Historia de Europa Durante la Revolución Francesa, Heinrich von Sybel

[Geschichte der Revolutionszeit]. Obra capital del historia­dor alemán Heinrich von Sybel (1817-1895), editada en cinco volúmenes entre 1853-58, y en seis en la cuarta edición, revisada y completada, de 1877. Es la exposición de los principales acontecimientos de la histo­ria de Europa durante el período 1789-1800, encuadrados en los tres grandes aconteci­mientos: caída de la monarquía francesa por obra de la revolución democrática, aniquilamiento de Polonia con las dos últi­mas particiones y disolución del Imperio alemán en la guerra de la primera coalición. Trilogía cuya íntima unidad está constitui­da por la solidaridad histórica de la Edad Media que se derrumba, tanto en París co­mo en Varsovia y en el Imperio alemán, mientras triunfa una nueva forma política: la monarquía militar, que lo nivela todo y todo lo centraliza. El cuadro de dicha trans­formación es el verdadero asunto de la obra. Así, aunque el desarrollo interno de la Revolución francesa fue fecundo en re­sultados, y aunque en dicho período Goet­he, Schiller, Kant y Fichte tuvieron para el porvenir de alemania una importancia mucho mayor que los ministros y genera­les de Federico Guillermo II, el autor sólo dirige una mirada a los grandes escritores citados y sólo se ocupa del desarrollo in­terno de la revolución a partir del otoño de 1792, porque sólo entonces, con la acti­vidad militar de la misma, empieza su ac­ción directa sobre los demás Estados. Según la idea inspiradora de Sybel, el historiador no sólo ha de reconstruir e interpretar el pasado, sino intuir las causas, de los acon­tecimientos, sentir y proponerse la tarea de criticarlos, para reaccionar y educar. Así ocupó un puesto notable no sólo entre los historiadores de la unidad alemana, sino también en el movimiento liberal al que se adhirió con realismo político, en vista de las exigencias históricas y del momento po­lítico de su país.

G. Pioli

Historia de Escocia, William Robertson

[History of Scotland]. Obra del historiador escocés William Robertson (1721-1793), publicada en 1759. El título completo de la obra es: His­toria de Escocia bajo los reinados de la reina María y del rey Jacobo VI hasta su ascensión al trono de Inglaterra.

En los si­glos transcurridos entre la ejecución de Ma­ría Estuardo (1587) y la edición definitiva de esta obra, los historiadores de la infeliz reina se hallan exclusivamente entre los partidarios, animados de odio político y fa­natismo religioso. Robertson, valiéndose de colecciones de documentos públicos y pri­vados, como los de Cecil, sir Robert Cotton, Forbes y otros, pudo corregir las inexacti­tudes y evitar los errores de los primeros historiadores, presentando a los dos prota­gonistas bajo una luz de objetividad. La interferencia en la vida de María Estuardo de fuerzas superiores a ella; la reforma pu­ritana, con su héroe John Knox; el espíritu nacional y democrático que se oponía a la dependencia de Francia y que iba trans­formando la Escocia feudal; la pérfida as­tucia de Isabel, siempre alerta para crear discordias intestinas en Escocia; y también la impetuosidad de las pasiones de María, y la impulsividad de su propio carácter — que culminan en el casamiento, a sus veinte años, con lord Darnley; en la adhe­sión a la liga con Francia y España para el exterminio del protestantismo; en el casa­miento sucesivo con lord Bothwell, acusa­do por la opinión pública de ser el que ordenó el asesinato del rey — fueron las causas determinantes de su ruina.

