Historia Universal en Monografías, Wilhelm Oncken

[Allgemeine Geschichte in Einzeldarstellungen]. Obra de historia política com­puesta por una sociedad de unos treinta colaboradores alemanes y dirigida por Wilhelm Oncken (1838-1905), publicada en Ber­lín en una edición de cuarenta y cinco vo­lúmenes en el período de 1878-1894.

La obra está dividida en cuatro grandes secciones, correspondientes a la época antigua, medie­val, moderna y contemporánea, y fue reali­zada con novedad de propósito y de espí­ritu — el del liberalismo federalista unitario alemán fundado sobre bases constitucio­nales— por colaboradores sabiamente esco­gidos por su respectiva especialización. La Edad Antigua se divide según los distintos pueblos; la Edad Media en épocas, por pa­recer esta división más de acuerdo con el armonioso desarrollo de la civilización. Son importantes las ilustraciones, muy nume­rosas, entre ellas una colección rara de re­tratos de personajes ilustres de la Edad Moderna y Contemporánea, facsímiles de antiguos manuscritos y documentos, etc.

En la sección «Historia de la Antigüedad», seña­lamos los dos volúmenes de Oscar Holtzmann sobre la «Historia del pueblo de Israel» y los de «Historia de Grecia y de Roma» de G. F. Hertzberg; entre las diez monogra­fías en diecisiete volúmenes de «Historia de la Edad Media», señalamos la de Félix Dahn: «Historia de los orígenes de los pueblos ger­mánicos y románicos», en cinco volúmenes, y «Renacimieno y Humanismo en Italia y Ale­mania», de Ludwig Geiger; en la sección «Historia Moderna», la «Historia de la Re­forma en alemania», de Friedrich von Bezold, y «La Europa occidental en la época de Felipe II, Isabel y Enrique IV», de Martin Philippson; en la sección «Historia contem­poránea», la «Época de la Revolución, del Imperio y de las guerras de la Independen­cia» (1789-1815), en dos volúmenes», de Wil­helm Oncken, que también escribió «La época del Emperador Guillermo I», en dos volú­menes. La Historia universal está concebida especialmente desde el punto de vista ale­mán y de los reflejos de los acontecimientos sobre la historia de la raza y de las naciones germánicas. [Trad. española en cuarenta y seis volúmenes, editada por Montaner y Si­món, con un discurso preliminar por Rafael Altamira (Barcelona, 1929)].

G. Pioli

Historias Y Narraciones, Wilhelm Heinrich Riehl

[Geschichten und Novellen]. Es una colec­ción en siete volúmenes, publicada entre 1856 y 1888 por Wilhelm Heinrich Riehl (1823-1897), insigne profesor de historia de la cultura, en la universidad de Munich. Originariamente el título debía ser Narra­ciones de historia cultural [Kulturhistorische Novellen], y en realidad así apareció al frente del primer volumen; después, a fin de evitar posibles malentendidos respec­to a la fidelidad de la acción, el segundo y tercer volúmenes fueron intitulados His­torias de los tiempos antiguos [Geschichten aus alter Zeit]; el cuarto, Nuevo libro de narraciones [Neues Novellenbuch]; el quin­to, Desde el rincón [Aus der Eche]; el sexto.  En la velada [Am Feierabend], y el séptimo, Enigmas de la vida [Lebensratsel].

El autor confiaba llegar a reunir este con­junto de 50 narraciones, que constituyen los siete volúmenes, bajo un solo título: A través de un milenio [Durch tausend Jahre], pero no consiguió llevar a cabo su pro­yecto. Sus relatos abarcan la Antigüedad germánica, especialmente los tiempos de Carlomagno, la alta Edad Media caballe­resca a la que Riehl llama «romántica», la Reforma, el Humanismo y el Renacimiento, la Guerra de los Treinta Años, la época del rococó, de las revoluciones y el tiempo mo­derno. «El placer de contar», dice el autor, le animó a escribir estas historias, e indu­cido por su amor al país y al pueblo ale­mán, eligió siempre como teatro de la ac­ción la tierra alemana. Gran admirador de Macaulay, consideraba objeto de la narra­ción histórica la actuación de los personajes según la libre inventiva de la fantasía, pero sobre un fondo rigurosamente histórico, en el ambiente de la época y de manera que sus pensamientos y sentimientos reflejasen la cultura y las costumbres de su tiempo.

