La Historia de los Dogmas, Joseph Turmel

[Histoire des dogmes] del sacerdote modernista Joseph Turmel (n. 1859), publicada desde 1931 a 1936 en seis volúmenes, es sustancial y de­claradamente la recomposición de un ma­terial recogido en obras precedentes, como lo indica también el método seguido, que consiste en tratar polémicamente cada dog­ma en sí mismo, en lugar de considerarlos en su conjunto por épocas, como hacen los más recientes. El tratado procede a base de citas contrapuestas al objeto de demos­trar las variaciones del dogma considerado, sin determinar, por lo general, el proceso doctrinal; no le favorece tampoco el agrio espíritu antieclesiástico que inspira cada volumen, en el que aflora visiblemente el sentir volteriano que atribuye a la Iglesia un consciente propósito de engaño al im­poner como verdades reveladas afirmacio­nes que nada tienen que vér con Jesús y el Evangelio. En el terreno de las conclusiones, pretende indicar con precisión la fecha de origen de cada dogma.

M. Bendiscioli

Historia de los Dogmas, Rheinhold Seeberg

[Dogmengeschichte] de Rheinhold Seeberg (1859- 1935), publicada en cinco volúmenes desde 1895 a 1920, realizada con la misma ampli­tud que la de Harnack, pero desde un pun­to de vista conservador. Seeberg, conven­cido del valor esencial del dogma para la vida de la Iglesia y especialmente para la luterana, en la que ocupó en la postguerra altos cargos directivos, se ha propuesto des­cribir cómo se formó este patrimonio doc­trinal y a qué leyes ha obedecido este proceso de la conciencia cristiana. También él concede gran valor á los factores his­tóricos y, no sólo admite una evolución, sino también una transformación del dog­ma; pero mantiene incólume el principio de la existencia de un dato de Revelación preliminar como presupuesto y punto de partida de la evolución dogmática, así co­mo la distinción entre la reelaboración per­sonal del teólogo y la oficial de la Iglesia, que constituye propiamente el dogma. La obra trata sucesivamente de los comienzos, de la historia de los dogmas en la Iglesia antigua y en la medieval, del origen del concepto dogmático protestante, del des­arrollo de la doctrina protestante y del de la contrarreforma católica, abarcando así los dos siglos XVI-XVII y aún más allá. El manual de Seeberg, del que también hay un «Compendio», es, pues, una signi­ficativa expresión del renacimiento de la conciencia teológica en la alemania de la postguerra y de su repercusión en la his­toria de los dogmas.

M. Bendiscioli

Manual de Historia de los Dogmas, Adolph Harnack

[Lehrbuch der Dogmengeschichte], en tres vols., del más polifacético y fecundo investigador de la historia del Cristianismo de la pasada generación, Adolph Harnack (1851-1934), procedente, como teólogo, de la escuela idealista de Ritschl y, como historiador, de la de Ranke. Funde la erudición historico- literaria con la especulación teologicofilo- sófica en la interpretación del Cristianismo, de sus orígenes, de su historia. Presentán­dose el Cristianismo como doctrina, como un sistema de dogmas, el autor ha empren­dido la tarea de explicar estos dogmas his­tóricamente, como el efecto de la reflexión teológica sobre la personalidad de Cristo, su predicación y su obra por parte de individuos formados en cierta atmósfera cul­tural, movidos por determinadas necesida­des teóricas y prácticas, bajo la sugestión de vastos movimientos espirituales, y en el marco de sólidas instituciones sociales, co­mo el monacato. Esta imponente obra, en tres gruesos volúmenes, en que la vasta erudición no es óbice para que la exposi­ción se mantenga viva y cálida aun dentro de la cautela del crítico que sabe distinguir en sus afirmaciones lo que es dato seguro de lo que es solamente hipótesis necesitada de comprobación, se presentó con el pri­mer volumen «El origen del dogma ecle­siástico», en 1886, eclipsando muy pronto los anteriores manuales que privaban en la cultura.