El autor sostiene la inocencia de las relaciones de María con Rizzio, como la responsabilidad del rey en el asesinato de éste; admite, en cambio, que ambas tesis de la aprobación, anticipada o posterior, de María al ase­sinato del joven rey, ejecutado presumible­mente por mandato de Bothwell, pueden ser sostenidas con fundamento; y se inclina a admitir la autenticidad de sus cartas de amor — a pesar de ser tan crudamente li­bres — a Bothwell, antes y después del re­gicidio. Después de su casamiento con Both­well la tragedia se precipita y tiene su epílogo en un proceso ilegal e hipócritamente basado en cartas falsas presentadas sólo en «copias» que parecían probar la parte de María en la conspiración de Ba- bington y sus cómplices para asesinar a la reina de Inglaterra. La actitud regia de María en sus últimos días, y la heroica se­renidad de sus últimos momentos reciben un justo reconocimiento por parte de Ro- bertson, el cual niega decididamente la complicidad de María en la conjura de Babington, admitida hasta por historiadores recientes. La perfidia y el cinismo de Isa­bel, que afectó desfogar su aflicción y su ira sobre los ejecutores de la sentencia «sin su consentimiento», no quedan atenuados, en el cuadro del autor, por las razones de Estado que impelieron a la reina a suprimir un foco de oposición en el momento mismo en que estrechaba una alianza defensiva y ofensiva con Jacobo VI de Escocia, el cual, «en premio» de haber sofocado su impotente indignación por el asesinato de su propia madre, había de reunir, a la muerte de Isabel — designado por ella a sucederle poco antes de su muerte — en una unión personal, las dos naciones hermanas, Ingla­terra y Escocia.

El retrato de este monar­ca, débil física y moralmente, sin ideas decididas ni propósitos estables en materia religiosa, incapaz en política extranjera de directivas precisas más allá de la intriga, y en el interior de hacer surgir planes dic­tados siquiera por buenas intenciones, pa­rece más la suma de los defectos que las buenas cualidades de sus desgraciados pa­dres. La obra de Robertson, que tiene todos los caracteres de una historia «moder­na», mereció la aprobación de Burke, de Gibbon, de Holbach; pero fue atacada por unos como demasiado blanda y parcial para María y los católicos, y por otros como par­cialmente hostil hacia ella y blanda para Isabel y el protestantismo. Es notable, en el tercer volumen, la escogida colección de documentos.

G. Pioli

Historia De Europa, Pier Francesco Giambullari

[Istoria dell’Europa]. Obra de Pier Francesco Giambullari (1495-1555), publicada póstuma en 1556. Ajeno a la política y los cargos públicos, aoartado en el silencio de sus estudios, Giambullari consideraba la Historia como el género literario que ofrece al arte de la narración mayor variedad de recursos y un campo más amplio. El cansancio de la his­toriografía política, máxima gloria de los italianos de su tiempo, le hicieron concebir una historia en la que, por lo menos en el asunto, prevalecieran l^s intereses humanos en el sentido más amplio; y planeó una his­toria de Europa como unidad nacida de la fusión de los elementos romanogermánicos llevada a cabo por la Iglesia católica. Par­te. pues, del momento en que inician su fu­sión aquellos elementos, mientras se di­suelve el Imperio carolingio. La exposición de los acontecimientos, empezando por la caída de Carlos el Gordo (887), llega hasta 947, basándose, esencialmente, sobre la Antopodosis (v.) de Liutprando de Cremona y, secundariamente, sobre Saxo Gramaticus, Vitichindo, Reginone, Flavio Biondo, Bar- tolomeo Platina, Pandolfo Collenuccio y Polidoro Virgili de Urbino aue, siguiendo el ejemplo de Livio, había sido el primer italiano que había escrito una historia de Inglaterra. Pasando de las obscuras y admi­rables leyendas de los bretones y de los sajones a las dramáticas vicisitudes del rei­no feudal de Italia y de Roma de la edad férrea del Papado, de la leyenda de Tono Arquero (Guillermo Tell) a la descrioción de la coronación de Octavio I y a la no menos impresionante de Europa aterrori­zada bajo la amenaza de los húngaros, su pluma se muestra siempre noble y eficaz. A Giambullari le incumbe el mérito de ha­ber sido el primero en tratar *de las vici­situdes de la Europa medieval y en haber limitado su investigación a un período de tiempo muy breve de la vida europea, para conocerla mejor y describirla a fondo. Por este camino marca el paso de la historiogra­fía política a la erudita.

