Historia de un Delito, Víctor Hugo

[Histoire d’un crimen]. Obra polémica de Víctor Hugo (1802-1885), publicada en 1852. Es una violenta requisitoria contra el golpe de estado de Luis Napoleón Bonaparte. Estas páginas, escritas durante los primeros días de des­tierro del poeta en Bruselas, son una evo­cación de las cuatro dolorosas jornadas du­rante las cuales vieron al Príncipe-Presi­dente apoderarse del poder sobre las ruinas de la libertad. Las cuatro partes, «Le Guetapens», «La Lutte», «Le massacre» y «La victoire», son la reconstrucción épica, hora por hora, de los acontecimientos. Las de­tenciones practicadas durante la primera noche, los asesinatos, las trincheras, la re­sistencia de los diputados, la dispersión de la Haute-Cour, las intrigas de Luis Napoleón, todo viene evocado por un poeta cuyo co­razón desborda de sarcasmo contra las ini­quidades y los abusos de los violadores de la ley. Los patriotas defienden la libertad hasta el último momento. Hugo participa en el levantamiento y en la organización de las barricadas. La policía le persigue, pero es en vano: los amigos y la gente del pueblo le protegen. Lleno de desprecio por los curas que se niegan a rezar exequias por los republicanos muertos por la policía y por aquel arzobispo que, después de haber vacilado durante largo tiempo, acabó por celebrar un solemne «Te Deum» en acción de gracias para la reacción, el poeta da rienda suelta a su amargura ante tanto sa­crificio: la muerte sobre las barricadas del diputado Baudin, detención y destierro de aquellos que han querido permanecer fieles a la ley. Todas las escenas vienen evocadas con una violencia y con una fuerza extra­ordinarias.

La Historia de una Ciudad de Provincia, Edgar Watson Howe

[The Story of a Country Town]. Novela del escritor norteamerica­no Edgar Watson Howe (1853-1937), publi­cada en Boston en 1883. Es la tentativa más consciente de introducción del Natu­ralismo experimental en la literatura ame­ricana.

Representa la vida de un pueblo neopuritano en la pradera, con su sofo­cante conformismo, con su soledad huma­na, con sus escrúpulos religiosos y con su ausencia de alegría. En este poblado, Fairview, un grupo de colonizadores arrastra una sórdida y obscura vida de trabajo. La primera parte de la novela, muy larga, que describe la infancia de Ned Westlock y de Jo Erring, transcurre pobremente en esta atmósfera gris y pesada que todo lo do­mina y todo lo oprime. Los propios personajes forman en cierto sentido parte de esta atmósfera, fundiéndose generalmente con ella y aun acentuándola, sin ningún relieve, en su particular tristeza; tal el padre de Ned, John Westlock, pastor me­todista que, proyectando sobre la realidad externa su carácter atormentado y com­plejo, concibe la religión y la vida como una continua mortificación; sin embargo, no puede resistir la tentación y abandona a la esposa e hijos para seguir a otra mujer, y su pasión la interpreta como una condena que no sólo recae sobre él, sino también sobre su mujer, oprimida, como todas las mujeres de Fairview, por el ex­cesivo trabajo y por la rigidez del marido, y que muere de dolor. En este mundo de muerte, sólo Jo Erring lleva una llama de vida, pero también para él será inútil la fuga y la revuelta, y al fin sucumbirá a su propia ley.

Trasladado a Twin Mounds, una pequeña ciudad del Oeste, el joven se ena­mora de una muchacha, Mateel Shepherd, de condición superior a la suya, y por un milagro de actividad y de inteligencia logra bien pronto estar en condiciones de casarse con ella. Pero los celos envenenan sus relaciones con la mujer, que aun amándolo se ve obligada a abandonarlo: Jo entonces mata a su rival, y por fin en­cuentra un refugio en la muerte, pacifi­cado consigo mismo y con los demás. La narración, larga, lenta y gris, sólo al fin revela su valor de contraste y de ambien­te; con el surgir de la ciega pasión de Jo se anima rápidamente, alcanzando una tensión tal que hace aparecer no sólo a Jo, sino también a los demás personajes y el propio paisaje, bajo nueva luz: una luz fantástica en la que resultan perfecta­mente coherentes y comprensibles las des­apariciones y las reapariciones más ilógi­cas e inesperadas (John Westlock y Damon Barker), el encarnizamiento del destino por el que todo llega demasiado tarde, y por el que todos hacen poco para evitar la ca­tástrofe, y alcanzan un significado y una importancia insospechada detalles y aspec­tos de la narración que de otro modo po­drían aparecer como absolutamente con­vencionales.