La «pintura de género» es por consiguiente la verdadera aspiración de este historiador y, dada su profesión y competencia en el campo de la historia de la cultura, se com­prende que sus cuentos, al igual que los Cuadros del pasado alemán de Gustav Freytag, lleguen a ser, sobre todo para la juventud alemana, interesantes y valiosas ilustraciones para el estudio de la historia. A pesar de estos valores, son siempre el fruto de un científico y no de un artista. Les falta la fuerza poética de la imagina­ción y de la representación. Sus personajes no son criaturas vivas, sino perfectas minia­turas históricas. Los grandes narradores ale­manes del realismo, Storm, Keller, Meyer, Raabe, Fontane, supieron actualizar el ideal de la novela histórica de Riehl intuyendo y plasmando con la delicadeza y la genia­lidad de su instinto de poetas el elemento histórico, cuya paternidad científica perte­nece a Riehl. Asimismo, su estilo es el de un excelente escritor de ensayos, preciso y elegante.

C. Baseggio-E. Rosenfeld

Historias y Relatos de Antaño. Cuentos de mi tía Ansarona, Charles Perrault

Cuentos de mi tía Ansarona [Histoires et contes du temps passé. Contes de ma mère l’Oye). Obra de Charles Perrault (1628- 1703), publicada en 1697. Constituye la cé­lebre colección de cuentos de hadas: Caperucita roja (v.), Barba Azul (v.), Las hadas (v.), El gato con botas (v.), La bella durmiente del bosque (v), La Cenicienta (v.), Ricardito, el del copete (v.), Pulgarcito (v.), La princesa astuta, a los que siguie­ron Piel de asno (v.) y Deseos ridículos.

Se trata de narraciones que Perrault escri­bió en edad ya muy avanzada, cuando le preocupaba el problema de la educación de sus tres hijos. Y con el nombre del mayor de ellos, Pierre Darmancourt, fueron publi­cados, ya que no consideró Perrault, aca­démico de Francia, que fuera digno de su seriedad realizar esta obra a la que debió su inmortalidad. La fuente de la que sacó estos asuntos fue la tradición popular, com­pletamente ignorante de las remotas fuentes orientales e italianas que los filólogos pos­teriores establecieron, como ignoraba por completo que éstos hubieran podido vincu­lar el nombre de «mère Loye» a la tan dis­cutida figura de la «Reina Pédauque», la soberana con pies de palmípedo represen­tada en algunas antiquísimas catedrales de Francia, en la que se ha querido ver suce­sivamente a la Reina de Saba, Santa Clo­tilde, Berta de los pies grandes, esposa de Pipino el Breve, Berta de Borgoña, esposa del rey .Roberto I y hasta a la diosa ger­mánica Freya. Pero si bien la fuente es la tradición popular, nos hallamos muy lejos de la ingenuidad a que quisieron atenerse en alemania los hermanos Grimm (v. Cuen­tos infantiles y del hogar), ya que si el lenguaje de Perrault es también sabroso y rico en expresiones características, toma­das del mundo de que provienen los perso­najes, se mantiene alejado por igual del llano realismo y de la reconstrucción his­tórica: sus príncipes y grandes señores son los mismos de la Corte de Versalles, y sus campesinos y artesanos son los que se mo­vían alrededor de París y de la Isla de Francia en el siglo XVII.

La elegancia de su estilo hace de cada uno de estos cuentos una pequeña obra maestra, fruto de un paciente trabajo de lima, como se puede comprobar confrontando el volumen del año 1697 con la primera redacción de los cuen­tos aparecida en el Mercure de France (v.). No es un documento de poesía popu­lar lo que pretendía darnos Perrault; supo transfundir en su libro, con una pureza que asombra en un literato cortesano, el gusto y el espíritu finísimo del siglo de oro francés, refinado por su racionalismo y ador­nado con todo el fasto de la Corte del Rey Sol. Lástima que el literato no supiera re­sistir a la tentación de añadir a los cuentos una moraleja, que siempre resulta la parte más débil; al hacerlo, no sólo se inclinaba ante el gusto de la época, sino que con ello salía al paso de las posibles acusacio­nes de corromper la juventud. Son nume­rosas las traducciones que de estos deliciosos cuentos se han ido realizando a todos los idiomas.

