Nació en Saint-Germain- en-Laye en 1887 y murió en París en 1945. Diose a conocer como dramaturgo en 1910 con una afortunada comedia ligera, Rubicon.
Su vivo e inmediato éxito no hizo perder, sin embargo, al joven autor el profundo y amargo interés por la vida que habría de informar luego toda su producción. Y así, indiferente a la celebridad mundana, guardó silencio por espacio de diez años: vivió y observó la vida ajena, en tanto la agudeza daba lugar en él a una angustiada ironía, dentro de la grave y desolada certeza del mal como inevitable condición humana y con arreglo a determinadas premisas sociales de nuestro tiempo, que ve en el comediógrafo a un moralista.
Con espíritu imparcial de observador sagaz y de inexorable crítico, estudió el ambiente literario y mundano de la brillante burguesía francesa, que cínicamente aplaudía sus continuadas requisitorias (La prisionera, v.; Hyménée, Temps difficiles, Sexo débil, v.; Vient de paraître) en las que Bourdet descubre su profunda corrupción. Entre 1936 y 1940 fue administrador general de la Comédie Française. Algunas de sus obras han quedado de repertorio en esta institución.
G. Veronesi

