[Oberon]. Poema del alemán Christoph Martin Wieland (1733-1813), publicado en 1780. El poema, que en su carácter general, sigue las huellas de Ariosto, deriva de fuentes diversas. Predominan en él dos temas: el aventurero heroico y el sentimental.
El primero, que corresponde al viaje de Huon, príncipe de la corte del emperador Carlomagno, está tomado de un resumen que Louis Tressan de la Bergne (que se publicó en la «Bibliothèque Universelle des romans» en 1778) hizo de una novela en prosa sobre las gestas de Huon de Burdeos, publicada en 1513, refundición a su vez de un poema del siglo XII.
El segundo tema está representado por el amor de Huon y Rezia y el de Oberón (v.), rey de los elfos, y Titania (v.), su esposa, reina de las hadas. Aquí es evidente la inspiración shakespeariana (v. Sueño de una noche de verano); Wieland, desde 1762 a 1768, había traducido 22 obras de Shakespeare.
El poema narra las gestas del paladín Huon, al que el emperador Carlomagno condena a una extraña empresa: que le traiga un mechón de la barba y cuatro muelas del califa de Bagdad después de haber abrazado a la joven que aquél tenga a su diestra y decapitado al emir que tenga a su izquierda.
El esforzado Huon parte, se pierde por entre inaccesibles montañas y encuentra en una gruta a Cerasmino, el antiguo criado de su difunto padre, contándole los precedentes y el motivo de su viaje: involuntariamente mató, cayendo en una celada que le había tramado Amory, el cual quería apoderarse de su feudo, al hijo del emperador, quien, en lugar de condenarlo a muerte, le impuso la terrible empresa.
La primera aventura prodigiosa de Huon y Cerasmino, que se junta con él, ocurre en un mundo de fantasmas y de extraños animales con ojos humanos. Y aquí se presenta Oberón en una carroza tirada por leopardos, «joven bello como el dios del amor salido del seno de Venus».
Cerasmino, hombre medieval, huye asustado, arrastrando consigo a Huon, pero el pequeño dios, dueño de los elementos, los persigue y desencadena una gran tempestad. Los dos se refugian en un extraño convento, donde, cesando de pronto el temporal, ^vuelve a aparecérseles Oberón, quién sopla un cuerno de marfil, a cuyo son todos los que aman con amor sensual son arrebatados por un frenesí de danza; Huon, el puro, fiel a una joven a quien vio en sueñes y ha buscado en vano por el mundo, permanece impasible.
Entonces se interrumpe la disputa, y Oberón se vuelve hacia él y le entrega el cuerno de marfil y el cáliz de oro, provisto de los cuales podrá arriesgarse a la audacísima empresa. Mientras tanto, en la corte de Bagdad está Rezia, la hija del califa, también ella fiel a un «caballero de la melena de oro» sólo soñado y jamás hallado, pero obligada por su padre a casarse con otro príncipe.
Huon llega a Bagdad precisamente el día de las bodas y libera a Rezia con la ayuda de Oberón, y cumple al mismo tiempo la terrible empresa impuesta por el emperador. Huon y Rezia se reconocen como los seres que habían soñado, y huyen, embarcándose felices hacia Francia. Oberón queda satisfecho, pero pone una condición a la felicidad de ambos: deberán conservarse puros hasta el día de sus bodas, que serán bendecidas por el Papa; y esto, porque el destino de Huon y Rezia, la cual, después de bautizada, toma el nombre de Amanda, está ligado al de Oberón y Titania, los cuales sólo podrán volver a unirse cuando una pareja humana haya demostrado que existe un amor puro y fiel.
La separación se había producido por culpa de Titania, la cual había socorrido a una mujer embustera y adúltera, con gran indignación del rey de los elfos, dios del amor puro, que la había expulsado de su presencia. Pero en una noche de luna Huon y Amanda sucumben a la tentación, y he aquí que se desencadena la ira de Oberón con rayos y truenos, y desaparecen los dones mágicos.
La nave naufraga y los dos amantes son arrojados a una isla desierta, donde pasan años llenos de trabajos. Titania, compasiva, ayuda a Amanda en el momento en que ésta da a luz a su hijo. Los amantes, arrepentidos, hacen voto de vivir como hermanos; esta prueba no basta; es menester que demuestren ser fieles. Amanda es raptada por unos piratas y va a parar al harén del señor de Túnez, donde, después de dolorosas aventuras, llega también Huon.
El príncipe se enamora de Amanda, la princesa de Huon; siguen escenas de vanos intentos de seducciones, pero los amantes permanecen fieles uno a otro, y para no faltar a su amor, se dejan poner en una misma hoguera. Oberón los salva y Titania les devuelve el niño, al que ha cuidado. Las bodas de Huon y Amanda son bendecidas, y los dos vuelven a París, donde Huon llega a tiempo de vencer en un torneo, premio del cual era su feudo.
El Oberón de Wieland es una de las obras alemanas en que mejor se revela su maestría artística. La influencia francesa le confiere una ligereza que le permite pasar de una a otra aventura a través de animadas descripciones, en un puro mundo de fantasía. Goethe, por la Navidad de 1781, envió una corona de laurel a su amigo Wieland, en alabanza de Oberón; y ya en 1780, cuando el poema se publicó por primera vez, Lavater escribía: «Oberón, mientras un poeta sea poeta, el oro oro y el cristal cristal, será amado y admirado como una obra maestra del arte poética». G. F. Ajroldi

