[L’Oceano]. Primer canto en octavas de un poema incompleto sobre el descubrimiento de América, de Alessandro Tassoni (1665-1635), compuesto probablemente antes del Cubo robado (v.) en 1614-15 y publicado por vez primera en la edición parisiense de esta obra en 1622.
Al enviar el fragmento a un amigo que abrigaba el proyecto de escribir un poema similar, Tassoni lo acompañó con una carta llena de juiciosos consejos sobre el camino a seguir para que la ión fantástica de la histórica empresa no chocase con la realidad. Después de la introducción y la dedicatoria a Carlos Manuel I, «al cual el rey de los cielos dio el gobierno de las puertas de Italia», el poeta describe la partida de Colón.
Las potencias infernales levantan contra la santa empresa una terrible tempestad que solamente un ángel consigue calmar; luego preparan fatales seducciones a los navegantes anclados en las Islas Afortunadas, donde, entre la exuberante vegetación, aparecen bellísimas ninfas. Incapaz de sustraer sus compañeros al hechizo de ellas, Colón zarpa sólo con algunos fieles, únicamente después de grandes fatigas y venciendo otras diabólicas asechanzas, puede volver a los tres días y encuentra a los culpables desengañados ya, en la isla convertida en un desolado desierto, junto a las ninfas transformadas en monstruos.
Después de haber encontrado agua en una maravillosa fuente de una isla cercana, zarpan los navegantes, unidos de nuevo. Aquí el poeta detuvo su obra, tal vez sintiéndose con menos imaginación para proseguirla. Las octavas, llenas de reminiscencias de la Jerusalén libertada (v.) y de la Odisea (v.), encuentran su más feliz expresión en la pintura del Edén diabólico, donde la materia tradicional está animada por la sonrisa de una gracia nueva.
E. C. Valla
