Luigi Galvani

Nació en Bolonia el 9 de septiembre de 1737, murió en la misma ciudad el 4 de diciembre de 1798. Estudió al principio Teología, pero trocó más tarde estos estudios por los de Anatomía y Fisiología. En 1759 se licenció en Medicina; en 1762 obtuvo la cátedra de Anatomía; en 1763 fue nombrado profesor honorario de operacio­nes quirúrgicas y titular de Anatomía.

En 1780 inició sus experiencias sobre la elec­tricidad en las ranas. Ya antes, en 1714, Réaumur había notado que el pez torpedo era capaz de sacudidas bruscas y violentas; pero creía que se trataba de un fenómeno puramente mecánico, debido a las contracciones musculares. Posteriormente, el estu­dio de los condensadores impulsó a los cien­tíficos a formular la hipótesis de que se trataba de auténticas descargas eléctricas. El anatomista inglés Hunter disecó un pez torpedo y encontró en él un órgano com­plejo productor de electricidad. Sobre la base de estas experiencias, formuló G. su teoría sobre la naturaleza eléctrica del fluido nervioso, doctrina con la que se inicia la moderna electrofisiología, importante rama de la teoría general referente a la física de la vida. En 1790 realizó la famosa experiencia sobre las ranas: colgó algunas ranas en su balcón, a la espera de una tempes­tad; el gancho metálico que atravesaba la médula espinal de una rana, tocando el hie­rro del balcón, venía a formar un circuito cerrado (médula espinal-gancho-balcón), e inmediatamente, a pesar de la ausencia de electricidad en el ambiente, el animal fue presa de bruscas convulsiones, que se repro­ducían a cada nuevo contacto.

Creyó G. así haber encontrado electricidad animal: el cerebro — según él — era su órgano gene­rador, los nervios ejercían la función de conductores y los músculos, en fin, la de condensadores dispuestos a la descarga para provocar la contracción. La teoría de G. tuvo un éxito efímero, ya que pronto fue abandonada, porque un antiguo discípulo suyo, Volta, dio la justa explicación del fenómeno: consiguió demostrar que las con­tracciones de la rana eran producidas no por la misma rana, sino por el contacto de dos metales diferentes. Era, por lo tanto, posible obtener electricidad sin las ranas, estableciendo un contacto entre metales dis­tintos. Volta tomó discos hechos de dos me­tales diversos y los unió alternativamente, uno a otro, separando cada pareja me­diante una tela impregnada de una solución alcalina muy concentrada: tocando las ex­tremidades de esta serie de discos (pila), obtuvo el mismo efecto que se producía en las ranas.

La polémica de Volta con G. había llevado así al primero a inventar la pila. ¿Se había equivocado por ello G.? Sí, en lo relativo al experimento particular de las ranas; no, en cuanto concernía a la te­sis general acerca del carácter eléctrico de ciertos fenómenos de la vida (actividad del sistema nervioso y de la superficie cerebral; experiencias muy cuidadosas demuestran que también las células son sede de fenó­menos eléctricos; con oscilógrafos asociados a amplificadores se llega a registrar la dife­rencia de potencial entre dos puntos de la corteza cerebral del orden de un milloné­simo de volt.). Proclamada la República Cisalpina en 1797, G. se negó a prestar ju­ramento a los nuevos gobernantes y fue privado de su cargo y de sus ingresos Sus escritos principales son: Las fuerzas eléc­tricas en el movimiento muscular (1791, v.); Lettera al sig. prof. Bassano Carminato sulla sede dell’animale elettricità (1792); Dell’uso e dell’attività dell’arco conduttore nella con­trazione dei muscoli (1794); Cartas a Spal­lanzani (1797, v.). Numerosos fenómenos y procedimientos técnicos han sido denomi­nados con el prefijo «galvani» en honor suyo. En 1937 fue publicado el diario de sus experiencias sobre peces torpedos (v. Libro de notas).

F. Albérgamo

Gaio (o Gayo).

Jurista romano del si­glo II. Sólo sabemos de su vida lo que se puede conjeturar leyendo su obra. Nació, al parecer, en tiempos de Adriano y terminó sus Instituciones (v.) después de la muerte de Antonino Pío. Con toda probabilidad, era originario de una provincia oriental del Imperio y de formación griega; pero no puede excluirse que hubiera enseñado De­recho en Roma.

No debió gozar de mucha notoriedad en su época; la verdad es que ninguno de los grandes juristas clásicos, que suelen citar a sus predecesores, aluden a él, y sólo Justiniano le llama «Gaius noster». Sus escritos comienzan a tener amplia difusión en el siglo III, y más tarde en el IV; su nombre aparece por primera vez en un texto no jurídico (Serbio, Georg. III, 306), en el siglo IV; finalmente, la llamada «Ley de las citaciones» del 426 consagra su nombre oficialmente, incluyéndolo entre los cinco juristas cuyos escritos podían ser to­mados en cuenta por el tribunal. La fama de Gaio se debe ante todo a las Instituciones. Otra obra célebre atribuida por el Digesto a Gaio la constituyen los siete libros Rerum cotidianarum (sive aureorum), que la crí­tica moderna tiende a considerar como una compilación postclásica.

