v.), que va de 1610 a 1919.

C. Falconi

Édouard Bourdet

Nació en Saint-Germain- en-Laye en 1887 y murió en París en 1945. Diose a conocer como dramaturgo en 1910 con una afortunada comedia ligera, Rubicon.

Su vivo e inmediato éxito no hizo perder, sin em­bargo, al joven autor el profundo y amar­go interés por la vida que habría de infor­mar luego toda su producción. Y así, indiferente a la celebridad mundana, guardó silencio por espacio de diez años: vivió y observó la vida ajena, en tanto la agudeza daba lugar en él a una angustiada ironía, dentro de la grave y desolada certeza del mal como inevitable condición humana y con arreglo a determinadas premisas socia­les de nuestro tiempo, que ve en el come­diógrafo a un moralista.

Con espíritu im­parcial de observador sagaz y de inexora­ble crítico, estudió el ambiente literario y mundano de la brillante burguesía francesa, que cínicamente aplaudía sus continuadas requisitorias (La prisionera, v.; Hyménée, Temps difficiles, Sexo débil, v.; Vient de paraître) en las que Bourdet descubre su pro­funda corrupción. Entre 1936 y 1940 fue administrador general de la Comédie Française. Algunas de sus obras han quedado de repertorio en esta institución.

G. Veronesi

Paul Bourget

Nació en Amiens el 2 de septiembre de 1852 y murió en París el 26 de diciembre de 1935. Fue hijo de una familia muy modesta, y, dejados los estudios de medicina para dedicarse a las letras, ejerció durante algún tiempo actividades docentes en una escuela particular.

Escribía ya deli­cadas poesías (Au bord de la mer, 1872; La vie inquiète, 1875; Édel, 1878; Les aveux, 1882) cuando sus primeras novelas, Cruelle énigme (1885), Un crime d’amour (1886), Mentiras (1887, v.) y André Comélis (1887, v.), le consagraron psicólogo de la alta bur­guesía.

El discípulo (1889, v.), que denun­ciaba en el diletantismo escéptico las con­secuencias más graves del positivismo, en cuya escuela habíase también formado el autor, suscitó duras polémicas entre los defensores de la libertad incondicional del espíritu.

Alcanzada la fama y académico de Francia a los cuarenta y dos años, Bourget am­plió su experiencia humana con largos via­jes, y enriqueció una producción literaria que hasta la vejez permaneció regularísima: Cosmopolis (1893), La etapa (1902, v.), en la que afirma su tradicionalismo conservador, Un divorcio (1904, v.), L’Émigré (1907) y El demonio del mediodía (1914, v.), que pone fin a lo mejor de su obra, en adelante llena de inquietudes no solamente morales, sino también sociales y religiosas (v. El sentido de la muerte, 1915) e inspirada por una tendencia didáctica más o menos transpa­rente y a veces pesada.

Próximo espiritual­mente al clima nacionalista de la Action Française, Bourget propugnaba un retomo a las seguras fuerzas del pasado. Vivió su prolon­gada vejez en París y en sus tierras de Provenza, siempre abierto a los jóvenes que acudían a su larga experiencia en busca de consejo o de una esperanza, y su vida su­peró el amplio éxito que acompañara a al­gunas de sus novelas, demasiado vinculadas a ciertos ideales de las generaciones inter­medias de la Tercera República.

Más que estas obras narrativas, en las que procuró, según los modelos de Constant y Stendhal, hallar de nuevo el profundo sentido del rea­lismo psicológico francés en oposición al fa­natismo documental de los naturalistas, pero sin que pudiera eludir el riesgo de ahogar la materia humana bajo el peso de las ideas, son recordados sus Ensayos de psicología contemporánea (1883, v.), a los que siguió la segunda serie Nouveaux essais de psy­chologie contemporaine (1885); inspirados en la fórmula de Taine, para quien la lite­ratura es una «psicología viviente», revelan, sobre todo el dedicado a Stendhal, un espí­ritu agudo, aun cuando no siempre original.

De temperamento enérgico, austero y ho­nesto, Bourget mereció ser apreciado como «bon ouvrier des lettres».

A. Bruzzi

Dominique Bouhours

Nació el 15 de ene­ro de 1628 en París, donde murió el 27 de mayo de 1702. Jesuita, enseñó gramática y retó­rica, fue preceptor en casa del duque de Longueville y capellán de guarnición en Dunkerque (1662).

Llamado a París en 1666 para la educación del hijo mayor de Colbert, manifestó sus inclinaciones mundanas, que le atrajeron los reproches de Port-Ro­yal. Conoció a Boileau, Racine y La Bru­yère, publicó Entretiens d’Ariste et d’Eu­gène (1671) y La manera de bien pensar en las obras del ingenio (1687, v.), sostuvo muchas polémicas literarias, y, en conjunto, fue hombre de copiosas lecturas, dilatadas y frecuentes conversaciones y pluma fácil y abundante.

S. Morando