Miguel Angel Asturias

Escritor gua­temalteco n. en la ciudad de Guatemala en 1899. Estudiante de Derecho en la Sorbona, inició en París la investigación de las viejas culturas americanas, orientación que había de reflejarse después en buena parte de su obra.

Sus Leyendas de Guate­mala (1930), traducidas al francés por Francis de Miomandre y galardonadas con el «Premio Silla Monsegur», son buen ejemplo de esta vocación de Asturias, reiterada en su tra­ducción al español de las versiones fran­cesas del Popol Vuh y de los Anales de las Xahil.

Pero su lugar señero en la novelís­tica hispanoamericana lo debe a El señor Presidente (1947), extraordinaria narración llena de nervio y originalidad, aun cuando el tema en sí de la novela no tenga nada de original.

Se trata de una tiranía centro­americana, no es necesario decir cuál, pues el cuadro vivido, aterrador, la cruda denun­cia de unas lacras bien reales, puede des­graciadamente hallar fácil acomodo geográ­fico.

La novela es amarga y sobre el cuadro nauseabundo de intrigas, despotismo, culto al alcohol y a la barbarie emerge el talento del novelista, que maneja un lenguaje recio, vigoroso, cuajado de metáforas y rico de palabras.

Gabriela Mistral dijo de El señor Presidente: «Yo no sé de dónde sale esta novela única, escrita con la facilidad del aliento y del andar de la sangre por el cuerpo». Debemos además a Asturias otras nota­bles narraciones; Rayito de estrella; Hom­bres de maíz; Sien de alondra (poesías, 1949) y las tres novelas publicadas en los últimos años: Viento fuerte, El papa verde y Los ojos de los enterrados, en las que se advierte como lo novelesco puro cede ante lo sociológico.

A. Ramos

Adam Asnyk

Nacido en Kalisz el 11 de sep­tiembre de 1838, m. en Cracovia el 2 de agosto de 1897. De familia acomodada, culta y patriótica (su padre, sublevado en 1831, fue desterrado después de la revolución), Asnyk estudió en su patria agricultura y medi­cina; pero vivió sobre todo la pasión de su pueblo, trabajando en los comités clandes­tinos que preparaban la insurrección de 1863.

Formó parte del gobierno provisional y hubo, por lo tanto, de desterrarse cuando fracasó la insurrección, primero a Holanda, después a Suiza y a Italia, donde aprendió el italiano, hasta el punto de traducir per­fectamente el canto III del Infierno.

En Dante se inspiró en el poema Sueño de las tumbas [Sen Grobow]; especialmente en sus Cantos de viaje [Podroni] nos ha deja­do preciosas impresiones de su estancia en Italia. Vuelto a su patria, tuvo un amor infeliz, que se reflejó en la tristeza y en el pesimismo de sus escritos. Sin embargo, se casó unos años después. Habiendo enviu­dado al cabo de un año, se marchó a vivir a los Tatra, a Zakopane; y los Tatra fueron para él fuente de inspiración (En los Tatra; Sobre los abismos, v.).

Asnyk fue elegido para el Sejm de Galitzia como liberal-demócrata y fundó la «Sociedad de la Escuela Popular», que había de contribuir eficazmente a la elevación de las clases humildes de Polo­nia. Murió a consecuencia de una fiebre tifoidea contraída en Nápoles a su regreso de un viaje a Oriente.

M. Bersano Begey

Miguel Asín Palacios

Erudito sacer­dote y arabista español n. en Zaragoza en 1871 y m. en San Sebastián en 1944. Catedrático de árabe en la Univérsidad de Madrid (1903), miembro de las Academias de Ciencias Morales y Políticas (1914), de la Lengua (1919) y de la Historia (1924).

Al morir era director de la Real Academia Es­pañola. Dedicó toda su vida a la investiga­ción de las relaciones existentes entre la cultura hispano-musulmana y la cristiana medieval, demostrando la influencia de la filosofía y teología árabes sobre la escolás­tica del s. XIII y sobre R. Llull y Dante.

A este respecto, su obra La escatalogía mu­sulmana en la «Divina Comedia» (1919) ob­tuvo una resonancia enorme (v. Escala de Mahoma). Es autor de numerosas monogra­fías sobre Avempace, Abentofail, Algacel, Abenmasarra, Turmeda y otros. Sus últimas obras son: Contribución a la toponimia ára­be de España (1940) y Glosario de voces romances registradas por un botánico anó­nimo hispanomusulmán (1943).