No puede ser discu­tida, por el contrario, la paternidad de otras numerosas obras, también utilizadas en el Digesto: seis libros XII Tabularum (único comentario a tales leyes hecho por un ju­rista posterior a Augusto), un comentario al Edictum praetoris urbani, 30 libros Ad edictum provinciale, 15 libros Ad legem luliam et Papiam, un libro Ad legem Glitiam, un libro De formula hypothecaria, 3 libros De manumissionibus, 3 libros Re­gular um, 3 libros De verborum obligationibus, 3 libros De fideicommissis, un libro Ad S. C. Orfitianum. Las Instituciones citan también un comentario Ex Quinto Mucio. Todas estas obras tienen carácter teórico y didáctico; sólo el libro De casibus desarro­llaba discusiones sobre casos prácticos, se­gún un método que lo emparenta con los grandes juristas clásicos.

G. Pugliese

Abellino, el Gran Bandido, Heinrich Zschokke

[Abállino, der grosse Bandit]. Novela de Heinrich Zschokke (1771-1848), publicada en 1793, y que alcanzó pronto gran popu­laridad. Flodoardo Mocenigo, noble vene­ciano regresado de un destierro en Floren­cia, se transforma por amor a Venecia y a Rosamunda, sobrina del dux Gritti, y para descubrir una conjuración que había de de­rrocar el trono del dux, en el muy temido bandido Abellino, de quien sin embargo se descubre al fin que sólo fingió perpetrar los más horrendos crímenes. La acción se des­arrolla entre tonos sombríos y centelleos de puñales, hasta que todo se aclara en el fi­nal moralísimo: los infames son castigados y el noble Flodoardo, que los ha desen­mascarado, recibe en premio la mano de la fiel y amada Rosamunda. En 1795 la novela fue adaptada como tragedia y se ocupó de la representación escénica en el Teatro de Weimar, el propio Goethe: después de lo cual, y durante muchos años, continuó su éxito en los escenarios alemanes.

G. Federici Ajroldi

La Abeja, Oliver Goldsmith

[The Be]. Semanario de ensayos, crítica de teatro, etc., fundado y redactado en el 1759 por Oliver Goldsmith (1728-1774). Se publicó durante dos meses; en él aparecieron algunas de las más nota­bles poesías de Goldsmith, por ejemplo, Nocturno ciudadano [A City Night-Piece). Aunque sólo llegaron a publicarse ocho nú­meros de este semanario, los artículos que en él publicó Goldsmith fueron muy bus­cados, y se reimprimieron más tarde. Con más dulzura y bondad que los «filósofos» franceses, Goldsmith hizo en Inglaterra la misma crítica de las costumbres y de las ideas que Voltaire y Rousseau habían em­pezado a realizar en Francia.

M. Praz

Sonatas de Bach

Johann Sebastian Bach (1685-1750) dio el nombre de Sonatas a diversas piezas instrumentales que guar­dan una relación con la «suite» de danzas.

1.° Las Sonatas para clavicordio, en nú­mero de siete, son obras de juventud es­critas en un estilo que recuerda las sonatas italianas del siglo XVII. La Sonata en «re mayor» es una refundición e imitación de una sonata de Kunhau; la Sonata en «re menor» toma de nuevo las grandes direc­trices de una composición anterior para violín solo; las Sonatas en «la menor» y «do menor», de más amplias proporciones, son con toda probabilidad transcripciones de sonatas para órgano que se han perdi­do;

2.° Seis Sonatas para órgano que nos han quedado. Son fundamentalmente obras didácticas destinadas a familiarizar a los aprendices organistas con la técnica del instrumento. Bach las subtituló: Sonatas para clavicordio con dos claviers con pedal, lo que justifica su frecuente aparición en los programas de recitales de clavicordio;

3.° De las seis Sonatas para violín sólo tres han sido igualmente publicadas bajo el tí­tulo de Partita. Bach ha sumado en ellas todas las dificultades que debe vencer un violinista para dominar por completo la técnica del instrumento. La segunda Sonata en «la menor» da comienzo con un «Grave» enriquecido de numerosos ornamentos; la «Fuga» que sigue, compuesta a dobles cuer­das, es por el contrario de un absoluto rigor de estilo; el «Andante» es una obra maestra de la polifonía y el virtuoso debe hacer oír a la vez el canto y el acompaña­miento; el «Final», monódico, se relaciona con un movimiento perpetuo. Entre las So­natas igualmente conocidas con el nombre de Partitas (v.), es preciso señalar la Par- tita en «re menor», cuya «chacona» es cé­lebre, y la Partita en «mi mayor» que se refiere exclusivamente al ritmo de danzas francesas;

4.° Las tres Sonatas para clavi­cordio y violín han sido transcritas ente­ramente para flauta; el clavicordio juega aquí un simple papel de acompañamiento, no teniendo el virtuoso en su partitura más que un bajo cifrado. Existen también seis Sonatas para violín y clavicordio obligado. La más célebre, en «sol menor», había sido escrita originariamente para flauta, clavi­cordio y viola de gamba, no haciendo la viola de gamba otra cosa que doblar el bajo del clavicordio. Comprende tres movi­mientos: «Allegro», «Adagio» y «Allegro», lo que la hace muy próxima a la sonata clásica nacida de la «Suite».

5.° Citaremos igualmente tres Sonatas para clavicordio y viola de gamba, de las cuales la Sonata en «sol mayor» había sido transcrita por su autor de una obra anterior para dos flau­tas, clavicordio y viola de gamba. El mo­delo es el de una sonata de iglesia con su «Allegro» encuadrado entre dos «Adagios»;

6.° Finalmente señalaremos la Sonata para flauta, viola de gamba y clavicordio, en «mi mayor», igualmente construida sobre el plan de la sonata de iglesia, cuyo «Alle­gro» en forma de «Siciliana» utiliza el ar­tificio de la ornamentación al modo italiano.