Kim, Rudyard Kipling

Novela del inglés Rudyard Kipling (1865-1936), publicada en Londres en 1901. Kim (v.) es un muchacho de Labore, huér­fano de un suboficial irlandés de la Ar­mada británica de Oriente que. acompa­ñando como discípulo a un viejo Lama (v.) en su peregrinación a Benarés. se encarga de llevar a través de la India la noticia de una inminente insurrección del Norte. Terminada su misión, los organizadores del Servicio Secreto lo ponen en un colegio para hacer de él un perfecto instrumento del Gran Juego, de aquel juego que ter­mina «cuando uno muere, no antes». Pero el Lama, que ha conseguido finalmente el objeto de su viaje — bañarse en el río que surgió en el lugar en que cayó la Flecha Santa disparada por el arco del Señor—, llega a tiempo para hacer lo que, en asun­tos de espionaje, puede considerarse como un verdadero milagro. («Y sonrió como se sonríe un hombre que ha obtenido la Sal­vación para sí y para su amado»).

En una obra como ésta, los hechos cuentan menos que los conceptos, las imágenes y las pa­labras mismas, que tienen en ella mi peso específico totalmente suyo, una íntima re­sonancia. Los motivos esenciales del arte de Kipling confluyen en este delta literario que los reúne a todos y a todos concreta con una densidad de empaste y una brillan­tez de color extraordinarias. El petulante joven que se dirige a la conquista de to­das las experiencias de la vida, y el sabio que no aspira sirio a libertarse de la «Rue­da de las cosas», es decir, a ascender a la inmaterialidad; estos dos seres que caminan juntos recorriendo idealmente dos caminos opuestos, tienen, al mismo tiempo, el, estu­por de la imagen sagrada y la firme y meti­culosa seguridad del documento. Y es aquí, dentro de una selva de significaciones sim­bólicas y de frases sentenciosas, donde en­contramos al Kipling más seguro de sí; todo él convertido en un puro centelleo irónico («solamente los diablos y los ingle­ses andan de mi lado para otro sin mo­tivo»), idealista brutal («si los hombres malos no fuesen muertos de vez en cuando, éste no sería un mundo apto para los so­ñadores desarmados»), aficionado a la ver­dad útil («ciertas cosas permanecen escon­didas para los que comen con el tenedor») y respetuoso para el misterio de la vida («has lanzado una Acción al mundo, y del mismo modo que una piedra que se arroja a un estanque, así las consecuencias de nuestras acciones no se sabe dónde acaba­rán»). (Traducción de Juan I. Croselles (Madrid, 1944)).

E. Cara

Kihusrev y Shirìn, Nizami de Gangia

[Khusrev u Shirìn]. Poema novelesco persa de Nizami de Gangia (m. 1202) sobre los amores del rey de Persia Cosroes (Khusrev) II con Ja princesa armenia Shirin. El rey se ha enamorado de la joven por su fama, y también en Shirin nace el amor con sólo contemplar el retrato del rey. Los dos amantes se buscan a través de muchas aventuras, entre las que predomina el episodio del ingeniero y can­tero Farhád, el cual, enamorado también de la princesa, que entretanto ha llegado a reina de Armenia y ha reñido con Khus­rev, teje un idilio con ella. Pero éste es truncado trágicamente por el suicidio de Fyarhád, causado por un falso mensajero de su rival: Shirin y Khusrev, después de varias alternativas de acercamientos y pe­leas, acaban por celebrar sus bodas. Esta fábula novelesca, donde entre elementos fantásticos se encuentran también, alterna­dos, algunos acontecimientos y referencias históricas, ha llegado a ser la leyenda na­cional iránica de amor, extendiéndose por todas las regiones en las que ha penetrado la cultura persa desde la Turquía de los osmanlíes a la India musulmana de los tugluc y de los mongoles. En el arte narra­tivo refinado y precioso de Nizami se han inspirado las miniaturas persas, que han sentido predilección por estas aventuras, de las que se han hecho célebres ilustraciones.

