Historia de tres Generaciones, Jacques Bainville

[Histoire de trois générations]. Obra del his­toriador francés Jacques Bainville (1879- 1936), publicada en 1934. Tres generaciones desfilan de 1814 a 1914 entre las peripecias heroicas y trágicas de Francia, en un siglo dominado por los exaltados recuerdos de las guerras napoleónicas y por el sentimiento de una misión liberadora y coordinadora de los pueblos que Napoleón le dejaba en herencia desde Santa Elena. En vano luchó Metternich contra el principio de las nacio­nalidades, comprendiendo el peligro de la formación de nuevos estados con sus ambi­ciones; en vano Luis Felipe se opuso a la voluntad de guerra contra los «tiranos» y a la abolición de los tratados de 1815, que garantizaban la integridad territorial fran­cesa. Napoleón III recogió el testamento del tío, se hizo intérprete, participando en ellas, de aquellas tendencias, y tras un breve período de fascinación, llevó a Francia a Sedán. En Versalles se fundó el Imperio Germánico, en tanto que poco después fra­casaba la monarquía francesa. La Tercera República se fundó sobre la paz desarmada, creyéndola esencial para la paz europea, y se meció en la seguridad del bienestar al­canzado, hallando una derivación para las aspiraciones nacionales en el colonialismo.

Por el contrario, el nacionalismo germánico, asociado en sus orígenes con la idea liberal, se desenvolvió en el sentido imperialista y se colocó amenazador frente a Francia. La agresión alemana de 1914 no bastó para hacer repudiar a la política democrática. Y así las ideas y las doctrinas, a las que los franceses se habían sacrificado, fueron re­chazadas con desprecio y con irrisión por los pueblos que las habían usado para su ascensión. Doloroso examen de conciencia, en vísperas de la catástrofe que el autor no vio, y apasionada requisitoria, templada en líricas páginas de una afectuosa piedad hacia la Patria, «Cristo de las Naciones». En sustancia, la Francia democrática fue des­viada por un idealismo contrario a sus in­tereses en beneficio de pueblos que en deter­minados momentos se han revelado como sus enemigos. Es fácil oponer que el prin­cipio de nacionalidad se habría abierto ca­mino igualmente y que, si para la existencia de Francia, era necesario que el principio de nacionalidad se aplicase sólo a ella, per­maneciendo los demás pueblos divididos y desmembrados, precisamente esto mismo la condenaba a ser rechazada por las naciones jóvenes.

P. Onnis

Historia de Tom Jones, Expósito, Henry Fielding

[The History of Tom Jones, a Foundling]. Novela del escritor inglés Henry Fielding (1707-1754), publicada en 1749, en 6 vo­lúmenes divididos en 18 libros, cada uno de los cuales está precedido por un ensayo (a menudo escrito en una excelente prosa) sobre un tema más o menos relativo a la his­toria.

Tom Jones es hijo adoptivo del rico filántropo Mr. Allworthy, un modelo de virtudes, verdadera encarnación de la jus­ticia y de la caridad, «alter ego» de la Pro­videncia: éste encontró misteriosamente una noche, en su cama, a ese hijo de descono­cidos y lo educó junto a su sobrino y legí­timo heredero, Blifil. Blifil es el sinvergüen­za que se contrapone al héroe de la novela, Tom; egoísta e hipócrita, odia a Tom, que se ha ganado el cariño de la bella Sofía, hija del iracundo «squire» Western, un gran ca­zador. Pero Tom, al principio, tiene puesto su corazón en otros intereses: mantiene re­laciones con Molly Seagrim, la hija de un guardabosque, y desea casarse con ella; se da cuenta por fin que en realidad ha sido ella quien ha tratado de seducirle y, con la conciencia más ligera, trata de correspon­der a la pasión de Sofía. Pero la tía de ésta, conociendo el secreto de la muchacha, ace­lera los preparativos para su boda con Blifil. Tom, calumniado por Blifil, con la ayuda del envidioso preceptor Twackum y de su colega, el filósofo Square, es echado de casa de Mr. Allworthy y se dedica al vagabun­deo, acompañado, como Don Quijote (v.) por su Sancho (v.), por el charlatán, bobo, medio interesado y medio aficionado maes­tro de escuela Partridge, que le mete en mil apuros.

