Por quién doblan las campanas, E. Hemingway

Mientras en España causa estragos la guerra civil, Robert Jordán, un joven profesor ameri­cano, se enrola como voluntario en el ejército republica­no. Enviado detrás de las líneas franquistas, se reúne con una partida de guerrilleros, con el encargo de llevar a cabo la voladura de un puente de importancia estratégi­ca.

Después del hundimiento moral de Pablo, el coman­dante nominal, se convierte en jefe del grupo Pilar, una valerosa campesina: en el grupo está también María, una muchacha de diecinueve años brutalmente violada por los fascistas que fue salvada por Pilar. Jordán y María se enamoran a la primera mirada: pero los acontecimientos se precipitan, y el desastre pende de un hilo. Los fran­quistas atacan un cercano puesto avanzado guerrillero y lo aniquilan.

Pronto le tocará el turno al grupo de Pilar, pero Jordán, aunque consciente de la inutilidad de su mi­sión, hace saltar igualmente el puente por los aires. Cuan­do está a punto de reunirse con sus compañeros, es he­rido en una pierna: se queda solo en la colina esperando al enemigo y a la muerte.

Adiós a las armas, Ernes Hemingway

(1929) novela de E. Hemingway

Año 1917: el americano Frederick Henry, voluntario en la sección sanitaria del ejército italiano como conductor de una ambulancia, se enamora de Catherine Barkley, una enfermera inglesa que lo corresponde.

Frederick es herido: Catherine se reúne con él en Milán para curarlo y pasan juntos en la ciudad el período de convalecencia. Es un verano feliz que se ve apenas rozado por un pre­sagio de muerte. Cuando llega el otoño Catherine le revela a Frederick que está embarazada.

Éste tiene que regresar al frente y se ve envuelto en la retirada de Caporetto. Deserta y, tras reunirse con Catherine en Stre- sa, decide buscar refugio con ella en Suiza para dedicar­se únicamente a su amor. Pero Catherine muere en el par­to junto con el niño.

Caballería roja, I. Bábel

Como in­tegrante del ejército de infantería soviética del general Budionny que combatió en el frente polaco en 1920, el autor narra en primera persona una serie de episodios de los cuales fue testigo. Incapaz de violencia y ob­jeto de las burlas de sus camaradas a causa de su inex­periencia, Bábel describe episodios terribles de masacres, de hijos que fusilan a sus padres contrarrevolucionarios y de cosacos que por aburrimiento cortan la cabeza a vie­jos judíos.

Sus protagonistas son los cosacos del ejérci­to, tanto generales como soldados rasos, y sus caballos, queridos como a verdaderos compañeros de lucha, res­petados y defendidos de todo maltrato.

Junto a ellos los enemigos, los vencidos, para quienes el autor tiene pala­bras de compasión y de conmovedora poesía: Apolek, el herético y místico pintor que retrata a los aldeanos bajo la efigie de los santos, el músico ciego Gottfried, el cha­marilero judío Gedali, que ve en la revolución una obra buena en cuanto que castiga a los perseguidores polacos.

El tono narrativo, con ser lento y distanciado, alcanza a menudo grandeza y fuerza épica.

Enc. Garzanti.

Las Aventuras del valeroso soldado Schwejk, Jaroslav Hašek

Inconclusa por la muerte de su autor, narra las aventuras del soldado raso Schwejk, un bohemio enrolado en las filas del ejército austro-húngaro al estallar la guerra mundial.

Cándido, imperturbable y en modo alguno belicoso, Schwejk, des­de el momento en que se ve alejado de la familiar taber­na del Cáliz y de su comercio de perros, hasta cuando pierde y reencuentra por enésima vez a su compañía, no hace sino poner en aprietos y enloquecer de rabia impo­tente a sus superiores.

Convertido, tras los primeros de­sastrosos contactos con la burocracia y la disciplina mi­litares, en asistente del teniente Lukasch, lo sume en la desesperación buscándose contratiempos inauditos, a los que hace frente con implacable realismo e invencible se­renidad.

En una serie de ejemplares aventuras, Schwejk pone de manifiesto el ridículo profundo de la lógica que gobierna la organización militar y las empresas bé­licas.

El deber (Ludwig Winder)

El deber, de Ludwig Wider

El deber, de Ludwig Wider

Estamos en este caso ante una de esas novelas en las que la fecha de publicación es absolutamente crucial: la novela se publicó durante la guerra mundial, y la escribió un judío opositor al nazismo, desde Londres.

En ese sentido, a pesar de la calidad de la obra, indudable en el primer tercio y muy dudosa a partir de ahí, no cabe esperar objetividad alguna en la historia que se cuenta, tocada por el dedo de la propaganda de guerra.

La tesis de partida es excelente: un tranquilo funcionario de ferrocarriles salvó la vida muchos atrás a un importante personaje local. Esta persona, que apoya a los nazis, cree que es el momento de devolver el favor a su salvador y le ofrece protección durante la ocupación alemana de Chyecoslovaquia al tiempo que le ofrece un meteórico ascenso en su carrera profesional… pero colaborando también con los nazis.

A partir de se momento, la repugnancia que siente el funcionario de ferrocarriles por colaborar con los ocupantes se va mezclando poco a poco con la represión y con operaciones de sabotaje de los trenes para luchar con el nazismo y por la independencia del país.

La primera parte, como digo, cuajada de dudas morales sobre lo que se puede aceptar y lo que no, y sobre la motivaciones de quien le quiere devolver el favor, es excelente. Después de eso, la trama negra de la resistencia es verdaderamente deplorable, con ideas flojísimas, tópicos tremendos y muy poco efectivos en nuestros días, tonterías injustificables en el desarrollo de los hechos y, eso sí, una ambientación del miedo y de la represión muy bien conseguidas y probablemente muy veraces.

A lo pesar de lo que diga la contraportada del libro sobre la recuperación de la obra de Winder, parece evidente que es un autor olvidado con  muy buenos motivos.