F. Gabrieli

Kipps, Herbert George Wells

Novela del inglés Herbert George Wells (1866-1947), publicada en 1905. El protagonista, Arturo Kipps, es un joven empleado de comercio con ambiciones de gran señor, pero ni muy inteligente ni ver­daderamente capaz de elevarse. La mayor felicidad de su monótona vida en Folkestone son las lecciones de dibujo que recibe en una escuela a la que asiste la pequeña burguesía, donde puedo admirar a una gra­ciosa señorita que, naturalmente, no se digna dedicar ni una mirada al insignificante empleado. Pero, he aquí que, habien­do heredado un gran patrimonio, Kipps se convierte en el centro de atracción de los desocupados y de los ambiciosos de toda la ciudad. Y con esta radical transformación empiezan los sinsabores. Incluso la radiante felicidad de su noviazgo con la hermosa joven de la escuela de dibujo se ve oscu­recida por las pretensiones de la mucha­cha. que quiere a toda costa convertirle en un «verdadero señor».

Esta vida resulta de­masiado dura para el pobre Kipps, el cual, bruscamente, planta a su prometida y corre a casarse con su primer amor. Ana, una camarera. Con Lodo, después de su matri­monio, el peso de la riqueza, con las obli­gaciones sociales que a causa de ella sus conciudadanos quieren imponerle, amenaza con turbar para siempre su felicidad. Final­mente, a causa de la malversación de su abogado, pierde casi toda su fortuna. Se reintegra de nuevo al trabajo en una tiendecilla de su propiedad y es. por fin, feliz.

A propósito de este libro se dijo que Wells, abandonando su primera manera, había querido seguir la escuela de Dickens. Pero el humorismo de Wells es más cáustico, más áspero y rebelde su descontento por el orden social que le rodea: es, en fin. más cerebral y mucho menos artista. Wells no es un estilista, no busca jamás el efecto ar­tístico; en cambio, raramente cae en el melodrama o en la retórica de la que Dic­kens no quedó inmune. Singularmente vi­gorosa es su descripción y representación de ambientes; por esto en la vastísima y ecléctica obra de este novelista y sociólogo las novelas de ambiente como Kipps son su obra más duradera. [Trad. española de Jaime Elias en Obras completas, tomo II (Barcelona. 1954)].

L. Krasnik

Kéramos. Última Thule, Henry Wadsworth Longfellow

Son los dos últimos volúmenes de versos publicados por Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882). Kéramos (1878) es un breve poema de cuatrocientos y tantos versos, en que el poeta canta el arte de la cerámica y de sus más hermosos productos. Es bella la evo­cación de los paisajes donde se encuentran las fábricas. Ultima Thule (1880) compren­de 18 poesías. La primera, que da título a la colección, es una breve pieza lírica: el poeta, sintiéndose llegado al término de su viaje terrenal, se detiene por un instante en la última «isla» para descansar y can­tar. De las otras, algunas son poesías de ocasión: a la muerte del poeta Bayard Taylor, para los funerales de Richard Henry Dana; por el regalo de una preciosa pluma, sobre una butaca hecha con la madera de un árbol que el poeta amaba: algunas otras recuerdan las canciones populares. Todas son composiciones sencillas desprovistas de artificio, en las que Longfellow expresa be­llamente sus reflexiones y sus sentimientos.

N. Di Pietro

Khovantchina, Modest Petrovič Musorgskij

Drama musical popu­lar, en cinco actos, de Modest Petrovič Musorgskij (1839-1881), compuesto entre 1873 y 1875, y refundido, completado e instru­mentado por Nikolij Rimsky-Korsakov. Estrenado en San Petersburgo en 1886.

