Historia del Tradeunionismo, Sidney y Beatrice Webb

[History of Trade Unionism]. Obra histórica in­glesa de Sidney (1859-1947) y Beatrice (1858-1943) Webb, publicada en 1884, de im­portancia fundamental para la historia de aquel típico movimiento económico y social que es el tradeunionismo inglés, inspirado en los principios del fabianismo, movimiento completamente intelectual, distinto del so­cialismo marxista, y que propugna una reconstrucción económicosocial, no con méto­dos revolucionarios, sino con la aplicación gradual de las reformas; los Webb fueron fervientes sostenedores de este movimiento. La obra, dividida en ocho capítulos, trata de los orígenes dé^ tradeunionismo, de su lu­cha por la existencia (1799-1825), del período revolucionario (1829-1842), durante el cual los trabajadores ingleses conquistaron sus principales derechos, del nuevo espíritu que animó a las organizaciones obreras des­de 1843 a 1860 y de su evolución en el pe­ríodo siguiente, es decir, cuando se afirmó el nuevo unionismo, que se distingue del antiguo por su carácter decididamente polí­tico. Esta última parte es, sin duda, la más interesante, ofreciéndonos un análisis agudo de las razones y de las fuerzas que determi­naron la evolución del tradeunionismo, el cual, surgido en la época de la revolución industrial, fue durante casi medio siglo exclusivamente sindicalista. La Trade Union era un cuerpo apolítico, y como tal se man­tuvo hasta la fundación, ocurrida hacia fines del ochocientos, del Independent Labour Party y de la Social Democratic Federation.

M. Borsa

Historia del Sillón 41.º de la Academia Francesa, Arsène Housset

[Histoire du 41.º fauteuil de l’Académie française]. Obra de Arsène Housset, llamado Houssaye (1815-1896), publicada en 1894. La evocación del pasado se hace en esta obra en forma son­riente y alegre que descubre impensados motivos de ironía. Si Richelieu dio a la Academia 40 sillones, con este volumen fue creado el verdadero y ambicionado 41.°, porque se ve, por el examen de los exclui­dos, que dicho sillón podía ser ocupado por espíritus al menos tan dignos como los que legalmente ocuparon los otros. El autor describe las costumbres de los grandes hom­bres del sillón de los excluidos, y a veces, hasta les hace hablar dando a sus discursos de imaginaria recepción un timbre que ar­moniza adecuadamente con los diversos per­sonajes: de todo ello resulta una rica y aguda visión caricaturesca que explica el éxito del libro. Si en el siglo XVII, desde Descartes a Pascal, Molière y La Rochefoucauld, por no decir otros, fueron bien extrañas las omisiones de la Academia, en el XVIII, desde Saint-Évremont a Malebranche, desde Vauvenargues a Saint-Simon, a Prévost y a Diderot, a André Chénier, a Beaumarchais y a Rivarol, todavía en el siglo XIX Courier y Constant, Stendhal y Balzac, Lamennais y Nerval, Gautier y Michelet pueden mostrar por sí mismos cómo van más de una vez las cosas en los Parnasos contemporáneos. Bastante feliz es el pueblo de Francia, que se elige de por sí a sus verdaderos benjamines, sin escuchar las indicaciones oficiales de la gloria. Un espíritu sutil conduce la evocación del pa­sado de perfil en perfil: bastaría leer el pi­cante cuadrito que se ocupa de las peri­pecias de Pirón — del que según dice su agudo y epigramático epitafio, no fue nada, ni siquiera académico — para mostrar la vi­vacidad de la parodia.

C. Cordié

Historia del Siglo XIX Después de los Tratados de Viena, Gottfried Gervinus

[Geschich­te des 19. Jahrhunderts seit der Wiener Verträgen]. Obra del historiador alemán Gottfried Gervinus (1805-1871), típico re­presentante de la dirección liberal en la historiografía alemana. Publicada en ocho volúmenes entre 1855-66, sólo abarca 15 años, deteniéndose en la revolución de ju­lio de 1830. El fin y el diseño de la obra aparecen en la dedicatoria a su «venerado maestro y amigo» Friedrich Christoph Schlosser: «ofrecer un cuadro de toda una época de engaños y de mentiras, de obs­tinación en los potentados y de somnolen­cia en los subalternos, de congresos y de protocolos, de persecuciones políticas y de conjuraciones, de esperanzas y de desen­gaños, desde 1815 en adelante», que par­tiese de la Geschichte des XVIII Jahrhun­derts del propio Schlosser. Aunque el autor reconozca que lo incompleto de las fuentes, por lo común inciertas y todavía inexplo­radas, no permiten a tan breve distancia de los acontecimientos más que un breve es­bozo o tentativa, hace también notar que el aspecto general de ellos, aunque se ocultase en los gabinetes de los gobiernos y de los diplomáticos, se manifiesta públicamente en los impulsos y en las tenden­cias de los pueblos, y que su historia trata de señalar «el curso de las ideas directrices de la época…, de las cuales un contempo­ráneo estará siempre en condiciones de dar más inmediato y auténtico testimonio que ningún otro», siempre que sepa mantenerse imparcial, alejándose de su tiempo como si no tuviese relaciones personales con el pre­sente. La actitud liberal del autor, que le había ya costado la pérdida de la cátedra de Historia en la Universidad de Gottinga y que debía amargarle los últimos días, en los que asistió a la fundación del Imperio germánico bajo la hegemonía de Prusia, se transparenta en los juicios que hace so­bre las personas y sobre los acontecimien­tos: por ejemplo, de su retrato de Metter­nich y en las críticas que hace de las injusticias cometidas al determinar el repar­to de territorios, violando el principio de las nacionalidades, el Congreso de Viena, «que negó que los pueblos puedan tener derechos en desacuerdo con los de sus prín­cipes, y concedió que esos derechos podían ser considerados como instrumentos de pro­piedad privada». La Historia del siglo XIX es para el autor la historia de la afirma­ción y del triunfo inicial de las ideas libe­rales, al servicio de las cuales puso toda su obra.

