[En Hanske]. Drama (1883) de Bjørnstjerne Biørnson (1832-1910). Svava, una muchacha que se ocupa de puericultura, por aquel entonces una novedad, se ha prometido con Alf, por parecerle que comparte sus ideas encaminadas al bienestar social y, especialmente, que es un «puro». En efecto, para ella el mundo masculino se divide en dos partes muy distintas, la humana de los «puros» y la bestial de los «impuros», y no está dispuesta a transigir sobre la condición de que su futuro esposo no sea tan casto como ella. De manera que, cuando se entera que Alf tuvo una relación con una señora, ahora muerta, el amor de Svava se transforma en repugnancia. En vano Alf le habla de su cariño y le promete fidelidad eterna; para Svava, él ha pasado sin remedio a la repugnante categoría de los impuros. Y cuando intenta, con sutiles razones, justificarse que la mujer debe a su marido el pasado y el futuro, mientras que el hombre ha de ser fiel a su mujer solamente desde el momento en que se casan, Svava, con el guante, le da un bofetón. A la desilusión del amor se añade, no menos grave, la de los afectos familiares; Svava, en efecto, llega a saber que también su padre, el elegante, gentil y amable señor Riis, son impuros porque han cometido un adulterio. Svava, de esta manera, se siente de repente una extraña en su propia casa; no puede permanecer en ella. Sin embargo, al final, parece mitigar su rígida intransigencia. Su novio se separa de ella declarándole que va a vivir a la manera que juntos habían proyectado vivir, y le ruega que le dé un adiós, que le tienda una mano. Svava le tiende las dos. « ¿Le prometiste algo?», le pregunta su madre. «Sí, me parece», contesta Svava.
Exasperado por la manera con que fue acogido su drama por algunos (entre otros, A. Garborg le ridiculizó en su cuento «Ungdom»), Biørnson lo modificó, cambiando el final: Svava no podía hacer ninguna concesión, el rompimiento era inevitable. Un guante es, como se ve, un drama de tesis; en él Bi0rnson quiso dar forma literaria a la máxima virtuosa de la castidad prematrimonial también para el hombre («la moral del guante», como alguien la llamó graciosamente), que él mismo, en aquellos años, iba sosteniendo en numerosas conferencias. Pertenece, por lo tanto, a la historia de la moral y de la casuística, más bien que a la de las letras; y los papeles más logrados son, por consiguiente, los secundarios y los de ambiente, en los que, desde luego, se pone de manifiesto la habilidad del escritor de teatro.
V. Santoli

