Lógica y Metafísica, Bertrando Spaventa

[Lógica e meta­física]. Obra de Bertrando Spaventa (1817- 1883), publicada incompleta en Nápoles en 1867 con el título Principios de filosofía [Principii di flosofia] y reeditada íntegra por Giovanni Gentile con el título actual, Lógica e metafísica, en Bari en 1911.

Con­siste esencialmente en una reinterpreta­ción de la fenomenología de Hegel, llena de acentos personales y con referencias a la tradición hegeliana considerada de modo idealista, de lo cual resulta una intere­sante profundización en la actitud del filó­sofo alemán. En la parte que se refiere a la «Teoría del conocimiento», sentado el prin­cipio de que la conciencia sólo es medida de sí misma, porque es «a un tiempo con­ciencia del objeto y conciencia de sí misma, ojo que ve a la vez una cosa y a sí misma en cuanto visión… continua comparación con sí misma», se deducen las formas por medio de las cuales la mente se eleva a su autoconciencia (conciencia sensitiva, con­ciencia perceptiva, conciencia intelectiva) y las formas por medio de las cuales la auto- conciencia a la «mente» (autoconciencia en general, autoconciencia apetitiva, autocon­ciencia recognoscitiva, autoconciencia uni­versal). Entendida la mente como «activi­dad productiva y, por lo tanto, dialéctica del saber… que es a un mismo tiempo obje­tividad» es definida la verdad como «iden­tidad de los dos términos del saber como objeto del saber mismo (certeza objetiva y objetividad cierta)»; resulta de ella que la mente es potencia real y efectiva de conocer, y que, por lo tanto, las determina­ciones racionales, las categorías son, no sólo actualidades mentales, sino también determinaciones.

En la parte que se refiere a la «lógica» se define el concepto de filosofía como el de una actividad en que el espí­ritu, en su absoluta libertad y autonomía, se posee totalmente a sí mismo; suprema abstracción y suprema concreción a un tiempo, negación radical pero también con­servación y verificación absoluta de toda cosa, y puesto que el pensamiento no es solamente forma, sino también materia, no sólo identidad, sino también diferencia, se rechaza la lógica formal; la lógica como ciencia de las categorías es sistema y uni­dad de las categorías y por lo tanto meta­física, puesto que las categorías del ser (cualidad, cantidad, medida), las categorías de la esencia (esencia, fenómeno, actuali­dad), las categorías del concepto (subjeti­vidad, objetividad, idea) y los momentos de ellas, no son elementos abstractos, sino principios y razones de lo real. Para dedu­cir estas categorías, la lógica debe abando­nar todo empirismo y pasar rigurosamente desde un principio único al desarrollo de sus determinaciones, desarrollo que es el dialéctico e implica los momentos en que el principio no está desenvuelto, aquel en que se desenvuelve y ,en que vuelve a sí. Y de este modo se llega al Logos, categoría absoluta que comprende en sí todas las demás, unidad del conocimiento y de lo verdadero y del bien. Y por esto se puede sacar en conclusión que la lógica no es sólo pensar sino también querer: «yo pienso ló­gicamente porque quiero pensar así… el pensar no es sólo un acto teorético, sino ético, una exigencia ética».

G. Bertin

Lohengrin, Anónimo

Poema en medio alto ale­mán compuesto en sesenta y seis estrofas a mediados del siglo XIII por un juglar turingio, y refundido, ampliado y completado entre 1283 y 1290 por un ministril bávaro que relacionó la leyenda con el emperador Enrique I y sus guerras contra húngaros y sarracenos.

La saga de Lohengrin (del anti­guo francés «li loheren Gurin», «Gurin el lorenés») está mencionada en el Parzival (v. Parsifal) de Wolfram von Eschembach, que hace de él un hijo de su héroe; des­pués es recordada en el Titurel más reciente (v.) de Albrecht; aparece en un relato de Konrad von Würzburg que lleva el título, El caballero del cisne (v.), y ha llegado fragmentariamente hasta nosotros. Ya el rapsoda turingio debió de utilizar parcial­mente como fuente de un antiguo y breve poema francés, el Chevalier au cygne, al cual recurrió después también, en el si­glo XV, el «Minnesänger» autor del Lorengel. En el castillo del Graal se oye un sonido maravilloso que se interpreta como una señal: la duquesa Elsa de Brabante es pre­tendida en matrimonio por Friedrich von Telramunt, quien afirma haber recibido de ella promesa de matrimonio; un duelo en juicio de Dios deberá confirmar o negar la afirmación de Telramunt. Elsa pide auxilio a Dios. Lohengrin es elegido por el Graal como defensor de la doncella. Lohengrin parte en una barca tirada por un cisne, que durante el viaje le nutre de hostias y de cantos. Desembarca en Amberes, vence a Telramunt, y se casa con Elsa de Brabante a condición de que ésta no le pregunte nunca por su origen.

