Laidion o los Misterios de Eleusis, Jacob Wilhelm Heinse

[Laidion oder die eleusinischen Geheimnisse]. Novela de Johann Jacob Wilhelm Heinse (1746-1803), su primera obra, que, al publi­carse en 1771, suscitó un gran alboroto. Goethe la llamó «obra de una filosofía de hetaira, nacida de la lozana fantasía de las gracias voluptuosas». Como todas las futu­ras novelas del poeta, Laidion es una exal­tación del amor libre, considerado como una de las necesidades principales para la creación de obras de arte y para alcanzar el completo desarrollo de la personalidad. Es una descripción del mundo griego visto por un hombre del rococó tardío, dotado de una rica sensualidad y de la capacidad de expresarla de una manera poética y flo­rida.

Laidion, la famosa hetaira griega, des­pués de su muerte, envía un manuscrito a su amigo Aristipo, en el que justifica su vida y describe todo lo que le ha ocurrido en el mundo del más allá. Dicho manus­crito va a parar a manos del autor en un convento napolitano y es publicado. Laidion, después de su muerte, es llevada a la luna, y es sometida al juicio de Solón, de Aspasia y de Orfeo. Solón la quiere acusar por su falta de virtud, pero Aspasia la defien­de, exaltando su belleza. Durante el inte­rrogatorio se descubre que Laidion es hija de Aspasia y de un bellísimo griego, Caricles, y, al mismo tiempo, en una anterior encarnación, de Orfeo y Eurídice. Aspasia defiende el derecho de la mujer al amor libre y logra convencer a los otros jueces. La historia de Laidion continúa con la na­rración de sus aventuras en la vida terre­nal, y finaliza con una descripción de los goces y de las costumbres del más allá, todas de base fuertemente erótica y sen­sual, aunque pretenda ocultarse bajo un velo de espiritualidad. La obra fue muy admirada por los poetas de la «Joven Ale­mania».

C. Gundolf

Lais de la Antigua Roma, Thomas Babington Macaulay

[Lays of Ancient Rome]. Obra de Thomas Babington Macaulay (1800-1859), publicada en 1842. En ella el autor refunde, al estilo inglés, las baladas de la Roma antigua, no llegadas hasta nosotros, y narra los orígenes de la ciudad eterna. «Horacio» narra la defensa de un puente por Horacio Cocles; «La ba­talla del lago Regilo», la victoria de los romanos, ayudados por Cástor y Pólux, so­bre los latinos; «Virginia», la muerte de la heroína a manos de su propio padre, para salvarla de la deshonra; «La profecía de Capys» la predicción de la futura grandeza de Roma que el ciego vidente hace a Rómulo. En la edición de 1848, Macaulay añadió dos baladas de distinto tema: «Ivry», sobre la victoria de los hugonotes conducidos por Enrique de Navarra, en 1590, y «La Ar­mada» que describe la llegada a Inglaterra de la noticia de la aproximación de la ar­mada española. Dirigidos a un amplio pú­blico y con muchos elementos didácticos, por cierto muy poco provechosos para la poesía, los Lais de la antigua Roma tienen, sin embargo, acentos aceptables y verda­deros rasgos de fácil elocuencia que imitan ciertas modalidades de Scott.

A. Camerino

Lágrimas de Cristo sobre Jerusalén, Thomas Nashe

[Christes teares over Jerusalem]. Jeremiada del escritor inglés Thomas Nashe (1567-1601), publicada en 1593, inspirada por la epidemia que devastó Londres des­de el otoño de 1592; a esta calamidad debe su tono apocalíptico. Nashe nos da, al prin­cipio, una escalofriante paráfrasis de la profecía de Cristo sobre el sitio y la des­trucción de Jerusalén, considerada como un castigo a los judíos por sus pecados. Pero no es difícil descubrir que la narración está impregnada de un sentimiento de inquietud nacional: los signos premonitores de la des­trucción de la Ciudad Santa eran parecidos a los que pesaban sobre Inglaterra. La destrucción de Jerusalén tendría que ser un aviso para su ciudad, sobre cuyas mise­rias Nashe derrama lágrimas amargas, des­cribiendo su corrupción.

Intenta el autor examinar los sentimientos sociales: los hijos del Orgullo (Ambición, Avaricia, Ateísmo, Descontento, etc.) son analizados en su lucha uno contra otro, y el autor, con estilo oratorio, levanta una plegaria al cielo para que detenga su venganza. El análisis de los vicios y de los abusos de la sociedad con­temporánea es conducido por Nashe con un vigor que revela el ímpetu del refor­mador. Las condiciones morales del Londres isabelino reciben una viva luz por los re­proches que Nashe arroja contra el jugador de profesión, contra el sabihondo de pa­labras vacías y resonantes, contra la vida de los locales públicos, contra los vagos, los predicadores necios y los usureros. Por la agudeza del análisis y el vigor de la síntesis, esta obra se puede adscribir al género del «ensayo», para el cual no faltaba al autor el conocimiento de la vida coti­diana, la finura moral y un amplio caudal de cultura clásica.

