Obra del historiador español Prudencio de Sandoval (1553?-1620?), benedictino, abad de San Isidoro de León y, sucesivamente, obispo de Tuy y de Pamplona. Muy aficionado a la investigación, le dieron a conocer sus trabajos sobre la historia de su Orden, así como una Crónica de Alfonso VII (1600), que amplía y en parte rectifica la latina coetánea de dicho rey. En el mismo año fue nombrado cronista oficial para continuar la Crónica general de España (v.) iniciada por Ocampo y proseguida por Morales, que escribió hasta el libro XVII. Sandoval empezó, pues, en el punto a que éste había llegado, haciendo el libro XVIII, que comprende la Historia de… Fernando II]… Sancho… Alonso sexto… Urraka… [y] Alonso séptimo, llamada usualmente, por abreviar, «de los cinco reyes». No fue publicada hasta 1615, y él pondera su mucho esfuerzo para no repetir simplemente lo ya consignado en otras historias; «he mendigado, dice, cuanto he podido, sacado de libros viejos y nuevos, de privilegios y otros papeles, piedras, diarios, memorias y cartas pontificales, lo que el mismo libro dirá». Su papel era difícil, por haberle tocado continuar el trabajo de Morales, que trató la materia histórica con un respeto y eficacia pocas veces igualados.
Con todo, no desmerece demasiado su labor, muy apoyada en fuentes documentales. Su interés por las crónicas antiguas lo demuestra, además de la ya citada de Alfonso VII, su publicación de las de Idacio, S. Isidoro, Alfonso III, Sampiro y Pelayo, edición que suele llamarse «de los cinco obispos» y apareció también en 1615. Expresa, sin embargo, mucho desprecio por ellas, y sus citas de fuentes se refieren siempre a documentos, práctica saludable sin duda. Lo malo es — y en ello está su más considerable diferencia de Morales — que no suele contentarse con lo que sus fuentes le enseñan, añadiendo de su propio magín pormenores muy curiosos, pero que hacen perder la confianza en la probidad y veracidad del autor. En cambio, debe anotarse en su haber el mucho lugar que da en su obra a los hechos de los caballeros particulares, en vez de monopolizar los monarcas su atención, como era el caso más frecuente. La exposición es brillante y atractiva.
B. Sánchez Alonso