Antón Aškerc

Nacido en Globoko, Estiria, el 9 de enero de 1856, m. en Liubliana el 10 de junio de 1912, fue el más grande poeta épico y el más discutido representante de la dirección racionalista del final del si­glo XIX esloveno. Realizó los primeros estu­dios junto a Rimske Toplice y asistió al Ins­tituto desde 1869 a 1877, en Celje.

Habiendo entrado en el seminario de Maribor, estudió teología y fue ordenado sacerdote el 22 de julio de 1880. Se dio a conocer entonces como poeta en la revista Zvon [La cam­pana], de J. Stritar.

La actividad literaria comenzó a aventajar a la religiosa. Aškerc fue trasladado de parroquia en parroquia, bajo el estímulo de lecturas cada vez más atre­vidas y’ de meditaciones sobre temas filosó­ficos y sociales. La evolución de su espíritu encontraba fiel expresión en sus poesías, que suministraban claros elementos de acusa­ción a las autoridades eclesiásticas.

Las Ba­ladas y romanzas (v.) aparecieron en 1890 y las Poesías épicas y líricas [Lirske in epske poezije] seis años después. El hom­bre y el poeta se encontraban ahora en fran­co conflicto con el sacerdote. Aškerc se decidió, al fin, a dar el gran paso y «colgó» los há­bitos.

Inmediatamente su nombre se con­virtió en una bandera del movimiento local de los librepensadores. Uno de éstos, el «zupan» de Liubliana Ivan Hribar, acudió en su ayuda y le proporcionó (1895) un pues­to de archivero.

Aškerc se consagró entonces por entero a la literatura. Entre 1899 y 1903 dirigió el Ljublianski Zvon. En 1900 se pu­blicaron sus Nuevas Poesías [Nove Poezije] y Tres estudios dramáticos [Tri dramaticne studije]. Una Cuarta antología poética [Cetvrti zbomik poezije] apareció en 1904 y una Quinta antología poética [Pesnitve peti zbomik] en 1910.

Otras obras dramáti­cas, épicas, líricas y críticas vieron la luz en el primer decenio del siglo. En sus últi­mos años, su obra, ya criticada acerbamente por las revistas católicas, se convirtió tam­bién en objeto de ataques e ironías por parte de la joven generación, que buscaba nuevos caminos poéticos, menos impetuosos y retó­ricos y de forma mucho más ceñida.

Entris­tecido y desanimado, Aškerc pidió, en 1910, el retiro. Murió en un hospital de Liubliana poco después de haber dejado su cargo de archivero.

K. Picchio

Roger Ascham

Nacido en Kirby Wiske (Yorkshire) en 1515, m. el 23 de diciembre de 1568, estudió en Cambridge, dedicándose especialmente al griego y al latín, que más tarde enseñó.

Viajó por el continente en calidad de secretario de sir Richard Moryson, embajador cerca de Carlos V, en 1550-53, y publicó una relación sobre las circunstancias políticas de alemania. Es el educador más famoso de su época y se le atribuye el vigoroso desarrollo de la peda­gogía inglesa en ese tiempo.

Fue también preceptor de la futura reina Isabel, enton­ces de quince años de edad, y secretario latino de María Tudor y de Eduardo VI. La reina María le permitió, por concesión es­pecial, que siguiera la práctica del protes­tantismo. Influenciado por la cultura ita­liana de su tiempo, supo, sin embargo, ver sus peligros.

Sus obras, aparecidas como coronación de su actividad de pedagogo y dedicadas a la instrucción de la juventud, son particularmente significativas por su estilo elegante y refinado, que se sometía técnicamente al de los clásicos latinos, es­pecialmente a Cicerón y a Séneca.

Su pri­mer libro, que le proporcionó una pensión de Enrique VIII, el Toxophilus (v.), es un tratado sobre el tiro al arco como ejercicio físico y práctica militar, en tanto que el otro libro, publicado después de su muerte, en 1570, El maestro (v.), es un breve mé­todo para la enseñanza del latín, destinado a los maestros.

M. Colombi Guidotti