M. Navarra

Lady Roxana, Daniel De Foe

[The Fortunate Mistress: La amante afortunada o Lady Roxana] Novela de Daniel De Foe (1660-1731), en forma de simulada autobiografía. Fue publicada en 1724 y es, por tanto, cronológicamente, la última de las grandes novelas de De Foe. Fue escrita con la idea de explotar con una obra análoga el gran éxito económico de Moll Flanders (v.). Roxana es, en efecto, la vida de una aventurera de alta clase, un personaje de grandioso impudor. Esto explica el eclipse temporal de ésta y de otras obras de De Foe durante la pudorosa época victoriana, que veía a los sentimentales y patéticos personajes de Dickens destronar a los sanguinarios y rapaces animales humanos de De Foe.

Roxana (v.), nacida en Poitiers de unos hugonotes franceses refugiados en Inglaterra en 1683, ha tenido una juventud honesta. Muy bonita, casa a los quince años con un cervecero acomodado pero necio, y durante ocho años lleva una vida ejem­plar. Un buen día, su marido desaparece para evitar la bancarrota; la joven mujer, que ha tenido varios hijos, vislumbra ante sí al espectro de la miseria. Se libera de sus hijos confiándolos a los parientes de su marido, y se hace la amante del propietario de su casa. El autor ha cuidado mucho la gradación con que se realiza esta primera caída, para hacerla verosímil. Amy, la criada alcahueta, juega en ella un papel decisivo. Las relaciones, además, parecen ir bien, y los dos marchan a París, donde Roxana llega a ser famosa por su belleza. Su amigo, que es un joyero, es asesinado, y Roxana se une a un príncipe de sangre real, con el que hace un viaje a Italia. Esto le sirve a De Foe para encontrar a Venecia encantadora y a Roma detestable, detalle en que desahoga su furor antipapista. Más tarde, el príncipe la abandona por escrúpu­los religiosos, y ella va a Holanda, donde enamora a un buen hombre, mercader, que está dispuesto a casarse con ella.

Pero su ambición ahora ya tiene un fin altísimo: quiere coronar su carrera llegando a ser la favorita del rey de Inglaterra (Carlos II). De Foe, para evitar molestias de carácter político, habla de ello en un tono mis­terioso, aunque transparente. Al alcanzar los cincuenta años, después de muchas otras aventuras, quisiera concederse el merecido descanso, y para adquirir un aire respetable empieza a vivir como una cuáquera. En­cuentra de nuevo al mercader holandés y se casa con él. Pero precisamente ahora que ha logrado una situación honorable se pre­senta una amenaza de escándalo: una hija, que puede revelar su turbio pasado. La fiel criada quisiera, en su celo, llegar a un asesinato; las últimas líneas de la novela son tan oscuras como apresuradas, y la historia queda cortada. La edición de 1743 lleva una continuación apócrifa; hubo quien intentó añadir otros finales, pero la crítica no ha reconocido a ninguno de ellos como auténtico. Lady Roxana es, por tanto, una obra inacabada, apresurada y genial. Hay unos errores verdaderamente garrafa­les: Carlos II, por ejemplo, murió en 1685, por lo que está claro que no podía tener a Roxana como favorita suya. Sin embargo, la novela es viva y poderosa, de alto interés dramático y evocativo. Roxana, indomable, imperiosa, embustera y rapaz, es una cria­tura humana de una vitalidad irreprimible y magnífica.

P. G. Conti

Las Lágrimas de san Pedro, Luigi Tansillo

[Le lacrime di San Pietro]. Poema religioso de Luigi Tansillo (1510-1568), publicado póstumo en 1585. Trata del arrepentimiento del apóstol Pedro después de renegar del Divino Maestro. Un oculto valle, el de los Olivos y el lugar de la última cena, son los primeros testigos de las lágrimas de Pedro. En el tem­plo de Salomón el santo admira las historias bíblicas del triunfo de la Iglesia, allí gra­badas; más tarde le atormentan en una gru­ta unas horrorosas visiones. Conducido por un perro va a ver el cuerpo desfigurado de Judas; le acoge luego un profundo sue­ño, y al despertarse, Isaías le enseña los futuros mártires, mientras el alba despunta para anunciar la hora en que los justos serán llevados al cielo. Cristo resucita y Juan narra al santo las últimas horas del maestro. El poema acaba con la aparición de una bella mujer, de la que se cantarán en otro canto las alabanzas. La acción es casi nula, siendo el breve poema, en sus­tancia, un largo «llanto espiritual» de mil doscientas setenta y siete estrofas, divididas en quince cantos.

El artista no pudo darle la última mano, a pesar de haberlo empe­zado en 1539. El poema fue corregido y re­compuesto más tarde por monseñor Cantalupo y G. B. Attendolo, y hasta 1606 no se publicó una edición fiel al original. Frío e inorgánico, quiere ser una reparación por los poemas juveniles del autor, incluidos en la lista de los libros prohibidos de 1559. Tuvo cierto éxito en su tiempo, y fue tra­ducido al castellano y al francés.

C. Lelj