Konrad Burdach

Nació en Koenigsberg el 29 de mayo de 1859 y murió en Berlín el 18 de septiembre de 1936. Historiador alemán de la cultura, germanista y miembro de la Aca­demia Prusiana de Ciencias, inició los estu­dios en su ciudad natal; pero realizó su ver­dadera formación filológica en Leipzig, don­de se doctoró.

Trasladóse luego a Berlín, y allí se vio influido intensamente, aun cuan­do no sin ciertas divergencias, por las ense­ñanzas de Scherer. En la capital disfrutó de notable consideración, singularmente me­recida por sus estudios renovadores acerca del «Minnesang»; algo después de los vein­te años B. había escrito ya una famosa obra: Reinmar der Alte und Walther von der Vogelweide.

Instalado en Halle en 1884, dedi­cóse durante algún tiempo al estudio de Goethe. En 1887 actuó como profesor extra­ordinario en esta misma ciudad, y luego, también allí, en calidad de titular. De 1887 a 1893 investigó acerca del período histó­rico comprendido entre la Edad Media y la Reforma. Durante un bienio (1897-99) tra­bajó en las bibliotecas y archivos de Italia, Francia y Austria.

Con tales estudios tra­taba de esclarecer el origen del moderno alto alemán escrito, y, al mismo tiempo, la aparición de los nuevos ideales humanistas, que sustituyeron los medievales de carácter cortesano. A partir de 1902 B. residió en Berlín, donde se dedicó intensamente al estudio y a la publicación de los quince to­mos de la obra Del Medioevo a la Reforma (v.).

En 1934 dio a la imprenta La ciencia de la lengua alemana [Die Wissenschaft von deutscher Sprache], y después reanudó los trabajos de su juventud acerca de Goethe; el municipio de Weimar le encargó la direc­ción de un conjunto de estudios sobre el gran escritor. Pueden considerarse textos divulgadores de su obra científica Deutsche Renaissance (1916) y Reforma, Renacimien­to, Humanismo (v.).

M. Biscione

Gottfried August Bürger

Nació en Molmerswende (Harz) el 31 de diciembre de 1747 y murió en Gotinga el 8 de junio de 1794. Hijo de un pastor evangélico, empezó a es­tudiar teología en la Universidad de Halle; pero interrumpió esta actividad para dedi­carse a las letras.

Posteriormente cursó de­recho en Gotinga y siguió cultivando la poe­sía; en esta ciudad conoció el animado am­biente literario del grupo que más tarde había de constituir la «Göttinger Hainbund», sociedad poética a la cual pertenecieron Boie, Hölty, Voss, etc.

La balada Leonora (v., y v. Baladas), que B. publicó en el Almanaque de las Musas (v.) de 1774, le dio celebridad. Mientras tanto, había llega­do a ser juez de una población vecina, y se casó a fines de este último año; al mis­mo tiempo, enamoróse de la hermana me­nor de su esposa, y la familia se convirtió en un trágico matrimonio de tres.

Muerta su mujer en 1784 a causa de la tuberculosis, pocos meses después tuvo lugar la boda de B. con su cuñada, que falleció de fiebre puerperal el año siguiente. Por aquel enton­ces el escritor había dejado su cargo, y, vuelto a Gotinga, aceptó la dirección del Almanaque de las Musas y el nombra­miento de profesor libre de estética, asig­natura cuya cátedra fija logró al cabo de algunos años. Durante este período B. es­tuvo muy vinculado a August Wilhelm Schlegel.

Se casó por tercera vez en 1790; pero su esposa, mucho más joven que él, le traicionó tan descaradamente que el di­vorcio resultó inevitable. Abatido por las amarguras (a las que añadióse la severísima crítica de Schiller a una nueva edi­ción de sus poesías) y consumido por la tuberculosis, el último y más fiel represen­tante del «Sturm und Drang» se extinguió entre los ecos de la Revolución francesa, cuyos principios de libertad había saludado con entusiasmo. Es célebre la traducción, o, mejor, refundición, hecha por B. de las Aventuras del barón de Münchhausen (v.).

V. M. Villa

Burchiello

(Domenico di Giovanni, llamado el). Nació en Florencia en 1404 y murió en Roma en 1449. Inspiró su singular pro­ducción poética (v. Rimas) en la realidad de una condición miserable, de la que, a pesar de su carácter genial, no pudo o no supo elevarse jamás.

Fue el mayor de ocho hermanos, y ganóse la vida como barbero y, posiblemente, sangrador. Su esposa, aman­te de la vida alegre, acabó separándose de él. Por haber manifestado en algunos sone­tos su oposición a los Médicis, hubo de abandonar la ciudad de Florencia cuando éstos asumieron su gobierno. A partir de entonces no dejó de verse torturado por la más triste miseria y la agravación de sus dolencias físicas, originadas por su vida vi­ciosa.

Sin embargo, ello no logró domeñar su inspiración poética, que se complacía des­deñosamente en los temas más ingratos y sórdidos; a veces, empero, expresa una afli­gida melancolía, o persiste en las extrava­gancias del rimado que posiblemente de B. se denominó «alia burchia» y en el cual ha querido verse un antecedente del surrealis­mo.