En este punto el refundi­dor bávaro, para glorificar al emperador En­rique I, inserta el paréntesis de aventuras y empresas valerosas que Lohengrin lleva a cabo junto con el Emperador en su lucha contra húngaros y sarracenos. Cuando re­gresa a la patria, Elsa, instigada por su falsa amiga la condesa de Cleves, le hace la fatal pregunta y entonces Lohengrin revela en presencia del pueblo entero su origen y na­turaleza y parte nuevamente conducido por el cisne que ha venido a buscarlo. Una vez más, al final de la obra, el poeta bávaro en­salza al emperador Enrique y a sus suceso­res de la casa de Sajonia. En el siglo XV la leyenda de Lohengrin fue refundida en otro poemita cuyo héroe lleva el nombre de Lorengel y a la cual va unido un episo­dio extraño; en Antorf (Amberes), Loren­gel es recibido por un amigo que le relata la sangrienta matanza de Úrsula y las Once Mil Vírgenes, realizada por Etzel (Atila) y los hunos en la Renania.

M. Pensa

Los Logistóricos, Marco Terencio Varrón

[Logistorici]. Marco Terencio Varrón (116-27 a. de C.) com­puso este tratado, en 76 libros, de los que incluso el título remontaba a la tratadística tradicional academicoperipatética: Logistóricos, es decir, «diálogos históricos» como en realidad eran, proyectados en un am­biente histórico, los diálogos de Platón, en sentido más literario que filosófico, los diá­logos esotéricos de Aristóteles y los Diálo­gos de Heráclides del Ponto.

De estos se­tenta y seis libros se conservan hoy un cen­tenar de fragmentos en dieciocho títulos: Catón, o la educación de los hijos [Catus, de liberis educandis]; Curión, o el culto di­vino [Curio, de culto deorum]; Mario, o la fortuna [Marius, de fortuna]; Mesalla, o el conservase sano [Messalla, de valetudine tuenda]; Tuberón, u origen de los hombres [Tubero, de origine humana]; Attico, o la cronología [Atticus de numeris]; Galo Fondanio, o las maravillas [Gallus Fundanius, de admirandis]; Orestes, o la demencia [Orestes, de insania]; Pío, o la paz [Pius, de pace]; Sisena, o la historia [Sisenna, de historia]; Caleno [Calenus]; Laterense [Laterensis]; Nepote [Nepus]; Scévola [Scaevola]; Escauro [Scaurus]; Las costumbres [De moribus]; El pudor [De pudicitia] y Las generaciones [De saeculis]. El más im­portante por la abundancia de fragmentos es Catón, cuyo contenido era aproximada­mente el siguiente: un padre, Quinto Elio Tuberón, había rogado a Varrón que tomase a su cargo la educación de su hijo Sexto nacido por entonces. Acepta Varrón y com­pone este tratado en forma dialogada, en el que se dan consejos acerca de la lactancia, la nutrición, sobre los estudios y los juegos de los niños. El movimiento dramático era mínimo en los Logistóricos y servía para pasar de un tema a otro. En general, el fin de estos tratados consistía en hacer apare­cer en el diálogo un personaje histórico, especialmente versado en la disciplina que era Objeto de estudio.

F. Della Corte

Lógica Estadística, Melchiorre Gioia

[Lógica statistica). Obra de Melchiorre Gioia (1767-1829), publicada en 1808. De lógica, y no de esta­dística, trata propiamente este volumen, de suerte que al publicarse de nuevo se hizo con el título de Elementos de Filosofía, des­tinada desde su origen a los jóvenes.

Para Gioia «lógica estadística» significa «lógica descriptiva»; esto es, tiende a inculcar el modo de reunir los hechos, cuando nos son representados por la observación y el expe­rimento. Con todo, como en la Filosofía es­tadística (v.), Gioia reclama como elementos comunes a todas las naciones, y por lo tanto objeto de estudio y de conocimiento, la to­pografía, la población, las producciones, las artes, el comercio, la administración pública y los usos y costumbres, o sea los hábitos económicos y morales. Proponiéndose el tema en relación con el estado presente, pasado y futuro, desarrolla primero la teo­ría de la sensación, de la atención, del racio­cinio. Después, entre otras cosas, censurados los métodos entonces (en parte hoy todavía) vigentes en materia de instrucción de los niños, les contrapone medios completamente originales de índole pedagógica, y sugiere las maneras de mantener despierta la aten­ción, de confiar los conocimientos apren­didos a la memoria, y de aprender a razo­nar. En la parte segunda está la aplicación de las premisas.

Dirigiéndose primero a los problemas de la vida presente, el autor ha­bla de las falsas apariencias — en las artes, en el comercio, en la vida social—; de las fuentes de conocimiento; la observación; el cálculo le conduce, siguiendo a Condorcet, a hablar de las elecciones y de sus mejores métodos. Refiriéndose después a los proble­mas que presenta el pasado, esto es, a los acontecimientos históricos, da interesantes enseñanzas para la crítica de las fuentes; y en cuanto al futuro, esto es, a las previsio­nes sobre los distintos temas, indica los elementos de los cuales se pueden extraer deductiva e inductivamente. Este libro, que representa verdaderamente una novedad en relación con los precedentes manuales de lógica, abunda en ejemplos y anécdotas, que hacen su lectura fácil y agradable.