G. Pioli

Historia del Señor William Lovell, Ludwig Tieck

[Geschichte des Herrn Wilhelm Lovell], Novela epistolar en tres volúmenes de Ludwig Tieck (1773-1853), iniciada en 1793 y publicada en 1795-96. El nombre del pro­tagonista está tomado del de Lovelace (v.) de la Clarisa (v.) de Richardson, en tanto que El campesino pervertido (v.) le sugirió la intriga de la complicada trama y la fi­gura del libertino engañador y simpático, que tiene también algunos rasgos de Clavijo (v.). La forma epistolar proviene de Las cuitas del joven Werther (v.), y William Lovell trata de ser a un tiempo una confesión y una novela psicológica. William Lovell (v.) es un Werther (v.) sin poesía. Joven y elegante lord, exaltado y sensual, comienza sus aventuras engañando a una jovencita lacrimosa de la que era prome­tido. Cuando su padre le envía en viaje de instrucción, cae en París en las manos de una mujer astuta que devora su dinero; acompañándose después de libertinos y epi­cúreos trata de sofocar los remordimientos hasta que parte para Italia. Llegado a Ro­ma, encuentra un intrigante, Andrés, que corrompe en él lo que le quedaba de puro, justificando todas sus acciones con la filo­sófica doctrina del sensualismo y del liber­tinaje.

Lovell termina formando parte de una banda de picaros y ladrones, pero ni aun en el mal puede ser positivo y con­tinúa siendo víctima de los cómplices, que en un momento dado lo abandonan juzgándole un inepto. Lovell intenta entonces rehabilitarse idílicamente cultivando «flores y árboles en busca de lo que los hombres le han arrebatado», pero Andrés, que espe­raba vengarse de él por una antigua ofen­sa, lo encuentra, y Lovell cae bajo los golpes de un sicario. Esta novela juvenil, a pesar de las múltiples reminiscencias, conserva en su conjunto una marca neta­mente tieckiana. Un Tieck al que el pesi­mismo confiere actitudes más morales que libertinas, aunque se deleite en descripcio­nes eróticas y sensuales y, bajo el disfraz inglés, un Tieck que, como buen «ilustrado», se predica a sí mismo y lleva a las últimas consecuencias lógicas y psicológicas lo que le hubiese ocurrido de haberse abandonado a seguir su propio yo arbitrariamente, y si no hubiese encontrado a su amigo Wackenroder en lugar de encontrar a un Andrés. Lovell, importante como narración típica­mente romántica, de concepción solipsista, halla en Godwy (v.) su hermano román­tico, y también un desenvolvimiento más completo y sustancioso en el Titán (v.) de Jean Paul.

G. F. Ajroldi

Historia del Señor Morgenthad, Johann Heinrich Jung

[Geschichte des Herrn von Morgenthau]. Obra del escritor alemán Johann Heinrich Jung (1740-1817), llamado Stilling por per­tenecer a círculos pietistas («stillen») du­rante su estancia como médico en Elberfeld. Publicada en 1779, esta novela se ins­pira en el quietismo burgués y pasivo del ambiente en que nació, iluminado por un sentimiento místico propio del autor. La escena se desenvuelve en un tranquilo va­lle solitario del ducado de Hochbergen, cir­cundado por montes selváticos y atravesa­do por límpidos riachuelos; marco idílico en el que aparece un buen día, no se sabe de dónde, un señor con el simbólico nombre de Morgenthau («el rocío de la mañana»). El señor Morgenthau construye un castillo en el valle, y con recursos financieros al parecer ilimitados, ayuda a los pobres y a los enfermos de las inmediaciones, pone en marcha pequeñas alquerías de campe­sinos en los puntos más fértiles, y en se­guida contrata operarios para la construc­ción de una pequeña ciudad. Además, luego de casarse con la hija única del piadoso pastor Steilmann, con la que le ligó un casto amor desde el primer encuentro, di­rige también su benevolencia hacia otras parejas necesitadas de ayuda para llegar a la felicidad, no dejando pasar ninguna ocasión de propaganda social y cristiana en­tre los habitantes de los alrededores, pro­paganda que didácticamente ocupa muchas páginas de la obra con discusiones sobre temas morales y religiosos.

La conclusión es providencial, como el espíritu de la no­vela: se descubre que el señor Morgenthau es el hijo legítimo del duque de Hochkbergen y recibe como tal los debidos honores. Expresión de un moralismo sentimental y conformista en el que la experiencia reli­giosa pierde su vitalidad por desecarse en los plácidos esquemas del pietismo (v.); la obra constituye, sin embargo, una no in­fecunda tentativa de llevar el ideal pietista más allá de los estrechos confines de los círculos practicantes, para insertarla en el mundo literario y cultural. Stilling, perte­neciente al círculo de escritores moralistas que florecieron en la estela de Klopstock durante la época iluminista de Lessing y de Federico el Grande, difunde mejor su fervor de vida espiritual y religiosa en la Historia de la vida de Enrique Jung, lla­mado Stilling, publicada por Goethe en el período de Estrasburgo. En las novelas, su energía de iluminación divina no logra encarnarse en figuras y en cosas que ten­gan una concreta reacción de sentimientos y permanece como puro valor psicológico y seducción novelística en su básica falta de arte.

A. Cori