G. Franceschini

Historia de Escocia, William Robertson

[History of Scotland]. Obra del historiador escocés William Robertson (1721-1793), publicada en 1759. El título completo de la obra es: His­toria de Escocia bajo los reinados de la reina María y del rey Jacobo VI hasta su ascensión al trono de Inglaterra. En los si­glos transcurridos entre la ejecución de Ma­ría Estuardo (1587) y la edición definitiva de esta obra, los historiadores de la infeliz reina se hallan exclusivamente entre los partidarios, animados de odio político y fa­natismo religioso. Robertson, valiéndose de colecciones de documentos públicos y pri­vados, como los de Cecil, sir Robert Cotton, Forbes y otros, pudo corregir las inexacti­tudes y evitar los errores de los primeros historiadores, presentando a los dos prota­gonistas bajo una luz de objetividad. La interferencia en la vida de María Estuardo de fuerzas superiores a ella; la reforma pu­ritana, con su héroe John Knox; el espíritu nacional y democrático que se oponía a la dependencia de Francia y que iba trans­formando la Escocia feudal; la pérfida as­tucia de Isabel, siempre alerta para crear discordias intestinas en Escocia; y también la impetuosidad de las pasiones de María, y la impulsividad de su propio carácter — que culminan en el casamiento, a sus veinte años, con lord Darnley; en la adhe­sión a la liga con Francia y España para el exterminio del protestantismo; en el casa­miento sucesivo con lord Bothwell, acusa­do por la opinión pública de ser el que ordenó el asesinato del rey — fueron las causas determinantes de su ruina.

El autor sostiene la inocencia de las relaciones de María con Rizzio, como la responsabilidad del rey en el asesinato de éste; admite, en cambio, que ambas tesis de la aprobación, anticipada o posterior, de María al ase­sinato del joven rey, ejecutado presumible­mente por mandato de Bothwell, pueden ser sostenidas con fundamento; y se inclina a admitir la autenticidad de sus cartas de amor — a pesar de ser tan crudamente li­bres — a Bothwell, antes y después del re­gicidio. Después de su casamiento con Both­well la tragedia se precipita y tiene su epílogo en un proceso ilegal e hipócrita­mente basado en cartas falsas presentadas sólo en «copias» que parecían probar la parte de María en la conspiración de Babington y sus cómplices para asesinar a la reina de Inglaterra. La actitud regia de María en sus últimos días, y la heroica se­renidad de sus últimos momentos reciben un justo reconocimiento por parte de Robertson, el cual niega decididamente la complicidad de María en la conjura de Babington, admitida hasta por historiadores recientes. La perfidia y el cinismo de Isa­bel, que afectó desfogar su aflicción y su ira sobre los ejecutores de la sentencia «sin su consentimiento», no quedan atenuados, en el cuadro del autor, por las razones de Estado que impelieron a la reina a suprimir un foco de oposición en el momento mismo en que estrechaba una alianza defensiva y ofensiva con Jacobo VI de Escocia, el cual, «en premio» de haber sofocado su im­potente indignación por el asesinato de su propia madre, había de reunir, a la muerte de Isabel — designado por ella a sucederle poco antes de su muerte — en una unión personal, las dos naciones hermanas, Ingla­terra y Escocia.

El retrato de este monar­ca, débil física y moralmente, sin ideas decididas ni propósitos estables en materia religiosa, incapaz en política extranjera de directivas precisas más allá de la intriga, y en el interior de hacer surgir planes dic­tados siquiera por buenas intenciones, pa­rece más la suma de los defectos que las buenas cualidades de sus desgraciados pa­dres. La obra de Robertson, que tiene todos los caracteres de una historia «moder­na», mereció la aprobación de Burke, de Gibbon, de Holbach; pero fue atacada por unos como demasiado blanda y parcial para María y los católicos, y por otros como par­cialmente hostil hacia ella y blanda para Isabel y el protestantismo. Es notable, en el tercer volumen, la escogida colección de documentos.