F. Luzzatto

Lógica. Estudio Acerca de los Principios del Conocimiento y de los Métodos de la Investigación Científica, Wilhelm Wundt

[Logik. Untersuchung der Prinzipien der Erkenntniss und der Methoden wissenschaftlicher Forschung]. Estudio filosófico del autor alemán Wilhelm Wundt (1832-1920), publicado en Stutgart en 1880-1883; 5.a ed., 1924.

La lógica de Wundt oscila entre el psicologismo y el for­malismo, el idealismo y el realismo, bus- cuando una posición desde la que pueda afir­marse como ciencia instrumental y al mismo tiempo de contenido filosófico. Toma desde luego posición decidida por el «realismo», afirmando que los materiales organizados por el pensamiento lógico son datos extra­ños a nuestra mentalidad, y que la idea según la cual todo conocimiento, en cuanto hecho de conciencia, es subjetivo y no pue­de expresar nada de las cosas, es uno de los mayores prejuicios que jamás haya sufrido la filosofía. Mientras la psicología nos en­seña de qué manera se efectúa el curso del pensamiento, la lógica determina el modo como debe cumplirse este curso para lo­grar conocimientos exactos. Entre tantas asociaciones y representaciones, considera sólo aquellas que constituyen reglas para el desarrollo de nuestros conocimientos; es, pues, una ciencia normativa, que establece las leyes que rigen el pensamiento por el camino de la verdad, como la moral por el camino del bien; y como ésta, tiene una forma autoritaria y constructiva. La percep­ción da la primera interpretación de los hechos inmediatos de la conciencia, pero la ciencia casi siempre la corrige, para susti­tuirla con interpretaciones que eliminan las contradicciones entre percepciones.

Para Wundt toda certeza proviene de la ausencia de contradicción y de la imposibilidad de afirmar lo contrario: «criterio idealista, que excluye la certeza absoluta, tal cual resul­taría de la hipótesis de un mundo objetivo, guía de nuestras reconstrucciones de la experiencia». Para Wundt, «concepto» («Begriff») es la agrupación de los varios carac­teres de un solo objeto. El concepto «aporta una representación nueva del objeto, sin que deba introducirse una nueva modifica­ción en el curso de nuestros pensamientos, en tanto que nos mantengamos en la serie de las representaciones asociadas». Toda re­presentación que participa del curso de las ideas adquiere con ello carácter de con­cepto. Pero para tener carácter lógico, el concepto debe ser continuo, esto es, no debe cambiar en el curso del razonamiento junto con el enlace lógico con los otros conceptos. Del juicio, Wundt da la siguiente defini­ción: «descomposición de una representación de conjunto (idea) en sus conceptos com­ponentes». El contenido de un juicio cual­quiera es dado como un todo, antes de que se divida en sus partes; de ahí que todo juicio sea siempre analítico. El juicio no aporta una extensión a nuestros conocimien­tos, sino que sólo precisa los que ya posee­mos.

Wundt admitirá en la segunda edición de su libro que el grupo de las represen­taciones o conceptos que contienen el jui­cio ha nacido sintéticamente; pero el juicio mismo consiste en el análisis de esta idea (no precisa como el juicio puede hacernos pasar de una idea a otra nueva). La con­clusión lógica es para él la que «necesaria­mente» se deduce de los juicios dados. El silogismo no es más que una ampliación del juicio. Su elemento esencial no es la conclusión, sino las premisas; sólo éstas son juicios autónomos, mientras que la conclu­sión se limita a exponer una relación, ya existente en las premisas, por medio de un juicio particular, en el cual el término me­dio se ha eliminado. Ley fundamental de todo razonamiento lógico es el proceso de «sustitución» por el que «cuando varios jui­cios se ponen mutuamente en relación por medio de conceptos comunes, los conceptos que entran en aquellos juicios sin serles comunes entran igualmente en una relación que tendrá su expresión en un nuevo jui­cio». Este proceso se apoya en un principio, especialmente en el de identidad, ya que todo silogismo sigue el principio de iden­tidad, al que se suma el de contradicción, para explicar también el juicio negativo.

Wundt en cambio considera el juicio «de subordinación» — que para Aristóteles era la forma esencial — como el más pobre de todos, porque todas las verdades que puede enseñarnos se fundan en la certeza de los procesos mentales que la preceden. Esta tesis acerca del silogismo es considerada la más importante e innovadora de su lógica — a la que, por lo demás, se han hecho varias críticas. La principal de éstas es su oscilación entre realismo e idealismo en la construcción de las teorías lógicas; especial­mente la independencia de sus definiciones de concepto y de juicio con respecto a la teoría realista. La obra de Wundt ha ejer­cido una notable influencia sobre el pensa­miento universitario alemán, consolidada por otras obras sucesivas sobre lógica.

G. Pioli