F. Federici

Historia Universal, Cesare Cantú

[Storia universale]. Obra de Cesare Cantú (1804- 1895), publicada entre 1838 y 1846, en 35 to­mos. Desde la primera a la décima edición, hechas por el propio autor, se añadieron die­ciséis libros más, compuestos entre 1883 y 1890. Cantú se propuso recorrer la vida com­pleta del hombre, en todo tiempo y lugar y bajo todas las civilizaciones, tanto en lo relativo a las costumbres como a las leyes, los mitos y las artes. La amplitud de la materia costó al autor fatigosísimas e inin­terrumpidas investigaciones, en medio de todo género de críticas, de desconfianzas y de dificultades impuestas por la censura, por todo lo cual resultaba extremadamente arduo procurarse los textos, los libros, las fuentes, tanto en las bibliotecas públicas como en las privadas. Por ser tan vasta, la obra resultó en algunas de sus partes una especie de compilación, con grandes des­igualdades, además de estar llena de errores. Sin embargo, por la tentativa de unificar tantas noticias, de coordinar juicios, de interpretar fuentes, esta Historia merece ser juzgada con respeto.

Tommaseo, que le de­dicó acerbas críticas, aconsejaba considerar este trabajo, si no como historia, al menos como repertorio de datos. En su relato, Can­tú no fue del todo imparcial; quiso inter­pretar los hechos según el concepto que consideraba básico en el desenvolvimiento de la civilización; precisamente a este con­cepto se debe el fin y el propósito de la obra: el de presentar a la humanidad como un espectáculo, para comprender que el fin del hombre es el de mejorarse sufriendo con vistas al bien, a la verdad, a un reparto más justo de los bienes de la vida y de los recursos del saber. La obra, hoy superada por la enorme cantidad de trabajos histó­ricos realizados entre fines del siglo XIX y comienzos del actual, queda como un docu­mento interesante del estado de tales estu­dios en Italia hacia 1840. [Trad. española por don Antonio Ferrer del Río (Madrid, 1847 – 1850), de Nemesio Fernández Cuesta (Madrid, 1854) y de Joaquín García Bravo (Barcelona, 1908-1911) ].

M. Maggi

Inmensa cantidad de hechos de toda na­turaleza y de diversa importancia, sin hilo conductor en lo que respecta al orden y a la precisión. (De Sanctis)

Historias y Conquistas de los Reyes de Aragón y Condes de Barcelona, Pere Tomic

[Histories e conquestes deis reis d’Aragó e comtes de Barcelona]. Obra de Pere Tomic (1420?-1447?) caballero de la casa de los barones de Pinos y Mataplana, vizcondes de Illa y de Canet, el cual escri­bió en 1438 esta crónica general de Cata­luña y Aragón compendiada que estaba des­tinada a gozar de singular fortuna. Sobre la base de las Cróniques deis reis d’Aragó e comtes de Barcelona, completadas princi­palmente a base de la Historia Gothica de Jiménez de Rada, de las crónicas de Desclot y Muntaner, y de multitud de leyen­das, entre ellas las que extractó del «Pseudo Filomena» y poniendo a contribución en la última parte de la crónica sus recuerdos personales y familiares y los de sus señores de la noble casa de Pinos, así como algunas noticias de origen documental, redactó en estilo sencillo un texto que alcanza desde la creación del mundo hasta los primeros tiempos del reinado de Alfonso el Magná­nimo, concretamente hasta 1418, dejando la narración bruscamente interrumpida en for­ma que parece no haber podido ser termi­nada por su autor.

A lo largo de su narra­ción intercala éste gran número de noticias de interés nobiliario, más o menos autén­ticas, que contribuyeron grandemente a la extraordinaria difusión que obtuvo esta cró­nica, primero en copias manuscritas y luego en ediciones impresas que se suceden en 1495, 1519 y 1534, reproducida ésta en 1886 a cargo de Antoni Bulbena y Tusell. La edición de 1534 es en realidad un texto algo modernizado, interpolado y continuado has­ta 1516 por Martí d’Ivarra. La obra de To­mic sirvió de modelo servilmente seguido al Recort de Gabriel Turell (1476), y de base al Sumari d’Espanya del falso Puigpardines y a multitud de nobiliarios de úl­timos del siglo XV y principios del XVI, y fue puesta a contribución por la mayor parte de los cronistas catalanes y valencia­nos de los siglos XVI y XVII. Hacia 1500 el dominico Esteve Rolla la trasladó al la­tín en forma abreviada; J. Pedro Pellicer la tradujo al castellano en el siglo XVII; y un traductor anónimo la vertió al italiano en 1717.

M. Coll Alentorn