The Story of a Country Town, sin llegar a ser una obra maestra, descu­bre en la realidad americana una zona que más tarde colonizará la nueva litera­tura. Observador crudo y atento, no logra sin embargo dominar plenamente los ca­racteres; Howe mezcla rasgos de fuerte realismo con convencionalismos melodra­máticos que a menudo son aspectos de un profundo pesimismo, el cual a su vez pue­de considerarse como una violenta reac­ción al optimismo tradicional, y aun po­dríamos decir nacional, que dominaba en las concepciones demasiado color de rosa de las novelas de su época.

M. R. Posani

En esta obra resuena el primer eco de la larga y amarga revuelta de una aldea americana enteramente despojada de sus ornamentos pseudopastoriles y sentimenta­les, revuelta que encontraría su apogeo, muchos años después, en las obras de Ed­gar Lee Master y de Sherwood Anderson y que tenía como fondo sociológico el abandono del campo y el enorme aumen­to de la población urbana.  (L. Lewisohn).

Historia de un Contemporáneo Mío, Vladimir Galaktionovič Korolenko

[Istorija moego sovremennika]. Auto­biografía del escritor ruso Vladimir Galaktionovič Korolenko (1853-1921), escrita du­rante quince años y publicada entre 1906 y 1909, año en que la obra fue reunida en un volumen. «No escribo la historia de mi tiempo — declara Korolenko —, sino tan sólo la historia de una vida en este tiem­po… Estos apuntes no son una biografía…; tampoco una confesión, porque no creo ni en la posibilidad ni en la utilidad de una confesión pública; no un retrato, ya que es difícil dibujar el propio retrato con la garantía de que se parezca algo. Cada re­flejo se distingue de la realidad, por el mismo hecho, que es un reflejo, y el refle­jo, sin saberlo, es incompleto… Aquí no hay nada que no haya encontrado yo en la realidad, experimentado y visto.

Aquí el lector encontrará tan sólo pocos rasgos de la «historia de un contemporáneo mío», del hombre al que más íntimamente conocí entre todos los de mi tiempo…». Debido a la importancia de la época en que Koro­lenko vivió (su infancia coincide con el período de la liberación de los siervos de la gleba; su madurez con los años de la reacción de Alejandro III; su vejez con las importantes transformaciones sociales y artísticas de la vida rusa), la Historia de un contemporáneo mío revela un gran in­terés por la historia de Rusia, que sólo se puede comparar con la de Pasado y Pensamientos (v.), de Herzen. Desdichadamente la narración se detiene en la época en que el escritor fue desterrado a Siberia, durante el reinado de Alejandro III; sin embargo, las alusiones a su desarrollo espiritual en relación con los acontecimientos sirven para aclarar notablemente las orientaciones de la historia futura.

La objetividad histórica de Korolenko no excluye, empero, que en su libro se deje sentir la fecunda intuición ar­tística del autor del Sueño de Makar (v.), de En mala compañía (v.) y de Un músico ciego (v.). Las características de Korolenko narrador y pensador se encuentran de nue­vo, en efecto, en esta narración: su amor y su profunda comprensión de la belleza y la vida de la naturaleza, por un lado, su acen­tuado humanitarismo, por el otro; sus deli­cados toques en la reproducción realista- psicológica de las almas sencillas y primi­tivas como narrador; su abnegación y su alta dignidad como defensor de los ofendi­dos, de los débiles, de todos aquellos hacia los cuales la vida se muestra injusta y se­vera. La obra representa, pues, un vivo y precioso testimonio de la altísima espiritua­lidad de uno de los más típicos representan­tes de la vida y de la literatura rusa mo­derna.

E. Lo Gatto

Historia de una Curruca, Giovanni Verga

[Storia di una capinera]. Novela de Giovanni Verga (1840-1922), publicada en Milán en 1871. El autor tituló así su historia porque, como dice en el prefacio, había visto un día en su jaula a una curruca «muerta por­que en aquel cuerpecillo había algo que no se nutría de alpiste sólo y que su­fría de algo más que de hambre y sed».

