EL SEÑOR DE LAS ISLAS (Wal­ter Scott)

[The Lord of the Isles].

Poema en seis cantos de Wal­ter Scott (1771-1832), publicado en 1815.

Sigue la tradición y la historia con más fidelidad que los demás poemas de Scott; Barbour y Hailes son las fuentes de la pintoresca narración de la vuelta de Ro­berto Bruce a Escocia en 1307, y de sus lu­chas con los ingleses que culminaron en la batalla de Bannockburn; la parte nove­lesca trata de los amores de Edith de Lom con lord Ronald, el señor de las Islas; Edith, disfrazada de paje, sigue a Bruce y a Ronald y, con su devoción, se gana el corazón del amado.

Las descripciones del paisaje de Escocia occidental y de las islas, sobre todo de Skye, superan en vigor a las de la Dama del Lago (v.); y la pintura de los caracteres de los barones y jefes esco­ceses, la complejidad de la intriga y el dramatismo del desarrollo, anuncian clara­mente al genio que al poco tiempo dará al mundo la novela histórica. [Trad. española anónima con el título El lord de las Islas (Madrid. 1830)].

EL PODER NARRATIVO DEL MONTAJE

*
Parte de guerra
Edlef Köppen
Traducción de Rosa Pilar Blanco
Sajalín editores, Barcelona, 2012, 499 págs.

por Anna Rossell
http://annarossell.blogspot.com.es/7
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Del sinfín de novelas bélicas que autores alemanes escribieron tras las dos Guerras Mundiales pocas han pasado a la historia de la literatura. En relación con la primera se recuerdan, contrapuestos, Ernst Jünger, Tempestades de acero (1920) y Erich Maria Remarque, Sin novedad en el frente (1929). De la segunda, además de ellos -Radiaciones (1949) y Tiempo de vivir, tiempo de morir (1954) respectivamente-, han trascendido: Theodor Plievier, Stalingrado (1945); Walter Kolbenhoff, De nuestra carne y sangre (1946), Hans Erich Nossack, Entrevista con la muerte (1948); Heinrich Böll, El tren llegó puntual (1949) y ¿Dónde estabas, Adán? (1951), Hans Werner Richter, Los vencidos (1949), Alfred Andersch Las cerezas de la libertad (1952), Peter Bamm, La bandera invisible (1952), Gerd Gaiser, Die sterbende Jagd (1953), por mencionar sólo algunos más o menos conocidos. A estos hay que añadir, a partir de que en 1993 W. G. Sebald abriera la caja de Pandora sacando a colación el tema tabú de los bombardeos aliados de ciudades alemanas -Sobre la historia natural de la destrucción (1999)-, a los que en los últimos años han saltado a la palestra: Gerd Ledig, Represalia (1956, reeditado en alemania en 1999), que junto a Hans Erich Nossack, El hundimiento (1943) y Alexander Kluge El ataque aéreo de Halberstadt el 8. Abril de 1945 (1977), actualmente se considera la trilogía de una temática largamente reprimida en el país germano.

Ambas contiendas arrojaron numerosas historias triviales que presentaban la guerra como una aventura heroica o sirvieron al desahogo de quienes vieron en el género una posibilidad de justificar su propia actuación o de hacer apología del militarismo para preparar el terreno hacia el rearme. Pero incluso cuando es el realismo lo que conduce la intención del autor, como en Sin novedad en el frente, las novelas de tema bélico han suscitado en alemania una encendida polémica ideológica más que literaria. Seguramente sea ésta la causa de que Parte de guerra, de Edlef Köppen (Genthin 1893-Gießen 1939), publicada en 1930, cuando la de Remarque aún seguía levantando ampollas, cayera injustamente en el olvido. Porque sin duda la de Köppen es desde el punto de vista formal la más destacable; el autor es, junto a Alfred Döblin, Berlín Alexanderplatz, pionero en su país en utilizar el montaje en la narrativa. Siguiendo una técnica que en alemania se había ido abriendo camino en los años veinte en los escenarios de la mano de Erwin Piscator, con quien se formó Brecht -el teatro documental-, Köppen, profesionalmente dedicado al radioteatro y buen conocedor de la escena y el cine de su tiempo, se sirve del documento para conseguir efectos entonces novedosos: comunicados del Departamento de Censura de la Oficina de Prensa de la Guerra, extractos de juicios militares, declaraciones de ministros, del Papa o del Káiser, anuncios publicitarios, noticias de periódicos, entre otros, se alternan con el parco lenguaje de la voz narradora para denunciar, contrastar o desenmascarar, evitándole una toma directa de partido. El laconismo expresivo y el frecuente uso del presente subrayan más aún el dramatismo creciente de las escenas de muerte y mutilación de la guerra de trincheras, presentadas con escueta contundencia, y sólo hacia el final se produce la manifestación decidida del autor a través del protagonista Reisiger, que acaba encerrado en un psiquiátrico militar por declarar “La guerra es el mayor crimen que conozco […] Y no he estado más lúcido en toda mi vida: es un delito participar ni siquiera un segundo más en el asesinato”. A la novela, encuadrada en la Nueva Objetividad, le viene como anillo al dedo el reproche que Max Horkheimer hiciera en 1934 desde su exilio suizo a esta corriente literaria de que no bastaba presentar lo escandaloso sin comentarios, confiando en la fuerza expresiva de los meros hechos. El libro refleja la misma ambivalencia que la propia biografía de su autor: Köppen, que fue cesado de su puesto radiofónico bajo la acusación de pacifismo, trabajó hasta su muerte como dramaturgo jefe en Tobis -junto con la Ufa la mayor empresa cinematográfica de los años treinta en alemania-, que desde 1937 dependía del Ministerio de Propaganda nazi, donde se negó a incorporar en el programa películas antisemitas o propagandísticas.

