[Elegiarum liber et carminum libellus]. Bajo este título apareció en París, el año 1551, una primera colección de poesías de Petrus Lotichius Secundus (1528-1560), que está considerado por muchos investigadores como el mayor lírico nacido en alemania, entre Walter y Klopstock, a pesar de que la lengua de que se sirvió no fue el alemán sino el latín. Mas para obtener un cuadro completo de su producción poética, no basta esta edición parisiense; es preciso recurrir a la recopilación total de sus poesías, publicada por uno de sus amigos, en Leipzig, el año 1594, con el título P. Lotichii Opera Omnia.
La obra contiene cuatro libros de elegías, dos de cármenes y cuatro églogas, además de algunas epístolas, y forma como un pequeño diario de la vida del poeta, sin que, no obstante, caiga nunca en la enojosa narración de crónica; en realidad, ofrece sucesivamente los momentos más destacados de la corta existencia del poeta. Son estampas menudas y graciosísimas, penetradas de una aguda melancolía. El lenguaje no es nunca tosco ni hinchado, antes bien, mantiene una fragancia o ingenuidad deliciosa y apacible, y el poeta lo domina como verdadero artista. Se inspira sobre todo, entre los antiguos, en Ti- bulo y Ovidio, poeta melancólico como él, y, entre sus contemporáneos, en Molza, autor de la Ninfa tiberina, en M. A. Flaminio y en Andrea Navagero. Cuando frecuentaba la universidad de Wittenberg, como alumno de Melanchton, conoció Lotichius a su primera musa, una joven morena que él llama Claudia y cuya belleza superaba, según nos dice, la de Lesbia y Delia. Muchas de aquellas elegías y de aquellos cármenes están dedicados a Claudia, y en uno de los poemitas más delicados y tiernos se evocan sus encuentros en el jardincillo de los arrabales «Ad hortulum Claudiae». Pero la joven está dominada por las extravagancias y la soberbia, y el poeta, que la ama profundamente, sufre con sus caprichos.
Por fin la abandona, aunque no sólo por propia voluntad: en Realidad debe participar en la guerra de Smalkalda. Cuando se firma la paz, uno de sus protectores, Daniel Stibar, cuya muerte llorará más tarde el poeta con estrofas afligidas y conmovedoras, le confía la educación de ‘sus tres sobrinos, con los cuales pasa en Francia cuatro años y visita Montpellier y Nimes, viaje abundante en aventuras, rico en experiencias y nuevos amoríos, especialmente con una muchacha que le recuerda a Claudia. Las ruinas romanas y la abundante vegetación de la Francia meridional le entusiasman, pero él está siempre lleno de nostalgia por las bellezas ásperas de su patria nórdica y se siente feliz cuando, por fin, regresa a su hogar. Mas allí permanecerá poco tiempo, ya que Stibar le concede medios para realizar un viaje a Italia con el fin de que en Padua complete sus estudios de botánica. En espléndidos versos canta las bellezas de su nueva morada y dedica graciosos poemas eróticos a una bella pastorcilla de la que se enamoró, aunque ella no aceptó sus galanteos porque se sentía destinada a ingresar en un convento. La peste le expulsa de Italia. Cuando regresa a alemania pasa por el dolor de perder sucesivamente a Stibar, al maestro Melanchton y a un hermano joven, Cristián, poeta como él.
Causa asombro la facilidad poética con que Lotichius se sirve del lenguaje. Sus sentimientos son siempre sinceros. Las imágenes mitológicas que utiliza son siempre delicadas y se relacionan con su experiencia personal y conocimientos humanísticos.
C. Gundolf
