Libro Siro-Romano de Derecho

Se da este título, más preciso que el co­rriente de Libro de Derecho Siro-romano, a una versión siríaca aparecida probable­mente a mediados del siglo VIII, de una obra jurídica griega, escrita con fines di­dácticos en los años 476-477, por un estu­dioso del derecho fiel súbdito del Imperio romano de Oriente, posiblemente un griego de Constantinopla.

Proporciona una expo­sición abreviada del «ius civile» y del «ius novum», pero no aborda el «ius honorarium». Se han añadido apéndices sobre las medidas y sus argumentos afines. El texto siríaco nos ha llegado en varias redacciones, representadas por los manuscritos que se conservan en Londres, París y Roma. Asi­mismo existen otras versiones y redacciones en árabe y armenio. El Libro Siro-romano se halla muy difundido entre los cristianos de Oriente; no refleja en parte alguna el derecho indígena o nacional de aquellas comarcas, como creyeron algunos investiga­dores, ni el derecho general cristiano de Oriente, cuya existencia no ha sido demos­trada por nadie. En la redacción L (de Lon­dres) el Libro consta de 127 artículos. Es­tos son denominados con el epígrafe de «leyes seculares traducidas de la lengua romana» (se entiende, el griego), al arameo (es decir, siríaco). En la misma redacción las leyes son atribuidas a los emperadores Constantino, Teodosio y León. En la redac­ción P (de París) el texto lleva como título Libro de los dikaiomata de los reyes… Constantino… Teodosio… y León.

En la Biblioteca Vaticana se conservan tres re­dacciones diversas, que se designan con las abreviaturas RI, RII y RIII. El Libro es co­nocido en toda la cristiandad oriental, del Cáucaso a Abisinia, desde los países de Babilonia, Susa y Persia hasta el Medite­rráneo, bajo el título de Leyes de Constan­tino, Teodosio y León. Ediciones de Sachau, en el Syrisch-römisches Rechtsbuch (Leipzig, 1880), y Syrische Rechtsbücher, I (Ber­lín, 1907). En versión latina de Ferrini- Furlani, en Fontes iuris antejustinianei, II (Florencia, 1940).

G. Furlani

Libussa, Franz Grillparzer

Tragedia póstuma de Franz Grillparzer (1791-1872), en cinco actos, es­crita en endecasílabos. Grillparzer hacia el año 1819 había fijado su atención sobre la leyenda checa de la fundación de Praga y probablemente ya en 1848 había terminado su obra, que fue representada en Viena en 1874. Cosma, en la Edad Media; Hajek, en el siglo XVI; Dubravius y Eneas Silvio Piccolomini trataron la misma leyenda; la recoge Musáus en los Cuentos populares alemanes (v. Leyenda de Rübezahl); Her­der en la Mesa principesca y en la balada El caballo al pie del monte; Werner, en Wanda, reina de los sármatas, trata una figura episódica de la leyenda, y en 1815 aparece el drama romántico de Clemens Brentano La fundación de Praga (v.), que inicialmente fue titulado Libussa. Grillpar­zer funde fábula y leyenda, historia y filo­sofía en una obra compleja, rica en problemas y notable simbolismo.

Kascha, Tetka y Libussa son hijas de Crokus, príncipe de Bohemia, de origen sobrenatural y profético. Buscando hierbas medicinales para curar a su padre enfermo, es arrastrada Libussa por las aguas de un torrente y sal­vada por un joven aldeano llamado Primislaus, quien se enamora de ella. Entre tanto, muere el padre y una delegación bohemia se presenta en el castillo solitario de las tres hijas para pedir que una de ellas asuma la dignidad soberana. Consiente Libussa, y con ideas patriarcales instaura un Estado ideal en una sociedad idílica de hombres libres; ella personifica el ideario político de Grillparzer, defensor de los derechos del individuo y del corazón contra la razón de Estado y el progreso social y político. Li­bussa no puede hacer frente a las contro­versias de los varones y decide tomar un esposo. Después de haberlo buscado mucho tiempo, logra encontrar al joven que un día la salvó y se casa con él. Pero el arro­gante aldeano tiene una voluntad bien decidida e ideas opuestas a las de Libussa: es el hombre del progreso y representa la moral positiva del ilustracionismo, que sa­crifica la felicidad del individuo a los fines de la prosperidad general; basándose en tales ideas aspira a fundar una ciudad a orillas del Moldawa; será Praga, que signi­fica puerta.

