[La beffa di Büccari], Publicada en 1918 en forma de libro de apuntes, es el relato que hace Gabriele d’Annunzio (1863-1938) de la legendaria empresa, en la que él participó como voluntario, de tres torpederos italianos que penetraron para llevar la ofensiva al puerto austríaco de Büccari, la noche del 10 al 11 de febrero de 1918. Mejor que en los contemporáneos discursos guerreros Por la Italia más grande (v.) y El Desquite (v.) la ficción del diario permite que el estilo se conserve claro y sencillo como en las Chisvas del mallo (v.) resolviendo en mera anotación de los hechos la embriaguez del riesgo, que vuelve a ser inspiradora de las breves páginas. Explícitamente se habla aquí, en efecto, del «encanto» del riesgo; algo que, luego, deja el alma triste «como después de la voluptuosidad»; un rapto indecible «como la tregua de la poesía». Así pues, una vez más, como en los discursos, el tema guerrero se adapta al estremecimiento de las Chispas; con similar y aún mayor felicidad de paisajes, relámpagos que aparecen y desaparecen de los semblantes humanos, leves imágenes (como cuando las botellas con el cartel de desafío son lanzadas al mar) donde la burla no supera a la inventiva.
Hay que excusarle por lo tanto, si incluso la seca absorción de la retórica es retórica también: la de la complaciente contemplación de sí mismo en la ruda conducta; hay que excusar la repetida exaltación de ir realizando figuras de su propia poesía, la enumeración metódicamente lisonjera de los compañeros de aventura, los marginales contagios de sentimiento guerrero y de lenguaje místico. Continúa el diario (además de citar algunos documentos referentes a la empresa) con «La canción del Quarnaro» [«La canzone del Quarnaro»], en la que reaparecen, con ficticia popularidad de lenguaje y de ritmo, la misma embriaguez absorbente, el mismo amor del paisaje, la misma oratoria y retórica. Sin embargo dentro de dichos límites no le falta segura eficacia. Más tarde será recopilada en los Cantos de la guerra latina (v.); además, junto con el diario de Búccari, en la edición de 1932 de Por la Italia más grande.
E. De Michelis