© Anna Rossell
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Poema del príncipe Igor

Poma del príncipe Igor.

Teóricamente, se trata de una obra de hacia finales del siglo XII

¿Es la obra más importante de la literatura rusa medieval o un plagio de finales del siglo XVIII?

Su valor histórico ha sido capital para el desarrollo de las ideas del siglo XIX; dio un giro total a la concepción de la literatura de la Edad Media e inspiró a Vorodín su obra maestra El príncipe Igor. En todo caso, no se pueden negar al autor, ya se trate de un compañero de la druzina de Igor o de un sabio medievalista del siglo XVIII, sus cualidades literarias, la originalidad y la frescura de  sus imágenes, o la extraordinaria atmósfera  lírica y épica que creó para describir un hecho bélico bastante trivial: la campaña, contra los nómadas pólovtsi, del príncipe Igor (1151-1201 ),  que reinaba en un territorio situado al noroeste de Kiev.

Esto es lo que cuenta el poema: la campaña de los príncipes rusos comienza bajo funestos augurios: fenómenos naturales, concretamcnte un eclipse de sol, anuncian el fatal termino. Se emprende la batalla contra los pólovtsi y sobreviene la derrota. El príncipe de Kiev, Svjatoslav, conoce a través de un sueño el fracaso de su primo Igor y apela a la unión de todos los príncipes para luchar en defensa de la tierra rusa.

Sin embargo, la mujer de Igor, Jaroslavna. se lamenta y suplica que le sea devuelto su amado. Por fin, Igor logra escaparse y tos pólovtsi proyectan casar a su hijo con la hija de uno de sus jefes. La originalidad de la obra radica en la elaboración poética a  que está somelida esta materia histórica.

 El autor sabe dar vida, con unas simples palabras, a los personajes que evoca. Su lengua testimonia un sentido poético, incluso musical, vvisimo: la utilización frecuente de aliteraciones, de las asonancias más armoniosas de sonidos. y sobre todo la belleza de los epítetos y de las metáforas cautivan al lector. 

 El simbolismo de las imágenes y de los paralelismos traduce la relación indisoluble que une al hombre con la naturaleza. El ambiente pagano, impensahle en una obra del siglo XII , es, junto con los hallazgos lingüisticos, uno de los principales argumentos de crítica interna que pueden hacer dudar de la autenticidad de la obra. La ausencia de tradición manuscrita es también un dato a tener en cuenta: el manuscrito, descubierto en 1 795 por el conde Musin-Pushkin, que publicó en 1800 una edic ión príncipe llena de lagunas, ardió en el incendio de Moscú de 1812.

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Vida y destino (Vasili Grossman)

Vida y destino, Vasili Grossman

Dos prisioneros rusos, muertos de hambre, cubiertos de miedo y piojos, hablan entre sí en un campo de internamiento nazi. -¡Qué bien estamos aquí! Imagina que estuviésemos en Siberia, en manos de los nuestros. A estos al menos los podemos odiar.

Así empieza una obra minumental sobre la batalla de Stalingrado vista desde el lado ruso, con una visión tan salvajemente realista que no es de extrañar que el libro no pudiese ser publicado hasta muchos años después de la muerte de su autor.

En 1985 Seix Barral publicó una primera versión en castellano de esta novela,traducida no del ruso sino del francés. La edición pasó casi completamente inadvertida, por lo que el desconocimiento de Vassili Grossman y su obra siguió pesando en el mundo de habla hispana, quizás porque el momento no era el más favorable desde el punto de vista ideológico, con una especie de extrñao Zeitgeis apuntalando los maltrechos muros de la URSS para retrasar su inevitable caída. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores subsanó posteriormente esta  deficiencia al lanzar una traducción íntegra de Vida y destino desde su idioma original, en momentos en que las circunstancias históricas favorecen la recepción de la obra de Grossman, tras la derrota completa del bloque comunista.
 

