[The Fortunate Mistress: La amante afortunada o Lady Roxana] Novela de Daniel De Foe (1660-1731), en forma de simulada autobiografía. Fue publicada en 1724 y es, por tanto, cronológicamente, la última de las grandes novelas de De Foe. Fue escrita con la idea de explotar con una obra análoga el gran éxito económico de Moll Flanders (v.). Roxana es, en efecto, la vida de una aventurera de alta clase, un personaje de grandioso impudor. Esto explica el eclipse temporal de ésta y de otras obras de De Foe durante la pudorosa época victoriana, que veía a los sentimentales y patéticos personajes de Dickens destronar a los sanguinarios y rapaces animales humanos de De Foe.
Roxana (v.), nacida en Poitiers de unos hugonotes franceses refugiados en Inglaterra en 1683, ha tenido una juventud honesta. Muy bonita, casa a los quince años con un cervecero acomodado pero necio, y durante ocho años lleva una vida ejemplar. Un buen día, su marido desaparece para evitar la bancarrota; la joven mujer, que ha tenido varios hijos, vislumbra ante sí al espectro de la miseria. Se libera de sus hijos confiándolos a los parientes de su marido, y se hace la amante del propietario de su casa. El autor ha cuidado mucho la gradación con que se realiza esta primera caída, para hacerla verosímil. Amy, la criada alcahueta, juega en ella un papel decisivo. Las relaciones, además, parecen ir bien, y los dos marchan a París, donde Roxana llega a ser famosa por su belleza. Su amigo, que es un joyero, es asesinado, y Roxana se une a un príncipe de sangre real, con el que hace un viaje a Italia. Esto le sirve a De Foe para encontrar a Venecia encantadora y a Roma detestable, detalle en que desahoga su furor antipapista. Más tarde, el príncipe la abandona por escrúpulos religiosos, y ella va a Holanda, donde enamora a un buen hombre, mercader, que está dispuesto a casarse con ella.
Pero su ambición ahora ya tiene un fin altísimo: quiere coronar su carrera llegando a ser la favorita del rey de Inglaterra (Carlos II). De Foe, para evitar molestias de carácter político, habla de ello en un tono misterioso, aunque transparente. Al alcanzar los cincuenta años, después de muchas otras aventuras, quisiera concederse el merecido descanso, y para adquirir un aire respetable empieza a vivir como una cuáquera. Encuentra de nuevo al mercader holandés y se casa con él. Pero precisamente ahora que ha logrado una situación honorable se presenta una amenaza de escándalo: una hija, que puede revelar su turbio pasado. La fiel criada quisiera, en su celo, llegar a un asesinato; las últimas líneas de la novela son tan oscuras como apresuradas, y la historia queda cortada. La edición de 1743 lleva una continuación apócrifa; hubo quien intentó añadir otros finales, pero la crítica no ha reconocido a ninguno de ellos como auténtico. Lady Roxana es, por tanto, una obra inacabada, apresurada y genial. Hay unos errores verdaderamente garrafales: Carlos II, por ejemplo, murió en 1685, por lo que está claro que no podía tener a Roxana como favorita suya. Sin embargo, la novela es viva y poderosa, de alto interés dramático y evocativo. Roxana, indomable, imperiosa, embustera y rapaz, es una criatura humana de una vitalidad irreprimible y magnífica.
P. G. Conti