Libussa, mujer amante y fiel, sacrifica, poco a poco en favor del esposo cuanto ella es y posee: sus convicciones, su capacidad de gobierno y su salud misma, dando a luz un hijo. El marido le ruega se consagre a la fundación de Praga como un acto propiciatorio y profético; este es­fuerzo de Libussa, logrado contra sus pro­pias convicciones, le cuesta la vida, y, profe­tizando un reino de amor sobre la tierra, muere. Aparecen entonces las hermanas, que emigrando del país inquieto arrojan sus cinturones de oro, uniéndolos al de Li­bussa, para que juntos formen la corona real de Bohemia. El drama, de gran exten­sión, contiene casi todos los motivos de las poesías de Grillparzer y muestra su predi­lección por toda la vida interior y contem­plativa. Está excesivamente cargado de sím­bolos y de lirismo para ser siempre teatral­mente eficaz, pero posee un valor profundo de pensamiento y de poesía.

C. Baseggio-E. Rosenfeld

El Libro Talonario, José Echegaray y Eizaguirre

Obra teatral en un acto y en verso, del dramaturgo español José Echegaray y Eizaguirre (1832- 1916), estrenada el 18 de febrero de 1874 en el Teatro Apolo de Madrid, siendo su protagonista en escena la insigne actriz doña María Diez. Como en aquel tiempo el autor era ministro de Hacienda (antes lo había sido de Fomento), firmó con el ana­grama de Jorge Hayaseca. Se trata de una obra pusilánime, semicómica por su preten­sión de trágica; los celos conyugales son los que llevan y traen a los personajes por un trance ridículo, hasta que triunfa el amor y la confianza mutua. Después, Eche­garay hizo cosas más importantes, aunque la calidad de El libro talonario no parecía prometerlo.

C. Conde

Libros de Viajes y Aventuras de May

Karl May (1842-1912) es una de las personalidades más extrañas de la vida burguesa alemana de la época de construc­ción del Reich. Hijo de un tejedor, fue en su juventud maestro de escuela en Dresde, mas sufrió una denuncia por conducta deshonesta y fue sometido a proceso; vuelto a la vida civil, encontró su camino empe­zando a escribir libros de aventuras y de viaje, que entusiasmaron a la juventud ale­mana al igual que Salgari entusiasmó a la italiana. En su alma vivía una inmensa necesidad de romanticismo, de evasión de la vida diaria, monótona y sosa, en la que no se encontraba a gusto, Los países de sus aventuras — especialmente el Próximo Oriente y América — son un mundo de fan­tasía, aun cuando en algunos de ellos es probable que él estuviera, antes de descri­birlos o después; el problema de sus viajes aún no ha sido resuelto, aunque, en realidad, no tiene especial importancia.

Para sus fines era suficiente la lectura de textos de geografía, sobre los que su imaginación trabajaba libremente. Había estudiado idio­mas poco comunes: conocía bien el árabe, el persa, el turco y el curdo; tenía algunas no­ciones de dialectos pielesrojas, de los que se servía para colorear las maravillosas aven­turas que hicieron las delicias de por lo me­nos dos generaciones de muchachos alema­nes. Le gustaba ponerse a sí mismo en el centro de la narración; y sus cuentos rebosan de personajes que han llegado a ser popula­res. Así, entre otras, la figura casi mítica de «Oíd Shatterhand», un «trapper» americano que vive en una choza en la pradera, y es una persona de corazón de oro, de vista de lince y de mano firme; estos tres atributos le sirven excelentemente para llevar a cabo una serie de acciones nobles y generosas, a través de muchísimos volúmenes. Su con­trapartida entre los pielesrojas es «Winnetou, el caballero rojo», ser igualmente lleno de generosidad y de nobleza de áni­mo, héroe predilecto de la juventud esco­lar de alemania. Los volúmenes más leídos y más populares de May son El tesoro del lago de plata [Der Schatz am Silbersee, 1895], El legado del Inca [Das Vermächtnis des Inkas, 1895], La caravana de los esclavos [Die Sklavenkaravane, 1893]. Además de estos libros de aventuras, escribió también una serie de descripciones de viajes a tra­vés de los países balcánicos y de Turquía, una autobiografía, Mein Leben und Streben (1910) e Ich (postumo, 1916).

