Historia De Achicaro, Anónimo

De la Histo­ria de Achicar o la redacción más antigua que actualmente se conoce es la aramea, hallada entre los papiros de Elefantina (Al­to Egipto). Es casi seguro que está tomada de un original asirio, que aún no se ha encontrado, pero que debe haber existido, porque varias frases y algunos fragmentos del texto arameo no se explican si no se supone que siguen de cerca una redacción en lengua asiría. Otra redacción antigua de la historia está representada por la versión siríaca, que es a su vez anterior a una ver­sión árabe, muy detallada, que era la casi exclusivamente conocida entre los cristianos de lengua árabe: un escritor cristiano tra­dujo el texto sirio al árabe. Del texto ára­be proceden la redacción neosiríaca y una colección de 15 sentencias que se hallan en el Libro de los sabios filósofos, escrito en lengua etíope, en tanto que la redacción armenia procede de un texto sirio y la paleoeslava de una redacción griega, has­ta el momento desconocida. De la redacción eslava antigua es preciso derivar la ruma­na.

La Historia de Achicar o ha ejercido profunda influencia sobre la biografía de Esopo: lo que al esclavo frigio le acontece en Babilonia y en Egipto, está tomado de un arreglo de aquélla. La Historia no era tampoco desconocida por los persas ni por los indios. De esta obra se habla en un tra­tado del Talmud (v.), siglo V d. de C.; a ella se refiere el libro de Tobías (v.), y Clemen­te de Alejandría habla de una colección de sentencias de Achicaro. En la mencio­nada redacción árabe, el nombre del sabio ministro de Senaquerib de Asiria es Haikar. Al no tener hijos, se dirige a los dioses, los que le aconsejan adoptar a . Nadan, el hijo de su hermana. Él lo educa bien, y cuando envejece lo recomienda al rey co­mo su sucesor en las funciones de visir. Haikar da muchos consejos a su sobrino, condensados en una larga serie de senten­cias. Después le hace donación de todo su patrimonio y se retira de la vida pública. Nadan es, sin embargo, un hombre de co­razón perverso y calumnia más tarde a su tío, de modo que éste se ve precisado a alejarle de casa y a tomar en su lugar al hermano menor.

Nadan se venga: escribe cartas a los reyes de Persia y de Egipto para haber aparecer a Haikar como traidor, de modo que Senaquerib lo condena a muer­te. Cuando el rey de Asiria se halla en gra­ve aprieto por unas cuestiones que le pro­pone el rey de Egipto, a las que sólo Hai­kar hubiese podido dar solución, un hom­bre que había salvado al ministro revela al rey que Haikar vive todavía. El rey lo manda llamar y resueltas todas las difí­ciles preguntas que Faraón había propues­to a Senaquerib, Haikar es de nuevo admitido en la Corte y repuesto en su cargo en tanto que Nadan es severamente casti­gado. El propio ministro cada día le dirige una admonición paternal en forma de sen­tencia. Entonces Nadan pide perdón, pero antes de obtenerlo muere de muerte atroz. Ediciones: Conybeare, Harris, Lewis, The History of Ahikar from the Syriac, Arabio, Armenian, Ethiopic, Greek, and Slavonic Versions (Londres, 1898); Meissner, Das Marchen von weisen Achiqar (Leipzig, 1917).

G. Furlani