Carlos Arniches

Autor dramático es­pañol. N. en Alicante en 1866, m. en Ma­drid en 1943. Pasó parte de su juventud en Barcelona, donde fue redactor de La Van­guardia. Trasladado a Madrid, encontró allí un protector en el músico Ruperto Chapí, autor de numerosas partituras del «género chico» y hombre popularísimo.

Con su ayu­da, Arniches logró entrar en el mundo teatral ma­drileño. Antes había colaborado en diver­sas publicaciones; pero su verdadera voca­ción era el teatro. Su primera producción consiste en sainetes y libretos para algunas zarzuelas de fines del siglo XIX y princi­pios del XX en colaboración con Cantó, García Álvarez, Fernández Shaw y otros.

Sus grandes éxitos los alcanzó en el sainete, con música o sin ella, género en el que no tuvo rival durante un largo período: pronto fue considerado como el mejor intérprete de la vida anecdótica del pueblo madrileño. Entre sus sainetes más logrados figuran: El santo de la Isidra (v.), El amigo Melquía­des (v.), Don Quintín el amargao (v.), etc.

Pero también se demostró capaz de compo­ner divertidas farsas y comedias grotescas, como La señorita de Trévelez, Es mi hom­bre (v.), ¡Que viene mi marido!, La tra­gedia del pélele, El tío Miserias, etc. Su producción comprende unas 270 obras escé­nicas estrenadas a lo largo de un período de más de cuarenta años, que va de Los aparecidos (1892) a Don Verdades, termi­nada el día antes de su muerte repentina, ocurrida en 1943.

Obra tan vasta es natural­mente muy desigual, pero en toda ella se revela una vena cómica auténtica, sobre todo en la descripción de costumbres y en la pintura de los tipos castizos de los ba­rrios del Madrid de fin de siglo. El len­guaje de Arniches es fluido y pintoresco y en él abunda el chiste rápido y fresco, el retrué­cano, la frase de argot; a menudo las situa­ciones lindan con la astracanada, pero siem­pre hay en su humor un fondo genuino, de observación atenta del ambiente.

En las situaciones dramáticas, en cambio, cae a menudo en la nota sensiblera. Con todo, no puede negarse que Arniches ha sido un extraordi­nario exponente del casticismo madrileño, del cual supo recoger modos y estilos al par que lo enriqueció con aportaciones perso­nales que tienden a su estilización y no po­cas veces a su caricatura.

Arnaut de Maroill

Nacido en Marcuil, en la provincia de Dordoña, en la segunda mi­tad del siglo XII; m. antes de 1205.

Arnaut el Menor, como suele llamársele para dis­tinguirlo de Daniel, el Mayor, vivió gravi­tando en las órbitas de las cortes de Cata­luña y Montpellier, y quizá, como afirma su anónimo biógrafo, también en la de Béziers.

Nos ha dejado lo mejor de su obra poética entre 1170 y 1200, y está compuesta de cinco epístolas (poemitas de breve alien­to) y dos pequeños poemas- didácticos, los «ensenhamens», en los que encontramos de nuevo las habituales fórmulas trovadores­cas, expresadas, sin embargo, en un tono tan refinado y delicado que permiten dar al trovador la palma de la elegancia (v. Can­ciones).

Arnaut introdujo, quizá por primera vez, en la literatura de Provenza la epístola amo­rosa y fue también el iniciador del género didáctico, muy difundido más tarde en la tradición trovadoresca: su ideal parece ha­ber consistido en ofrecer a la sociedad aris­tocrática la manera de comportarse en el mundo para tener buena fama.

G. R. Sarolli

Ernst Moritz Arndt

Nacido en Schoritz, junto a Garz, en la isla de Rugen, que per­tenecía entonces a Suecia, el 26 de diciem­bre de 1769; m. en Bonn el 28 de enero de 1860.

Recibió su primera educación de su padre, en el seno de una familia dirigida de un modo patriarcal, y se encaminó pri­mero a la Universidad de Greifswald, don­de estudió teología e historia, y después a la de Jena, donde amplió e intensificó su cultura gracias a sus contactos con la filo­sofía kantiana.

Años de vagabundeo lo con­dujeron a alemania, a Italia, a Hungría y a Francia. De ellos escribió en sus Reisen durch einen Theil Teutschlands, Ungams, Italiens, und Frankreichs in den Jahren 1798-99. En 1800 la Universidad de Greifs­wald le permitió la realización de un curso libre de historia de la filosofía y, tras una breve estancia en Suecia, obtuvo el nombra-‘ miento de profesor efectivo en 1805.

En 1807 publicó Espíritu del tiempo (v.), una obra en la que, dejando aparte su juvenil entu­siasmo por Napoleón, expresó juicios e ideas que le atrajeron la ira del emperador. Para evitar mayores males, huyó a Estocolmo, desde donde, en 1813, volvió a alemania para participar más de cerca y de un modo más activo en el movimiento de liberación del país del dominio francés.

A ello había tendido desde 1808 publicando su revista mensual Der Nordische Kontrolleur; pero ahora su actividad se hizo más directa y concreta, superó —cediendo a su deseo de unidad— su frialdad con respecto a Prusia y Berlín, criticados fuertemente por él por­que los encontraba muy impregnados toda­vía de la tradición de Federico el Grande; se puso en contacto en todas partes con los patriotas que se mostraban más dispuestos a la acción directa en Prusia.

