Ópera en tres actos, con música de Antonio Smareglía (1854-1929) y libreto de Silvio Benco (n. 1874), estrenada en Milán en 1903.
El libretista la calificó de «comedia fantástica»; en realidad la obra no tiene verdadera intriga sino que – es una leyenda o fábula entre campestre y marina, entre un crudo sabor de sensualidad y una atmósfera irreal en la que se mueven aspiraciones sentimentales harto vagas. La acción se desenvuelve en una época patriarcal, entre tribus pastoriles de Siria por una parte, y divinidades y genios marinos por otra.
Nersa, jovencita de estirpe nómada, es amada por Vadar, uno de los antiguos jefes de la tribu de Noat, que la ha recogido y querría casarse con ella; pero Nersa está completamente entregada al anhelo de una felicidad desconocida; se deja convencer por un genio del mar, Ers — que va en busca de esposa para el dios Init—, y huye con él; pero es alcanzada y apresada por la gente de Vadar; lo deja de nuevo en el segundo acto y es conducida al palacio real marino de Init, donde su sueño de amor y de embriaguez parece que va a realizarse.
Vadar, que no se resigna, la alcanza por mar, y Nersa, como en perpetua lucha entre lo real y lo fantástico (o, más bien, descontenta de toda realidad tangible) lo sigue y promete casarse con él. Pero el día fijado para la boda, se siente de nuevo invadida por su fiebre y al presentarse Init vuelve a amarlo locamente; Vadar renuncia a ella y pide que le quiten la razón; Nersa, finalmente, ha encontrado la meta de sus sueños; todo escrúpulo moral queda olvidado, y una danza de campesinos termina la ópera.
Si bien Smareglia mostraba más inclinación a un romanticismo fantástico que a las tendencias de la ópera realista en boga a comienzos del siglo presente, en realidad esta obra experimenta más la influencia de Mascagni que la de Wagner, quien fue otras veces modelo del autor; y en medio de tanta fantasmagoría lo que domina en aquella música es un sentimentalismo no satisfecho, no atemperado, como en otras óperas suyas (por ejemplo, Cornelis Schutt, v.), por una cierta nobleza de armonías y de acentos wagnerianos.
Típico ejemplo de ello es la frase de Nersa: «Te deseo en la aurora, sol, que, tímido, bañas mi cabello», donde aflora evidentemente el eco del cantar de Mascagni. El comentario orquestal es turgente, comenzando por la larga introducción; en ciertos temas se percibe algún eco del primer Strauss. La abundancia de los deslumbramientos colorísticos, el movimiento de los coros de segadores, tritones, náyades y sirenas, en que a la fantasmagoría escénica corresponden bien logrados efectos vocales e instrumentales, fueron tal vez los mayores elementos del éxito de esta ópera.
F. Fano