El texto, sugerido por el poeta Stasov, fue escrito por el mismo Musorgsky y se ins­pira en la revolución de los Strelltz. capi­taneada por los príncipes Iván y Andrés Khovansky. en 1682, durante la regencia de la zarina Sofía, mientras el zar Pedro era todavía menor de edad. La palabra Khovantchina significa «gesta de Khovans­ky», y fue pronunciada en tono despectivo por el zar Pedro cuando se enteró de la tentativa de aquellos príncipes para apode­rarse del trono. El argumento dramático elaborado por Musorgskij es algo compli­cado: en lugar de un protagonista único de gran relieve, como en el Boris Gódunov (v.), destacan aquí cuatro figuras princi­pales: el príncipe Iván Khovansky, repre­sentante de la antigua Rusia fanática y oscura, el cual se apoya en la secta de los «viejos creyentes» («Raskolnik!»), congre­gación religiosa que se niega a seguir las modificaciones aportadas al rito ortodoxo por los nuevos tiempos; el solemne Dositeo, jefe de esta secta; el príncipe Golizin, amante de las reformas a la europea, que se opone a los anteriores, y María, extraña joven fanática y al mismo tiempo pecadora, religiosa y hechicera, perteneciente a los «viejos creyentes».

Al comienzo de la ac­ción, el boyardo Saklovity dicta a un escri­bano la delación al zar de la conjuración de los Khovansky. Aparece luego el prín­cipe Iván, aclamado por sus fieles. Su hijo Andrés, mientras tanto, enamorado de una joven alemana, intenta llevarla consigo: pero en auxilio de ésta llegan María, en otro tiempo prometida y todavía enamo­rada de Andrés, y Dositeo, el cual, una vez salvada la muchacha, incita al pueblo a luchar por la verdadera fe. En el cuadro siguiente, el príncipe Golizin se hace pronosticar el porvenir por María; pero al oír profecías desfavorables da orden de que ésta sea ahogada. Pero ella reaparece al cabo de poco, anunciando que ha sido sal­vada por los «Petrovzi» o guardias del zar Pedro; la delación de Sakovity se lee ahora por las paredes de las casas, y el zar ha dado orden de que los rebeldes sean bus­cados y capturados. En el cuartel de los «viejos creyentes» María llora el abandono de Andrés. Mientras tanto, el pueblo, ente­rado por el escribano de la llegada do los guardias del zar, implora el auxilio del príncipe Iván. Mientras éste celebra un banquete en su palacio, entre danzas do bailarinas persas, le llega la orden de pre­sentarse ante la zarina; pero es asesinado en el umbral.

Golizin es desterrado; los «viejos creyentes» preparan una pira sobre la cual morirán todos; y María arrastra también a Andrés a las llamas. Musorgskij ha sabido dar un fuerte carácter dramático a la peripecia histórica y hacer surgir este dramatismo de la música, que se funde per­fectamente con el texto. La capacidad de caracterización musical de los personajes, típica del gran compositor ruso, se afirma aquí en el relieve que se da no sólo a los protagonistas, sino también a las figuras menores, como, por ejemplo, la del escri­bano, que en su comicidad es comparable a los hermanos Varlaam y Missali del Boris. Varios son los medios musicales empleados para las partes de los protagonistas: mien­tras María y Dositeo, místicos y exaltados, se expresan en frases ricas de melodía, para el frío Golizin y el rudo Iván se usa un recitativo altamente expresivo. Como dominante en toda la obra sólo se puede re­conocer un solo motivo: el del viejo Khovansky. Do gran fuerza musical son algu­nos «números», ya vocales («canción de María»), ya orquestales (preludio del pri­mer acto y «danzas persas», que son el frag­mento más conocido de la obra). Como el Boris, la Khovantchina es un drama musi­cal «de raíz popular»; sobre toda la obra pesa una atmósfera mística — como el alma de la antigua Rusia oscurantista — que emana de la fe exaltada de los «viejos creyentes» (para cuyos coros, de profunda y sugestiva belleza, el autor se inspiró en antiguas cantinelas del rito ortodoxo) y culmina en la escena final de la pira.

M. Dona