Entretanto, Sofía, muchacha enér­gica, envía a Tom todo su dinero y huye de casa para evitar su boda con Blifil; se refugia en un hotel, pero tiene la sorpresa de comprobar que también se hospeda allí Tom, pero con una aventurera, la señora Waters, a quien él salvó de los bandidos. Sofía no sabe dejar otro testimonio de su reproche que su manguito, que abandona sobre la cama de Tom con su nombre es­crito en una tarjeta. El argumento va complicándose cada vez más. Sofía se refu­gia en casa de su prima, lady Bellaston, que le prepara una pérfida trampa para que la chica se case con un hombre de su mundo, disoluto y equívoco, lord Fellamar. Tom, buscando a Sofía, encuentra a lady Bellas­ton y tiene una aventura con ella, pero una noche, dirigiéndose a una cita que ella le ha concedido, encuentra, en cambio, a Sofía; la intervención de lady Bellaston da origen a escenas bastante cómicas. Tom va a la cárcel, más tarde, por haber herido grave­mente a un hombre en legítima defensa; abandonado por todo el mundo, se encuen­tra al borde del abismo. Se descubre, por fin, que Tom es hijo de la hermana de Allworthy; Blifil había interceptado la carta con que ella, en trance de muerte, informa­ba a su hermano del asunto. El descubri­miento y al mismo tiempo el desenmasca­ramiento de Blifil cambian la situación: Tom llega a ser heredero de su tío, y Western consiente en que Sofía se case con él.

Fiel­ding basa su moral sobre la «bondad natu­ral del corazón», que a su parecer redime todo defecto; y la bondad instintiva de Tom se pone continuamente de manifiesto con efusiones de retórica sentimental; sin em­bargo, aparte de este aspecto, característico de su siglo, la novela tiene cualidades de vigor realista y de sana comicidad que ha­cen de él un clásico de todos los tiempos. Simeone Antonio Sografi (1759-1818) extrajo de esta obra una comedia homónima que es, empero, una de las peores que salieron de su pluma. [La primera versión castellana traducida directamente del inglés es la de don Ignacio de Ordejón (Madrid, 1796). Existe una versión moderna de G. Sans Huelín (Madrid, 1933).]

M. Praz

Como todas las otras obras del autor, tam­bién este libro se lee como se bebería un vino generoso, sano y robusto, que rebosa de buen humor y tonifica, sin carecer del perfume delicado de los vinos refinados. (Taine)

El tono filosófico es una de las cosas que a muchos nos hacen apreciar a Fielding: la solidez y la humanidad de su caracteriza­ción son unos de los motivos que le dan un sitio tan elevado en nuestro Panteón. Indu­dablemente él pensaba que era su filosofía lo que daba peso a una forma literaria ge­neralmente tan frívola y sin importancia. (J. W. Beach)

La Historia de Sir Carlos Grandison, Samuel Richardson

[The History of sir Charles Grandison]. Novela en siete volúmenes, del in­glés Samuel Richardson (1683-1761), pu­blicada en 1754. Después del gran éxito al­canzado por Pamela (v.) y Clarisa (v.), el autor creó un personaje que encarna el ideal masculino de la novela realista-pedagógico- sentimental que él puso de moda.

Enriqueta Byron, que acaba de llegar a Londres, se ve rodeada por numerosos cortejadores, entre los que destaca un tal Hargrave Pollexfen, bello y presumido. Al verse rechazado por la muchacha, trata de raptarla a la salida de un baile, pero sir Carlos, que casual­mente se encuentra allí, lo impide, y pronto la amistad que nace entre él y Enriqueta se transforma en amor. Sin embargo, Car­los está ya comprometido; en efecto, en Ita­lia había conquistado sin quererlo el cora­zón de Clementina della Porretta. Al partir él, la joven había caído en una profunda melancolía, y ahora se encuentra tan mal que los señores Della Porretta invitan al joven a que regrese, dispuestos a dar su consentimiento a la boda. Así, aunque sus sentimientos hacia Clementina no superan la amistad y una generosa piedad, Carlos, moralmente comprometido, parte para Bolonia, abandonando a Enriqueta, deshecha en lágrimas. De Italia llegan sus cartas al amigo doctor Bartlett, describiendo minu­ciosamente a los señores Delia Porretta.

Y cuando las negociaciones para la boda están a punto de llegar a su conclusión. Cle­mentina se da cuenta de la imposibilidad de unirse con un hombre de distinta religión, decide hacerse monja y aconseja a Carlos que se case con su compatriota. La descrip­ción del noviazgo, de las felicitaciones, de la boda y de otros episodios, como la muer­te de Hargrave Pollexfen, que deja gran parte de sus riquezas a los novios, ocupa dos volúmenes. Y para que tan idílica felicidad no se turbe con la tristeza de Clementina, ésta abandona el convento, marcha a Ingla­terra y se casa con el conde Belvedere, uno de sus antiguos pretendientes. Si débil es la figura del protagonista, no podemos dejar de admirar, con Walter Scott, la poco co­mún penetración de análisis de Richard­son, especialmente en el alma femenina, cuando considera a sus personajes libre de preocupaciones moralistas. Johann Karl August Musaus (1735-1787) hizo una sátira en alemán de Richardson en el Grandison Segundo [Grandison der Zweite, 1760-1762].