La nueva tesis de Harnack era que «el dogma en su concepción y en su des­arrollo es la obra del espíritu griego en el campo del Evangelio», es decir, que es el producto de la filosofía griega aplicada a los datos evangélicos; la historia del origen y del desarrollo del dogma es, pues, la his­toria de la especulación helenística en tor­no a los temas candentes en las conciencias cristianas y fijados en los escritos del Nue­vo Testamento, tal como se presenta en és­tos y en las corrientes filosóficas, que él llama «gnósticas», asimiladas por la Igle­sia. El segundo y el tercer volúmenes (pu­blicados respectivamente en 1887 y 1889) describen «el desarrollo del dogma como doctrina del hombre-Dios sobre la base de la teología natural» (especialmente en la teología griega) y la sucesiva ampliación y transformación de tales dogmas en una teoría del pecado, de la gracia y de los medios de gracia «sobre la base de la Igle­sia» (lo cual fue esencialmente obra de la teología occidental y de la Edad Media); finalmente, se describe «la triple conclu­sión de la historia de los dogmas en el catolicismo romano (con el Concilio Triden- tino y el Concilio Vaticano), en el anti- trinitarismo y en el socinianismo y en el protestantismo». Harnack se detiene mayor­mente en la historia antigua del dogma, al paso que procede con rapidez en el examen de cuanto se refiere a la actividad doctrinal de los maestros medievales y de la Igle­sia medieval, como también en la última parte, en la que es sorprendente que no trate del desarrollo dogmático del lutera- nismo, desde la «confesión de Augsburgo» hasta las «fórmulas de concordia».

La ra­zón de ello está en que Harnack estima ce­rrada con la Edad Media la época creadora del dogma y juzga que el protestantismo vive de impulsos radicalmente nuevos y que constituye una nueva forma de religiosi­dad en la que los elementos dogmáticos tra­dicionales por él admitidos carecen ya de toda función vital. Precisamente a causa de esto en los centros conservadores se tuvo la impresión de que Harnack acababa por resolver la historia del dogma en his­toria de la filosofía, y a raíz de ello se pro­dujeron vivas reacciones en los círculos del luteranismo ortodoxo. Harnack tiende a reducir el contenido originario del men­saje de Jesucristo al único artículo moral de la paternidad de Dios: por ende, se ha visto obligado a admitir en las doctrinas filosoficorreligiosas helenísticas o hebraicas, las ideas de pecado, redención, gracia e Iglesia que constituyen la substancia del dogma cristiano desde los tiempos del Nue­vo Testamento. De aquí su tendencia a dis­tinguir en la ortodoxia corrientes distintas, a construir sobre una frase todo un sistema doctrinal, a ver en las fórmulas dogmáticas el resultado de un complejo trabajo sin­crético. Y ésta es la que a muchos les pa­rece la parte más endeble, mientras todos están de acuerdo en admirar la fuerza con que el autor sabe ilustrar las fuerzas his- toricoespirituales que paso a paso van im­poniendo a la conciencia eclesiástica el motivo dominante de su actividad reflexiva. Las líneas maestras emergen con plena evi­dencia en el Compendio [Grundriss] publi­cado poco tiempo después.

M. Bendiscioli

Historia de los Clavering, Anthony Trollope

[The Claverings]. Novela del escritor inglés Anthony Trollope (1815-1882), publicada en 1867. Es la historia de una familia inglesa de principios del siglo XIX, o por lo me­nos de algunos años de la vida de esta familia, que transformaron completamente el destino de la misma.

Los Clavering están divididos en dos clanes: los mayores, here­deros del título y de la fortuna, y los jó­venes, representados por el pastor, su mu­jer y sus hijos. La casa del pastor y la mansión solariega sólo están separadas por media legua de parque y de pueblo, pero los dos clanes viven en dos mundos dife­rentes, se hacen mutuos cumplidos y se critican implacablemente. El verdadero hé­roe de la novela es Harry, el hijo del pas­tor. Harry pide la mano de una muchacha ambiciosa que es la hermana de lady Cla­vering, pero ella le rechaza para casarse con un viejo lord, rico y libertino, que la lleva a Italia y la trata abominablemente; pero cuando muere, un año después de su matrimonio, la deja heredera de todos sus bienes (con una reputación muy compro­metida). En el intervalo, Harry se ha pro­metido con una muchacha muy joven y se cree curado de su primer amor. Julia re­gresa a Londres, viuda, rica, bella y muy aislada a causa del escándalo que la ha precedido; el muchacho será su único ami­go, su sostén y su confidente. Él no osa declararle que está comprometido, y un día pierde la cabeza y la abraza. Luego se suceden los arrepentimientos y las luchas de conciencia, nuestro débil héroe retorna a su joven prometida que le espera, y Julia hace gala de una nobleza de conduc­ta que no cabía esperar dado su comporta­miento del principio.