La heroína es un muchacha destinada por su madrastra al convento, de donde sale temporalmente y se reúne con su fami­lia en el campo durante una epidemia de cólera. La novela está formada por una serie de cartas a una amiga, cartas que son como el espejo fiel e ingenuo de las peripecias de la muchacha: el abrirse del alma a las alegrías de la libertad agreste y a los simples placeres de la vida desco­nocida hasta entonces para ella, el amor que surge de improviso entre ella y un amigo de la casa, el dolor de la separa­ción, la vuelta al convento, la noticia del matrimonio de su hermana con el joven amado, la lúgubre ceremonia de la toma de hábito, el delirio del amor inextingui­ble, de los celos, del remordimiento y, por fin, la enfermedad que la conducirá a la triste paz de la tumba. La novela, a la que sin razón le fueron atribuidas intenciones sociales, comparándola con La monja (v) de Díderot, pertenece en realidad al pri­mer período de Verga, y refleja, en su la­grimosa facilidad, la misma superficial elo­cuencia de sus obras juveniles (v. Una pecadora, Eva, etc.), si bien en este caso la misma sencillez de la trama invitó al escritor a un estilo más modesto y a una investigación psicológica más delicada y a veces profunda. Tales elementos, unidos a la abundancia de efectos patéticos pro­digados a manos llenas, explican el éxito enorme del libro, que igualó y hasta su­peró al de las verdaderas obras maestras de Verga.

E. C. Valla

La Historia de una curruca tiene forma epistolar, lo cual lleva consigo con fre­cuencia una conciencia demasiado nítida de los sentimientos, de los que hay que suponer que sólo se posee una media con­ciencia. Como los episodios son viejos y la construcción artificiosa, el estilo es apre­surado y sumario, como si el autor no su­piera detenerse en los detalles, verlos con claridad y seguir sus matices. La vida de esta clase de libros reside en el calor ju­venil de la inspiración: más bien, por decirlo así, en el impulso que en la ejecución. (B. Croce).

Un eterno soliloquio, y artísticamente áfono. (L. Russo).

La Historia de una curruca, Eva, Tigre Real, Eros: novelas de amor en las que ya se advierte el presentimiento de un gran escritor, si bien aquí los caracteres se parecen a los de tantos héroes de la literatura novelesca y romántica de Fran­cia. Verga joven ama por una parte la propia materia artística que un día apri­sionará el d’annunzianismo: una materia sensual, recargada, fragante, de lujo du­doso, cuya flor sea una mujer. Hace nove­las de vida, no de arte. Por ser sus libros, en el ímpetu de la pasión, una especie de arte de amar y arte de vivir, él no pudo como teóricamente hubiera podido — infundir a aquellas novelas la libertad y la objetividad que supo dar a los Malasangre y a Mastro don Gesualdo. (F. Flora).

Historia de una Ciudad, Michail Evgrafovič Saltykov

[Istorija odnogo goroda ]. Crónica satírica de Michail Evgrafovič Saltykov (pseud.: ščedrin; 1826- 1889), publicada en 1870. El escritor imagina reconstruir la historia de una ciudad rusa durante un siglo entero, del 1731 al 1825, a base de los materiales diversos recogidos en los distintos archivos del lugar. El nom­bre de la ciudad, Glupov, formado del adje­tivo «glupyi», que significa «estúpido», revela la idea del escritor, o sea que Glupov no indica a ninguna ciudad determinada, sino a la típica ciudad rusa de provincia, cuyas mentiras y falsedad administrativa delata, y que se conservan siempre a pesar de todos los cambios históricos del país. No es difícil reconocer en los potentados de Glupov a los diversos zares, favoritos y mi­nistros rusos que se sucedieron en el largo período de tiempo que comprende la cró­nica. La figura del zar Alejandro I se nos presenta bajo la forma de uno de los per­sonajes, Erast Andreevič Grustilov (el nom­bre está formado de «Grust» = tristeza, melancolía). Grustilov es un ministro senti­mental que no puede ver a las mujeres sin enrojecer, pero también es sensual hasta la medula.

El ministro liberal de Alejandro I, Speranskij, está representado por el hijo de Benevolenskij, que ya como seminarista sin­tió afición a redactar leyes y como gober­nador elabora un «Reglamento para prepa­rar los dulces de modo decente»; el terrible Arakčev, que fue el verdadero dominador de Rusia en los últimos años del reinado de Alejandro I, está representado en la figura de Ugrjum Burčev («ugrjum = tétrico, fos­co; «burcat» significa murmurar). Los ha­bitantes de Glupov se comportan frente a sus gobernadores del modo que corres­ponde a su nombre colectivo. Como en la mayor parte de las obras de Saltykov, en los bosquejos provincianos (v.), en Los se­ñores de Taškent (v.) y en la Antigüedades de Pošechen (v.), también en la Historia de una ciudad falta una trama que se pue­da resumir brevemente; se trata de esbo­zos, de episodios, de historias varias que se suceden y se mezclan para formar el cuadro de conjunto. Por su carácter de sátira política, además de sátira social y mo­ral, la Historia de una ciudad ocupa por sí misma un lugar en la obra del autor.

E. Lo Gatto