El Libro de las Aventuras, Ulrich Füeterer

[Das Buch der Abenteuer]. Es una recopilación poética en alemán medieval, efectuada en 1490 por Ulrich Füeterer, que con esta obra vino a hacer una enciclopedia de las epopeyas caballerescas, empezando por la guerra troyana y por la Eneida (v.), y di­vidiendo la materia en dos grupos: leyendas del Graal (v. Historia del Graal) y leyendas de Artús. Las primeras son las historias de Merlín (v.), Titurel (v.), Parsifal (v.), La Corona (v. Corona), Lohengrin (v.) y de nuevo Parsifal como rey del Graal; las se­gundas son las historias de Wagalois, Seifrid de Ardemont, Meleranz, Iwein (v. Ivan), Persibein, Poytislier, Flordimar, Lanzelot (v. Lanzarote).

M. Pensa

El Libro de la Sabiduría y de la Mentira, Saba-Sulkhan Orbeliani

[Tsighni Sibrdzne-sisruissa]. Famosa recopilación de fábulas, leyendas y parábolas del científico y escritor georgiano Saba-Sulkhan Orbeliani (1659-1725). El libro encierra en forma alegórica las aventuras y experiencias del autor en Europa, durante sus viajes como embajador a la corte de Luis XIV y a la Santa Sede. Orbeliani, en­tusiasta admirador de las bellezas de Italia, como se deduce de su precedente relación sobre la misión diplomática, liga sus fábu­las con una ligera trama: un pérfido mi­nistro, personificación del Mal, después de haber acusado al príncipe heredero de conspirar contra la reina, su madrastra, por medio de fábulas sostiene ante el rey su malvada acusación, y el príncipe, que re­presenta el Bien, se disculpa narrando a su vez fábulas. Al fin vence el príncipe, y el rey, convencido de la inocencia de su hijo, hace castigar al malvado ministro. A través de los relatos se revela el mundo visto por el autor, con sorprendente senci­llez y fidelidad a los naturales preceptos morales del pueblo. El libro de la sabi­duría y de la mentira, escrito en idioma expresivo y rico, y animado por sentencias espirituales y sabias frases, puede ser considerado casi como el código de la moral georgiana. La popularidad de la obra de Orbeliani rebasó los límites de su patria y fue conocida incluso por La Fontaine, que en parte recurrió a esta fuente para sus fábulas. [Trad. alemana de M. Tseretheli y Meckelein].

B. Sadathierashvili

El Libro del Arte, Cennino di Drea Cennini di Colle Valdelsa

[Il libro dell’arte]. Escrito probablemente a fines del siglo XIV por el pintor Cennino di Drea Cennini di Colle Valdelsa, es un precioso compendio de la práctica pictórica del «trecento» florentino. Afirmada desde el principio su des­cendencia artística de Giotto a través de Taddeo y Agnolo Gaddi, Cennini expone, para uso de quien «por amor y gentileza» trate de iniciarse en la pintura, los conoci­mientos y los procedimientos técnicos apren­didos en el taller de dicho Agnolo. La in­troducción recoge el concepto medieval del origen común de las artes en la «necessitas» surgida con el pecado de Adán, y establece el grado jerárquico de la pintura, después de la ciencia y junto a la poesía, recono­ciendo como dotes necesarias al artista, además de la habilidad manual, la fantasía «que encuentra cosas no vistas (captadas bajo la sombra de las naturales)… demos­trando que lo que no es, existe».