E. Cione

Historia de Sibila, Octave Feuillet

[Histoire de Sibylle]. Novela de Octave Feuillet (1821- 1890), publicada en 1862. Sibylle de Ferias, huérfana y criada por sus abuelos mater­nos, vive en un solitario castillo de Normandía. Su carácter y la educación que le han dado han hecho de ella una muchacha muy piadosa y orgullosa de su religión. Durante una estancia en París, en casa de sus abuelos paternos, Sibylle, que ahora ya tiene veinte años, conoce al conde Raúl de Chalys, aten­to caballero y exquisito pintor; los dos jó­venes se aman, y Sibylle ya está decidida a casarse con él, cuando, en una conversa­ción mundana, oye a Raúl declarar que no cree en Dios y que tampoco quiere tratar de creer en Él. Con el corazón sangrando, Sibylle huye de él. Raúl, que no quiere si­mular para conquistar su felicidad, no se atreve a retenerla. Sin embargo, no se re­signa, y cuando Sibylle pide a una amiga suya que le envíe a un pintor para decorar la iglesia de su aldea, él se presenta con un falso nombre. La muchacha se va emo­cionando, poco a poco, frente al delicado arte del joven. La inspiración de sus fres­cos de carácter sagrado le hacen confiar en poderle convertir a la verdadera fe, y para lograrlo ofrece a Dios su vida a cambio de la redención del joven. Su voto es aco­gido; Sibylle, moribunda, tiene la alegría de oír rezar al joven y de unirse a él en una mística boda. Epígono de un romanti­cismo que ya ha conquistado los salones mundanos y burgueses, Feuillet da muestras aquí de su gran sensibilidad. La Historia de Sibila tuvo un gran éxito en su tiempo, y fue traducida a varios idiomas.

G. Alloisio

Historia de sus Tiempos, Giovambattista Adriani

[Istoria de’ suoi tempi]. Obra de Giovambattista Adriani (1511-1579), escrita para Cosme de Médicis en 1565, continuada hasta la muerte de éste en 1574 y publicada, póstuma, en Flo­rencia en 1583. Es la continuación de la His­toria florentina (v.), de Benedetto Varchi, predecesor de Adriani en el cargo de cro­nista de la Corte, y empieza en 1530, es decir, que abarca desde la definitiva restauración de los Médicis con Alejandro. Hubo quien dijo que Adriani empleó como fuentes las memorias secretas de Cosme, lo cual dis­minuiría su credibilidad; sin embargo, de sus apuntes resulta que se valió de docu­mentos públicos, relaciones de embajadores, correspondencia diplomática y privada, que el autor emplea de manera eficiente e im­parcial. La obra, que se proponía tratar de los hechos de la Toscana, se amplía hasta 22 libros, para comprender todos los acon­tecimientos europeos referentes al Imperio y a España, de los que dependía la suerte del estado de los Médicis, el cual supo sacar provecho de las luchas por la primacía, que tanto perjudicaron a todos los demás esta­dos italianos. Adriani quiere demostrar que la política de Cosme con el emperador no fue servil ni mucho menos dictada por el temor, sino inspirada en la seguridad y en­grandecimiento de su estado, fin que alcan­zó con la eliminación de los rebeldes repu­blicanos en el interior, que esperaban de Francia su revancha, y con la anexión del territorio de la república de Siena, aliada de Francia. Resulta de ello un cuadro mucho más amplio que el que ofrecen los historia­dores regionales anteriores, aunque Adriani mantiene a la Toscana en primer plano y poniendo los acontecimientos en relación con los intereses y las finalidades del Gran Ducado. Esta amplitud de visión demuestra que Adriani fue un buen discípulo de Guicciardini. Sin embargo, no siempre la narra­ción se desarrolla orgánicamente; a veces desciende al orden cronológico y el material extraído de las fuentes no siempre resulta bien asimilado. La muerte impidió al autor dar la última mano a su trabajo, por lo que éste resulta bastante desigual en el estilo, a veces descuidado, aunque por regla gene­ral clásicamente compuesto, sereno y pobre de color.

P. Onnis