La fortuna es muy dura con ella, pues lord Clavering muere en un accidente y su sobrino Harry le sucede en el título, transformándose así en el marido ideal que había soñado con­quistar la orgullosa. Éste es el tema prin­cipal, pero como en todas las novelas de Trollope, los personajes secundarios viven una vida rica en matices y tan sugestiva a veces, o quizá más, que la de los héroes escogidos por el autor: sir Hugh Clavering, egoísta, brutal incluso con su mujer es­túpida y torpe; Florence Burton, la novia triunfante, y su familia, que forman uno de esos grupos modestos y encantadores de la pequeña burguesía que Trollope se com­place en pintar en contraste con la bri­llante sociedad de las casas solariegas; fi­nalmente, los dos grotescos pretendientes de Julia atraídos por su fortuna, y una sor­prendente mujer, medio entremetida, medio parásita, que sigue los pasos de Julia li­gada a ella. Trollope creía que el valor de esta novela radicaría sobre todo en sus páginas cómicas; para nosotros es imposible limitar a esas páginas el agradable placer que nos procura este retablo de época, vi­viente y evocador.

Historia de los Cinco Reyes, Prudencio de Sandoval

Obra del historiador español Prudencio de Sandoval (1553?-1620?), benedictino, abad de San Isidoro de León y, sucesivamente, obis­po de Tuy y de Pamplona. Muy aficionado a la investigación, le dieron a conocer sus trabajos sobre la historia de su Orden, así como una Crónica de Alfonso VII (1600), que amplía y en parte rectifica la latina coetánea de dicho rey. En el mismo año fue nombrado cronista oficial para continuar la Crónica general de España (v.) iniciada por Ocampo y proseguida por Morales, que escribió hasta el libro XVII. Sandoval em­pezó, pues, en el punto a que éste había llegado, haciendo el libro XVIII, que com­prende la Historia de… Fernando II]… Sancho… Alonso sexto… Urraka… [y] Alonso séptimo, llamada usualmente, por abreviar, «de los cinco reyes». No fue publicada hasta 1615, y él pondera su mu­cho esfuerzo para no repetir simplemente lo ya consignado en otras historias; «he mendigado, dice, cuanto he podido, sa­cado de libros viejos y nuevos, de pri­vilegios y otros papeles, piedras, diarios, memorias y cartas pontificales, lo que el mismo libro dirá». Su papel era difícil, por haberle tocado continuar el trabajo de Mo­rales, que trató la materia histórica con un respeto y eficacia pocas veces igualados.

Con todo, no desmerece demasiado su labor, muy apoyada en fuentes documentales. Su interés por las crónicas antiguas lo demues­tra, además de la ya citada de Alfonso VII, su publicación de las de Idacio, S. Isidoro, Alfonso III, Sampiro y Pelayo, edición que suele llamarse «de los cinco obispos» y apa­reció también en 1615. Expresa, sin embar­go, mucho desprecio por ellas, y sus citas de fuentes se refieren siempre a documen­tos, práctica saludable sin duda. Lo malo es — y en ello está su más considerable di­ferencia de Morales — que no suele contentarse con lo que sus fuentes le enseñan, añadiendo de su propio magín pormenores muy curiosos, pero que hacen perder la confianza en la probidad y veracidad del autor. En cambio, debe anotarse en su haber el mucho lugar que da en su obra a los hechos de los caballeros particulares, en vez de monopolizar los monarcas su aten­ción, como era el caso más frecuente. La exposición es brillante y atractiva.

B. Sánchez Alonso