Luego el libro trata, en numerosos y breves capítu­los, de la práctica del dibujo, de los colores, de los pinceles, de la técnica de pintar al fresco en las paredes, en seco y al óleo, de la pintura sobre tablas, con minuciosos pre­ceptos sobre el modo de teñir los planos de dibujo, de preparar y mezclar los colores, de enyesar y dorar las tablas, y cosas simi­lares. Los principios sobre la doctrina de las proporciones derivan de los antiguos; la teoría de la perspectiva está apenas em­brionariamente señalada. Algunas páginas reflejan el gusto y la experiencia estilística y no sólo técnica de los últimos discípulos florentinos de Giotto, como los pasajes sobre el dibujo, el relieve plástico, el color y sus relaciones, la manera convencional de hacer los arcos, los edificios, los paisajes. También son notables las observaciones sobre la ne­cesidad de seguir a un maestro para for­marse un estilo individual; sobre los peli­gros del eclecticismo; sobre la necesidad de copiar del natural. La última parte del libro está dedicada a las artes decorativas e industriales (pinturas de estandartes y arcas, dibujos para paños, molduras sobre el natural y su fusión en metal, etc.) que, según una costumbre que perduraba aún en el Renacimiento, solían efectuarse en el taller.

En conjunto, el tratado pertenece todavía a la Edad Media, por su carácter predominante de recetario técnico. Pero confrontado con una obra de estilo entera­mente medieval, la Cedulilla de las di­versas artes (v.) de Teófilo, el libro de Cennini demuestra pertenecer a una diversa civilización artística, la del «trecento» ita­liano, y encontrarse en el umbral de una época nueva, el Renacimiento. La señal más clara es la mayor conciencia de la perso­nalidad del artista, evidente sobre todo en la orgullosa afirmación de que Giotto «trans­formó el arte de pintar de griego en latino y lo redujo al moderno». También para la terminología artística y la primera formu­lación de algunos conceptos pasados luego al lenguaje corriente («diseño» como forma interiormente concebida por el artista antes de expresarla manualmente, «relieve», «ma­nera» y otros), el tratado tiene especial importancia e inaugura la gran tradición de la literatura sobre el arte vulgar. El libro, no impreso hasta el siglo XIX (primera edi­ción crítica: Florencia, 1859), tuvo después varias traducciones y reediciones.

G. A. Dell’Acqua

El Libro de la Rosa con Espinas, Carl Jonas Love Almquist

[Tórresenos bok]. Recopilación de escritos variadísimos (novelas cortas, dramas, poe­sías, ensayos) del sueco Carl Jonas Love Almquist (1793-1866), publicada a partir de 1832. El primer volumen, «El castillo de caza» [«Jaktslottet»], sirve de introducción a la obra; en él Julianus, hijo de un gentil­hombre amante de la poesía, encuentra a Richard Furumo, de quien escucha la his­toria de la hermosa Magdalena.

A pesar de su vida disoluta, la mujer ha conservado siempre la nostalgia de la inocencia y el deseo de recobrarla. Furumo la encuentra en un bosque al borde de un precipicio. Magdalena le habla de su infancia, y Ri­chard, después de haberla exhortado a es­perar, a buscar en las canciones de antaño la perdida felicidad inocente, cuando la ve absorta en dicho canto y redimida por los renacidos pensamientos de la infancia, la empuja al abismo para que la muerte la salve de su culpa. El tercer libro, «La joya de la reina» [«Juvelsmycket»], explica un episodio ocurrido después del asesinato del rey Gustavo III, con un gusto pictórico y tal lujo de contrastes y símbolos, que re­cuerda Nuestra Señora de París (v.), de Víctor Hugo, La protagonista, Tintomara, hija de un favorito del rey y de una baila­rina, no es hombre ni mujer, sino un ser andrógino; no reconoce leyes, ni humanas ni divinas, pero es naturalmente buena y amada por todos, sin saber amar a nadie. Cuando su madre expresa el deseo de ver la joya de la reina, Tintomara, que tiene entrada libre en la Corte, la coge y se la lleva, con la intención de devolverla a su lugar al día siguiente.