La sinceridad impetuosa y los motivos realistas y grotescos hicieron muy popular entre sus contemporáneos a este autor. La poesía le procuró los medios de subsistencia en Siena, donde se había refugiado; con pena y desdén, pensaba desde allí en Flo­rencia, entonces sometida. Parece haber es­tado asimismo en Gaeta, Venecia y Bolonia.

P. Onnis

Michelangelo Buonarroti, el Joven

Nació el 4 de noviembre de 1568 en Florencia, donde murió el 11 de enero de 1646. Era hijo de Leonardo, un hermano del gran Miguel Ángel, cuyas Rimas (v.) reunió en 1625. De talento precoz, ingresó a los diecisiete años en la Academia Florentina.

Su dominio del lenguaje toscano y la afición con que iba captando los modismos y voces del habla viva popular le convirtieron en valioso y activo colaborador de la primera edición del Vocabulario de los Académicos de la Crusca (v.).

Miembro de esta última acade­mia, trabajó en la edición correcta de tex­tos, entre ellos el de la Divina Comedia. La erudición y la actividad académica no alejaron, empero, su atención del espec­táculo del mundo real, animadamente repro­ducido en las escenas populares de La fe­ria (v.), La Tanda (v.) y Le mascherate, de acuerdo con su afán de «observar lo que encuentro por la calle: obras, costumbres, intenciones y afectos»; así habla B. de él mismo en una de sus nueve sátiras. Dentro de la literatura dramática del siglo XVII pertenece, por lo tanto, más bien a la co­rriente popular realista que a la tendencia clásica.

Manifestó intensa devoción hacia su tío Miguel Ángel, de quien reunió no sola­mente las Rimas, sino también cuantos obje­tos y recuerdos, le fue posible hallar, y que son conservados, a partir de entonces, en la casa Buonarroti.

P. Onnis

Jakob Burckhardt

Nació el 25 de mayo de 1818 en Basilea, donde murió el 8 de agos­to de 1897. Perteneció a una antigua y nota­ble familia emigrada a esta ciudad desde alemania por motivos religiosos a principios del siglo XVI; su padre desempeñó el cargo de «Oberstpfarrer» en la catedra de Basilea, y la madre, mujer finamente intelectual, murió cuando Jakob era todavía muy joven (1830).

Enviado al Gymnasium y, luego, a la Universidad de la citada población, ini­ció en 1837 los estudios de teología, que prosiguió únicamente hasta 1839, época en la cual empezó a verse dominado por un gran interés hacia la historia y el arte.

Prue­ba de este cambio fue la marcha de B. a Berlín, en 1839, atraído singularmente por la fama de Ranke, del cual llegó a ser alum­no. La estancia en la capital alemana pro­longóse hasta 1843, sólo interrumpida por una temporada que pasó en Bonn, en 1841.

En 1843 estuvo en París. Con su vuelta a Basilea se inició un período muy importante de su vida, y decisivo también para la his­toria de Suiza, que vivía el litigio entre los demócratas, defensores del principio de la unidad nacional, y los conservadores — pro­testantes y católicos —, partidarios del de la soberanía cantonal. B. se alineó junto a los últimos, y desde junio de 1844 hasta diciembre de 1845 fue redactor del órgano conservador Basler Nachrichten.

Sin em­bargo, la corriente conservadora liberal que apoyaba, con intentos de mediación entre la tendencia intransigente y la democracia revolucionaria, fracasó clamorosamente. El desaliento indujo a B. en marzo de 1846 a la «fuga hacia el Sur». Desde este año hasta 1849 permaneció en Italia, salvo algunas bre­ves interrupciones. Vuelto a Basilea en esta última fecha, residió allí hasta 1853, reti­rado y casi solitario, y enseñó en el Päda­gogium y en la Universidad. Fruto de tal concentración fue su obra La época de Constantino el Grande (v.). Durante el pe­ríodo 1853-54 B. realizó otro ciclo de viajes a Italia. En otoño de este último año estaba ya listo el manuscrito de El Cicerone (v.).

A su regreso a Basilea se le encargó la en­señanza de la Historia en la Universidad local; ello, sin embargo, no le impidió acep­tar el ofrecimiento del Politécnico de Zü­rich, de reciente fundación, que le proponía el cargo de profesor de Historia del arte (1855).

En 1858 volvió a Basilea, a cuya cátedra universitaria de Historia había sido llamado como titular; se trata, esta vez, de un retomo definitivo. Por aquel entonces B. debía de haber empezado ya a vencer su antigua aversión a la ciudad natal; en este mismo período nació la obra maestra La cultura del Renacimiento en Italia (v.).

La historia de los años sucesivos es, simplemen­te, la de la enseñanza en Basilea. Hasta 1868 trabajó en una obra acerca del arte rena­centista, que solamente quedó esbozada. Luego empleó largo tiempo en la elabora­ción de las Reflexiones sobre la historia del mundo (v.) y la Griechische Kulturgeschichte, ambas producciones aparecidas con ca­rácter póstumo. En el año 1886 abandonó la enseñanza.

M. Biscione