Después de haber permanecido un año en Petrogrado como secretario particular de Von Stein, también éste uno de los más ardientes espí­ritus del movimiento antinapoleónico, pu­blicó en el año 1813 sus Poesías (v.), que constituyeron un canto belicoso y un pro­grama que inflamó el ánimo de los comba­tientes. Al mismo tiempo publicaba una re­vista, Der Wächter, que participaba en la batalla de las ideas dirigida contra Napo­león.

En 1818 fue nombrado profesor de Historia en la nueva Universidad prusiana de Bonn; pero hubo de abandonar bien pronto la enseñanza, acusado de ideas libe­rales, y hasta 1840 no le permitió el rey Federico Guillermo IV reintegrarse a su cátedra. En 1848 fue elegido miembro del primer Parlamento alemán y formó parte de la Comisión encargada de ofrecer al rey de Prusia, Federico Guillermo IV, la corona imperial, corona que éste rechazó porque no le había sido ofrecido por sus pares, sobe­ranos como él, sino por una representación popular.

Desilusionado ante el fracaso de la idea liberal en alemania, A. se retiró a la vida privada. Sus memorias están consig­nadas en una obra autobiográfica: Erinne­rungen aus dem äusseren Leben (1840).

G. V. Amoretti

Antoine Arnauld

Nacido en París el 6 de febrero de 1612, m. en Bruselas en 1694. Fue uno de los veinte hijos del abogado Antoine Arnauld, cuya familia dio a Port-Royal doce monjas y seis «solitarios».

Sufrió la influencia profunda del abate de Saint- Cyran; y, ordenado sacerdote en 1641: después de haber trocado los estudios de dere­cho por los de teología, orientó toda su vida a la defensa del jansenismo y a la lucha contra los jesuitas.

Después de la condena del Augustinus (1642), escribió, durante las largas luchas que siguieron, el tratado De la comunión frecuente (1643, v.), sobre la cual había discutido con Saint-Cyran, soste­niendo el principio de la interioridad de la religión; en 1655, en la Carta a un duque y a pares rechazó que se encontraran en Jansenio las cinco proposiciones condenadas por el papa Inocencio X y en la bula de 1653, declarando al mismo tiempo que los Evangelios y los Padres muestran que San Pedro fue un justo al que le faltaba la gra­cia, y fue condenado a ser expulsado de la Sorbona.

En defensa propia y de la causa, Pascal escribió las Cartas del Provincial (v.), para las cuales allegaron argumentos el mismo Arnauld y Niccole. Considerado autor de las mismas, hubo de esconderse para elu­dir la detención; ñero continuó dirigiendo la resistencia de Port-Royal.

De Pascal lo separa la divergencia acerca de la firma del «formulario» (1661); continuó valiéndose de la colaboración de Niccole, que lo acompañó durante más de veinte años en sus escon­dites: con él escribió la Lógica de Port- Royal (1662, v.) y la Gramática general y razonada (1684, v.), y más tarde, después de que la «paz de la Iglesia» (1668) detu­viera durante diez años la persecución y lo devolviera a la gracia del papa y de Luis XIV, La perpetuidad de la fe, en tres volúmenes (1669, 1672, 1676), contra los cal­vinistas.

Separado también de Niccole, y habiendo reanudado las hostilidades, hubo de refugiarse en Flandes, y más tarde en Bruselas (1679), donde permaneció hasta su muerte, excepto una estancia en Holanda, y continuó escribiendo sobre teología (más de 40 tratados), moderando su agustinismo excesivo con un acercamiento al tomismo.

V. E. Alfieri

Arnau de Vilanova

Médico, astrólogo, alquimista y escritor catalán n. en Valencia (o en su diócesis) en 1238 y m. en 1311. Inició sus estudios de medicina con los do­minicos en Valencia, desde donde pasó a Montpellier y más tarde a Nápoles.

Fue pro­fesor de medicina en Barcelona y en Mont­pellier y médico de Pedro III de Aragón, de Jaime II de Aragón y de Bonifacio III. Influido por las ideas escatológicas de Gioacchino da Fiore, llevó a cabo una intensa campaña expositiva de su creencia en la inminente venida del Anticristo y de sus proyectos de reforma de la Cristiandad.

Hallándose en París como embajador del rey de Aragón, la Sorbona le condenó por haber sostenido algunas proposiciones heré­ticas sobre el fin de los tiempos. Aquélla fue para Arnau una etapa de persecuciones. Mientras, cada vez era mayor su fama.

Se le atribuye el descubrimiento de los ácidos sulfúrico, clorhídrico y nítrico y la extrac­ción del alcohol del vino. Escribió sobre medicina, astrología, alquimia y teología en latín, en árabe, en griego y en catalán.

Bajo el título de Obras (v.) fue impresa varias veces en el siglo XVI en Lyon y en Basilea una colección de obras médicas y cien­tíficas de Arnau. Entró en la orden del Císter, y después fundó una secta, por la que fue excomulgado por el arzobispo de Tarra­gona, y perseguido; tuvo que refugiarse en la corte de Federico II, en Palermo.

Lla­mado a Aviñón en 1313 para asistir al papa Clemente V, amigo y simpatizante de Arnau, pereció durante la travesía. Muerto ya el papa Clemente V, cinco años después del fallecimiento de Arnau , sus enemigos lograron que una reunión de teólogos en Tarragona condenara catorce tesis suyas y todos sus escritos de carácter espiritual.