Vida y destino responde al vasto plan de abarcar el mundo conocido de su autor en una coyuntura tan crucial como fuera la batalla de Stalingrado, decisiva en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una ‘novela total’, ambiciosa modalidad que ha hecho escuela en la literatura rusa. Dostoievski, Tolstói, Pasternak, Bulgákov, Solyenitzin, en menor medida Turguéniev y Sholojov; son los nombres más representativos de esta tradición, a la que ahora sabemos se suma Vassili Grossman. Y lo ha hecho del modo más propio: cultivando un estilo llano y natural, carente de artificios esteticistas pero con algunos efectos teatrales muy cercanos al gusto ruso por lo trágico.

Vida y Destino es, en efecto, una de esas obras río en las que todo fluye y en las que parece que nada importa. Y cuando decimos que nada importa nos referimos a que el autor parece adoptar a veces el punto de vista de la naturalñeza, que simplemente deja correr los acontecimientos, sin preocuparse demasiuado de quién vive y quién muere, porque ese es el destino inevitable de todo y de todos. 

El arraigo de esta tradición debe mucho a la circunstancia de que la literatura pueda constituir una excelente manera de dar cuenta de épocas convulsas, a falta de otras vías.  La Rusia de los últimos siglos ha sabido de este problema, como muchos otros países; lo que en ella ha potenciado a la literatura como forma de representación social y proveedora de orden es un relativo rezago en otras áreas culturales que pudieran responder al apremio aludido, con similar eficacia a la prestada por la novela. Y en Rusia han sido artífices de la novela, tal vez mejor que filósofos, sociólogos o científicos,quienes han asumido el ingente deber de captar el espíritu de una época y trazar el retrato de la misma. Desde Oblomov al Don apacible, desde Guerra y Paz al Archipiélago Gulag, los escritores rusos nos presentan apersonajes en busca d eun destino que no sale a su encuentro, sino que se muestra esquivo, perezoso, sin querer convertirse en fatalidad.

En Vida y destino se yuxtaponen la grandeza terrible de lo épico y lo conmovedor de la cotidianeidad. Épica más bien sórdida y atroz, en este caso, puesto que concierne a una de las guerras más despiadadas de la historia, aquella que sacrificó a millones de alemanes y soviéticos en nombre de unos regímenes e ideologías que son vergüenza de la humanidad. Y una cotidianeidad asaltada y despedazada por la contingencia histórica, pero rehecha sobre la misma complejidad de la naturaleza humana, manifiesta tanto en las grandilocuentes justificaciones de la abominable matanza como en los pequeños instantes en que el hombre común despliega las más corrientes de sus facultades. Lo familiar, lo humano, lo incomprensible, tiene mucho de romántico en esta novela, donde de vez en cuando, a borbotones, la irracionalidad de lo humano se antepone a toda lógica y todo razonamiento.

El universo de personajes de la novela es representativo de una variedad posible de categorías humanas y situaciones en que se ven envueltas. Hay de todo: generales y soldados,comunistas recalcitrantes y disidentes, valientes y cobardes y mucho más. Nunca se trata de tipos humanos monolíticos o acartonados. En Vida y destino no hay lugar para simplismos ni para la caricatura. El mezquino puede en cualquier momento mostrarse magnánimo como el que más. El hombre de talante íntegro es susceptible de quebrarse y cometer una villanía. El comedido puede volverse imprudente, y el imprudente mostrarse comedido. Tampoco hay maniqueísmos: los pocos alemanes que habitan la novela no son una encarnación apócrifa del mal, sino que se muestran tan vulnerables como cualquier ser humano. Lo mismo que Krímov, un comisario comunista que de victimario se torna víctima de la paranoia estalinista. Grossman es aquí heredero de Balzac y nos muestra una comedia humana que poco tiene de comedia pero que lo tiene todo de humana.

Vasili Grossmann

La amplitud y diversidad en los personajes tiene su correlato en la gama de escenarios en que ellos se desenvuelven.La novela tiene su vórtice en la batalla de Stalingrado, pero no se reduce a un mero relato bélico, sino que comprende situaciones paralelas en lugares distintos, tan heterogéneos como un campo alemán para prisioneros de guerra, un campo de trabajo forzado soviético, la estepa caucásica, la prisión moscovita de la Lubianka, un instituto científico, etc. La mirada panorámica de Grossman refleja la multitud de circunstancias que concurren en la decisiva instancia en que las dos mayores potencias totalitarias de Europa concentran su esfuerzo bélico en la ciudad del Volga. Y entre tanto, en la retaguardia, continúan las pequeñas mezquindades de quienes hacen equilibrismos sobre el alambre de la ortodoxia política, los que buscan pequeños ascensos, denuncian a sus vecinos o se enfrentan a verdaderas epopeyas para conseguir una habitación un poco más grande, o un poco más de combustible para la estufa.

