Carlo Bertolazzi

Nació. en Rivolta d’Adda el 3 de noviembre de 1870 y m. en Milán en junio de 1916. Modesto autor del segundo período del naturalismo dramático italiano, inició a los veinte años la composición de textos en dialecto milanés, y a los veintitrés escribió El nost Milan.

En 1898 compuso El resplandor (v.), su obra más notable. Por aquel entonces empezó a escribir en italiano y abandonó las producciones dialectales: L’egoista (1901) fue una buena co­media de carácter, y Lulù distinguióse den­tro del estilo verista. Posteriormente, Bertolazzi cayó en la mediocridad.

Giulio Bertoni

Nació en Módena el 26 de agosto de 1878, m. en Roma el 28 de mayo de 1942. Se licenció en Turin en 1901 y en Florencia en 1902. Realizó largos viajes de estudio por Francia y alemania; en 1905 era profesor libre de filología románica en la Universidad de Turín.

Enseñó la misma disciplina en Friburgo (Suiza) de 1905 a 1920; en Turín de 1921 a 1928, y en Roma de 1929 hasta su muerte. Bertoni ha sido sin duda uno de los filólogos italianos modernos más doctos y laboriosos; su infatigable actividad en todos los campos de las lenguas y las literaturas neolatinas le valió autoridad y fama internacional.

En los últimos años de su vida se había consagrado a profundizar las relaciones entre lengua y pensamiento y publicó algunos volúmenes sobre el len­guaje de los más notables escritores italia­nos. En 1932 la Academia de Italia le en­cargó la dirección del vocabulario de la lengua italiana.

Entre sus numerosas pu­blicaciones, aparecidas en las más impor­tantes revistas filológicas e históricas, ita­lianas y extranjeras, y en volumen, cita­mos: El Doscientos (v.), Lengua y cultura (v.) y Lengua y pensamiento (v.).

Pierre Berton

Nació el 6 de marzo de 1842 en París, donde m. el 24 de octubre de 1912. Hijo de Charles-Francisque Montan (éste es, en realidad, su verdadero apellido) y de Caroline Samson, fue instruido en la representación teatral por el abuelo materno, el célebre actor Samson, y, prosiguiendo bri­llantemente las tradiciones familiares, llegó a ser un primer actor desenvuelto y ele­gante y un aplaudido intérprete de come­dias de la época.

A los diecinueve años empezó su actuación en el «Gymnase», y luego pasó al «Odeón», al «Vaudeville», a la «Comédie Française» y, finalmente, al «Ambigu». Alcanzó sus mayores éxitos con Le Nabab de Daudet, Tosca (donde actuó como primer Scarpia, junto a Sarah Bernhardt, en 1887) y Fedora de Sardou.

Dirigió durante algún tiempo la «Comédie Pari­siense», y en 1880 llegó a profesor de dic­ción. Escribió también varias obras para el teatro: Les jurons de Cadillac (1865), La vertu de ma femme (1867), Didier (1868), La tempête, con Armand Silvestre; Les Chouans (1894), según la novela homónima de Balzac y en colaboración con É. Blavet; Yvette (1901), inspirada en la novela de Maupassant; La belle Marseillaise (1905), Mioche (1912) y la célebre Zaza (1898, v.), en colaboración con Charles Simon.

Esta última alcanzó un gran éxito en los años finales del siglo XIX y los primeros del XX; compuesta para Réjane, tuvo algunos intér­pretes de fama. Leoncavallo se inspiró en ella para su ópera homónima (1900).

P. Raimondi

Aurelio Bertola De’ Giorgi

Nació el 4 de agosto de 1753 en Rimini, donde m. el 30 de junio de 1798. Ingresado en un con­vento contra su voluntad, huyó todavía jo­ven a Hungría; a su regreso tomó de nuevo el hábito monacal y publicó Noches clemen- tinas y las delicadas Poesías campestres.

Enseñó luego geografía e historia en la Es­cuela de Marina de Nápoles, y más tarde la última de ambas materias en la Univer­sidad de Pavía. Llegado a Viena, obtuvo del nuncio Garampi, amigo suyo, la autorización para dejar la observancia religiosa y adoptar el título de abate, que le permi­tió vivir una existencia mundana.

En la capital austríaca se apasionó cada vez más por la literatura alemana, cuyo conocimien­to en Italia había promovido con Ideas so­bre la poesía alemana (v.). Tradujo a Kleist, Wieland, Goethe y otros poetas; su predi­lecto fue Gessner. A partir de 1793 dejó su cargo docente de Pavía, viajó por Italia e intervino en política. Es el primero que em­pleó en su país el término «filósofo de la historia».

P. Onnis

Claude-Louis Berthollet

Nació en Talloire (Annecy) el 9 de diciembre de 1748 y m. en Arcueil el 6 del mismo mes de 1822. Tras haber estudiado en Annecy y Chambéry, graduóse en medicina en Turín, y en 1770 marchó a París, donde se dedicó a la química.

Seguidor al principio de la teoría del flogisto (v. el Ensayo becheriano de Stahl), decidióse, a partir de 1786, por la teoría de Lavoisier, de quien llegó a ser amigo. Enseñó química en la École Nórmale Supérieure, y, después de 1794, en la École Polytechnique.

Como miembro de una co­misión científica estuvo en Egipto con Napo­león; de él recibió grandes honores, que conservó durante la Restauración. Contri­buyó notablemente al desarrollo de la quí­mica industrial; ocupóse en particular de los tintes, introdujo la utilización del cloro en el blanqueo de las fibras textiles y del papel, descubrió los hipocloritos alcalinos y el clorato potásico, e investigó acerca del amoníaco, el hidrógeno sulfurado y el ácido cianhídrico.

En 1789 fundó los Annales de chimie con Fourcroy y Guyton de Morveau, y junto a ellos figuró en el comité encar­gado de la revisión de la nomenclatura química. La mayor aportación de Berthollet a su ciencia predilecta está integrada por sus ideas sobre la afinidad, que desarrolló en Recherches sur les lois de Vaffinité (1801) y reunió luego en el ensayo Estática química (v.).

Modificó las opiniones de Bergman acerca de la afinidad, introdujo el con­cepto de masa en las reacciones químicas y puso en duda las relaciones constantes de los componentes en los compuestos. Las con­clusiones erróneas de un principio justo fueron atacadas por L.-J. Proust, quien lo­gró demostrar que Berthollet había experimentado con mezclas y no con verdaderos compues­tos. La «Societé d’Arcueil», fundada por él, publicó, entre 1807 y 1817, sus obras más importantes de química.

M. Gina