Pero el hurto es descubierto y la inocente Tintomara es en­carcelada y condenada a muerte. Entre las novelas campesinas, la mejor es quizás «La Capilla» [«Kapellet»], escrita en 1838. El protagonista, un joven sacerdote, tiene que dirigirse a predicar a una aldea de pesca­dores y ha preparado un docto sermón. Pero al llegar a la capilla, a orillas del mar, rodeado de gentes pobres, modestas y pri­mitivas, advierte la vanidad de las hermosas palabras y el valor de las que surgen del corazón; por lo que arroja el texto del dis­curso y habla sencillamente, según el verda­dero espíritu cristiano. Terminado el ser­món, se instala en la cabaña de un pobre pescador, consciente ya de su verdadera mi­sión. Estas novelas campesinas, junto con la novela Se puede (v.), caracterizan perfectamente la posición de Almquist, inter­media entre el romanticismo de fondo místico y rousseauniano y un realismo que anuncia de lejos a Strindberg.

A. Anfeta

Libro de la poesía Alemana, Martín Opitz

[Buch von der deutschen Poeterey]. Obra del crítico y poeta alemán Martín Opitz (1597-1639), publicada en 1624. La obra Aristarcha sive contemptu Linguae Teutonicae (título tomado del crítico de Homero), Aristarco de Samocracia), escrita por él en latín, en 1617, es ya una preparación e introducción a esta obra mayor, en la cual se reúnen e ilustran con ejemplos todas las formas, cualidades y atribuciones de la poesía.

Es la primera gran poética alemana, y la más importante – históricamente – hasta el Ensayo de una poética crítica (v.) de Gottsched. En cuanto a la métrica, se prescribe que el acento tónico coincida con el métrico, que el verso alemán se funde sobre el acento y no sobre la cantidad, que el alternarse de tesis y arsis sea rígido (una tesis – un arsis – una tesis, etc.); que la rima sea pura y que el metro mejor sea dístico alejandrino (sobre modelo francés y holandés). Estilísticamente, Opitz intenta dictar una lengua poética que tenga proporciones sencillas, muchos «epiteta ornantia», absoluta ausencia de palabras extranjeras y de voces dialectales. «Los modos de estilo» están fundados en las exigencias particulares de cada «género literario». El estilo sencillo y sin ornamentación se adapta a la comedia y al idilio, mientras que en la épica, en la poesía didáctica, en el elogio y particularmente en la tragedia, en que «se habla de los dioses, héroes, reyes, príncipes, ciudades y cosas semejantes, es menester usar discurso elevado, pleno y vehemente, y no nombrar solamente una cosa, sino describirla con altas y magnificas palabras».- El conocimiento de los antiguos es indicado como necesario; el poeta debe «ser experto en libros griegos y latinos, y haber apren­dido de ellos el giro justo; sólo entonces se conseguirá bien la invención…».

En el versificar lo más importante es, en suma, la doctrina; por esto Opitz es llamado «el padre de la poesía docta». Pero es justo reconocer que también anunció el moderno concepto de poesía cuando advirtió: «el poeta debe tener ideas e invenciones pro­fundas y un grande y esforzado ánimo; debe poder pensar cosas elevadas, si es que su discurso ha de tener un tono distinto del ordinario, y desprenderse de la tierra». Opitz, que poseía extensos conocimientos de la poesía europea de su tiempo, deduce sus teorías en gran parte de Julio César Escalígero, de Ronsard y del holandés Heinsius; y es él quien, tras la violenta ruptura representada por la Reforma y después de la corrupción del gusto en la época de las guerras religiosas, volvió a dar vida a la tradición humanista en alemania, buscando en ella las normas para conferir dignidad de arte a la expresión literaria y dirigir su esfuerzo hacia la creación de la poesía na­cional germánica. La imitación de los mo­delos extranjeros tenía que ser el modelo y guía para ello. Su influencia no sólo sobre la primera escuela de Silesia, de la cual fue el jefe indiscutido, sino en toda la literatura alemana hasta Klopstock es visible por todas partes.

M. Pensa