Es cierto que la novela tiene como una de sus dimensiones principales la denuncia radical del totalitarismo. Respecto del fascismo –término genérico empleado por el autor-, la denuncia es patente en la representación del martirio de los judíos, eficaz en un par de pasajes que se encuentran entre los más dramáticos de la novela: el de la carta de la madre judía de uno de los protagonistas, Viktor Pávlovich Shtrum,a cuyas manos llega después de asesinada su madre por los nazis; y el del acarreo de una cantidad de judíos a un campo de exterminio. Su destino final es una cámara de gas, en la que otro personaje, Sofía Ósipovna Levinton, consuma al fin su naturaleza maternal con un niño al que ha conocido hace poco.Pero también esta denuncia procede según la modalidad de incisos discursivos en los que el autor declara la guerra al fascismo, contraponiéndolo explícitamente a toda aspiración libertaria y humanitaria. El fascismo –en este sentido- es el enemigo ya no tanto del comunismo soviético como de la patria gran-rusa y de la humanidad toda, incluidos los propios alemanes (sus primeras víctimas).

Por otra parte, la denuncia del régimen soviético es de tipo ‘interno’, consecuentemente con el hecho de que sea el comunismo estalinista la versión de totalitarismo que se ha apoderado de Rusia y su imperio plurinacional y se erija, de este modo, en su enemigo endógeno –así como el fascismo es su enemigo externo-. Grossman nos muestra la perversidad del estalinismo desde la entraña misma del régimen, supresor de libertades y derechos y corruptor de toda relación humana: el del estalinismo es un ambiente emponzoñado por la constante persecución y delación de la individualidad, siempre acosada por el miedo, la doblez y el servilismo. Sin formulaciones discursivas ni sentencias condenatorias, por demás imposibles en el contexto de la época, la tiranía estalinistaes objeto de la acusación que subyace en la certera descripción desus rigores. Tan certera que el régimen impidió la publicación de la novela –y un editor llegó a decirle a su autor que este impedimento se extendería por doscientos años. Por fortuna no ha sido así-.

Pero la novela no consiste en un simple instrumento de denuncia que reduzca su valor al de un burdo folleto de propaganda ideológica. En ella el propósito utilitario circunstancial –universal, si se trata de la crítica del totalitarismo- se imbrica con la intención primordial de retratar, desde las posibilidades ofrecidas por el arte novelístico, un vapuleado fragmento de humanidad, en el que hay sitio –como siempre ocurre allí donde haya seres humanos- para toda clase de pasiones y sentimientos. Así por ejemplo, Shtrum, inserto en la vorágine de la guerra y el despotismo, tiene tiempo para enamorarse de la esposa de un colega que también se ha enamorado de él y prefiere permanecer leal a su marido. Lo que sugerido de esta manera pudiera parecer argumento de culebrón, en la novela se reviste de la mayor naturalidad. Grossman trata este tema con la dosis precisa de arte y realismo, y en sabia mixtura con los demás elementos de una novela que se nos muestra inmensa como la vida. No sólo calidez sino también verismo, nada menos, es lo que se obtiene con esta delicada historia de amor frustrado. Y esta es sólo una de las vívidas demostraciones de humanidad con que nos topamos en la lectura de Vida y destino.

En esta novela, ningún régimen ni ninguna ideología salen bien parados. Todos aparecen como enemigos del hombre y de sus pequeñas cosas. El fascismo co mosntruo y el comunismo com monstruo, encarnados en un antagonismo que el autor nos sabe mostrar como falso a fuerza de constantes paralelismos. A menudo es difícil saber a qué mosntruo se refiere hasta que nos e mencionan los nombres porque todos, de un lado y del otro, fascistas y comunistas, son un mismo enemigod e la gente que quiere sólo vivir.

Esta reseña es una modificación de la aparecida en : http://www.hislibris.com/vida-y-destino-vasili-grossman/

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TODO LO QUE TENGO LO LLEVO CONMIGO (Herta Muller)

Rumania, finales de la II Guerra Mundial. De las conversaciones con su compatriota y amigo el poeta Oskar Pastior (1927-2006) y con otros supervivientes, Herta Müller reunió el material con el que después escribió esta gran novela. Así, basándose en la historia profundamente individual de un hombre joven, consigue narrar un capítulo todavía casi desconocido de la historia europea y visualizarlo en imágenes inolvidables. La autora ha logrado plasmar la persecución sufrida por los alemanes rumanos en tiempos de Stalin centrándose en la historia de un solo individuo.

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