En alemania solamente, las tiradas de sus obras alcan­zaron los seis millones de ejemplares. Una encarnizada discusión se ha encendido y continúa aún hoy sobre la «recomendabilidad de sus libros», a pesar de su fondo moralista y cristiano. Por un lado se crea­ron una «Fundación Karl May», una «Socie­dad Karl May», un «Anuario Karl May»; por el otro se levantaron de nuevo los velos sobre las peripecias de su juventud y se insistió sobre lo enigmático y problemático de su figura. Quizá fue éste un honor exce­sivo. Entre tanto, siguen las reediciones de sus libros; y en los últimos tiempos se ha notado incluso un aumento. La edición me­jor es la de Gesammelte Werke, en sesenta volúmenes (1920-32).

G. Guerrieri

Libros Populares Alemanes, Joseph Gorres

[Die deutschen Volksbücher]. Obra de Jacob Joseph Gorres (1776-1848), aparecida en Heidelberg en 1807 con el subtítulo «Revalo­ración de los bellos libritos de historia, de astronomía y de medicina que, ya por su valor intrínseco, ya por casualidad, se con­servaron a través de los siglos y han lle­gado hasta nuestros días», dedicada a su amigo Clemens Brentano.

Paralela al Cuer­no maravilloso del niño (v.), trata de vulgarizar las antiguas leyendas, los anti­guos poemas épicos, y todo lo que se con­servaba todavía vivo de la antigua sabiduría popular. En estilo exuberante y de cuento maravilloso, vemos en el prefacio levantarse de los sepulcros y hablar a los antiguos héroes germanos que reprochan al poeta el haberlos despertado de su sueño; él res­ponde entonces a Barbarroja: «Yo busco la vida excavando profundamente en la tierra árida hasta encontrar el agua viva». Pero cuando cree hallarla en las gestas de los héroes, ellos le rebaten: «Nuestras gestas nos han seguido aquí abajo sólo como som­bras; si quieres entretenerte con ellas, lée­las en estos libros», es decir, la historia está siempre viva en el presente a través del arte, pero no sepultada en el pasado.

En la introducción Gorres revalora la literatura popular en general, es decir, el «espíritu po­pular» que es muy distinto del «plebeyo» o bajo, y al que corresponde todo lo que proviene de un «corazón sencillo y de un puro ideal». La primera expresión popular fue la lírica, a la que siguieron la heroica y la épica, hasta que, con la invención de la imprenta, se desarrolló la prosa, al des­aparecer la necesidad mnemotécnica de la cadencia del verso. Sigue en el texto el exa­men de los distintos libros, comenzando por orden cronológico por los didácticos, «tanto más poéticos cuanto menos científicos», para pasar después a los llamados «román­ticos» y por fin a los religiosos, y termina en el apéndice con una «visión panorámica que abarca por completo todo el camino recorrido». La más interesante entre estas características, llevadas con escaso sentido de la erudición, es la leyenda del «Fausto», en su interpretación satánica. La «visión panorámica» del apéndice es lo más impor­tante del texto. Allí se sienten resonar los acentos de Novalis en una carrera miste­riosa a través del pasado, en el que la luz divina brilla eternamente, despertando en nosotros aquel religioso sentimiento de ve­neración por los antepasados, los cuales, sobre todo en el Medioevo, reconocieron la superioridad del espíritu, y «doblaron sus rodillas dé hierro, inclinándose por propia voluntad ante lo invisible».

A este sentido religioso añadían ellos la gentileza del culto a la mujer, desembocando en la «caballería de Bronce», que, animada de tan altos sentimientos, se lanzó contra «las tropas leoninas» de los infieles, para la liberación del Santo Sepulcro. La exaltación histórica del Medioevo termina con la historia de su literatura popular, cuya decadencia culmina con el advenimiento de la industria y del oro. Llegado a este punto, exhorta Görres a volver a tomar contacto con los espíritus de los antepasados, no para imitarlos, sino para «inflamarnos en ellos», para encontrar en ellos el «sólido núcleo de nuestro propio ser». El sentimiento religioso, el pensa­miento romántico y el nacional, se funden formando un típico cuadro del mundo ro­mántico. Clemens Brentano se entusiasmó con la lectura de los Libros populares; no así Arnim, que los encontró «ociosos porque no se comprende para quién han sido escri­tos, frívolos e incompletos». Y no sin ra­zón, porque Görres, no dedicando más que un apresurado examen a los documentos que Brentano había puesto a su disposición, resumió a la ligera los que le fueron ca­yendo en las manos. Sin embargo, no trataba de hacer obra de ciencia, sino de poesía.

G. F. Ajroldi