G. Pioli

Historia de Enrique Esmond, William Makepeace Thackeray

[The History of Henry Esmond, Esquive], Nove­la del inglés William Makepeace Thackeray (1811-1863), publicada en 1852. El autor finge que la obra se escribió en el reinado de Jorge II.

El héroe de la novela, el noble Enrique Esmond, se traslada a sus pose­siones de Virginia y allí escribe sus memo­rias. Después de la muerte de su padre, tercer vizconde de Castlewood, que le ha­bía creído siempre hijo ilegítimo, Enrique es educado por el cuarto vizconde de Castle­wood y por su joven esposa. Lady Cas­tlewood tiene apenas diez años más que el muchacho que, al casarse, encontró en casa de su marido y al que toma bajo su pro­tección. Cuando, a causa de la viruela que le fué contagiada por Enrique, ella pierde gran parte de su deslumbrante belleza, y el marido la descuida, Lord Mahun quiere aprovecharse tratando de seducir a la joven esposa. A estas tentativas sigue un duelo, que Esmond trata en vano de evitar y en el que lord Castlewood pierde la vida. An­tes de morir revela a Enrique que el ma­trimonio de sus padres se había celebrado legalmente y que por ello tenía derecho al título de vizconde y a las posesiones de Castlewood. Pero Esmond, para no arruinar a la mujer que lo ha tratado con tanta bondad, y a sus dos hijos, Francisco y Bea­triz, renuncia a hacer valer sus derechos y se aleja del castillo. Después de varios años, que pasa combatiendo a las órdenes del célebre caudillo duque de Malborough, Esmond vuelve a Castlewood y se ena­mora de Beatriz, que durante aquel tiempo se ha convertido en una joven de rara belleza.

Lady Castlewood, cuyo afecto por el muchacho se ha convertido, sin ella darse cuenta, en amor por el hombre, hace todo lo posible por arreglar el matrimonio entre ambos jóvenes; pero Beatriz, vana y orgullosa, jamás aceptaría casarse con un hombre obscuro como Esmond. Se promete con el duque de Hamilton, que muere an­tes de la boda. Esmond, disgustado por el comportamiento de Beatriz, se casa con lady Castlewood y se retira con ella a sus posesiones de Virginia. La Historia de En­rique Esmond está considerada como la mejor novela de Thackeray, y no hay duda que, desde el punto de vista artístico, ésta es la obra más completa y perfecta del au­tor. Al contrario de lo que ocurre en sus demás novelas, Thackeray cuenta en ésta la vida entera del protagonista, en lugar de presentar solamente un período más o menos largo de ella, tal como ocurre en la Historia de Pendennis (v.), en Los New- comes (v.), en la Feria de las vanidades (v.). Sin embargo, la obra, como todas las narraciones de Thackeray, carece de cohe­sión; en ella queda patente, si bien en menor grado, la incapacidad del autor para desarrollar la acción, evitando las digre­siones y todo lo accesorio. Es vivísima la. evocación de la época, los primeros años del siglo XVIII, en los que está situada la narración. La transformación gradual de los sentimientos de lady Castlewood por Esmond, está llevada con mano singular­mente delicada, pero Beatriz, con su des­piadado egoísmo, es el carácter mejor lo­grado de la obra. Algunos de los personajes de esta novela se hallan también en Virginianos (v.). [Trad. española de A. Brunet (Barcelona, 1943) ].

S. Rosati

Dickens se servía de la realidad cuando trataba de conseguir efectos novelescos; Thackeray se servía del lenguaje vago y de las aproximaciones de lo novelesco cuando trataba de conseguir efectos reales. (Chesterton)