Lohengrin, Anónimo

Poema en medio alto ale­mán compuesto en sesenta y seis estrofas a mediados del siglo XIII por un juglar turingio, y refundido, ampliado y completado entre 1283 y 1290 por un ministril bávaro que relacionó la leyenda con el emperador Enrique I y sus guerras contra húngaros y sarracenos.

La saga de Lohengrin (del anti­guo francés «li loheren Gurin», «Gurin el lorenés») está mencionada en el Parzival (v. Parsifal) de Wolfram von Eschembach, que hace de él un hijo de su héroe; des­pués es recordada en el Titurel más reciente (v.) de Albrecht; aparece en un relato de Konrad von Würzburg que lleva el título, El caballero del cisne (v.), y ha llegado fragmentariamente hasta nosotros. Ya el rapsoda turingio debió de utilizar parcial­mente como fuente de un antiguo y breve poema francés, el Chevalier au cygne, al cual recurrió después también, en el si­glo XV, el «Minnesänger» autor del Lorengel. En el castillo del Graal se oye un sonido maravilloso que se interpreta como una señal: la duquesa Elsa de Brabante es pre­tendida en matrimonio por Friedrich von Telramunt, quien afirma haber recibido de ella promesa de matrimonio; un duelo en juicio de Dios deberá confirmar o negar la afirmación de Telramunt. Elsa pide auxilio a Dios. Lohengrin es elegido por el Graal como defensor de la doncella. Lohengrin parte en una barca tirada por un cisne, que durante el viaje le nutre de hostias y de cantos. Desembarca en Amberes, vence a Telramunt, y se casa con Elsa de Brabante a condición de que ésta no le pregunte nunca por su origen.

En este punto el refundi­dor bávaro, para glorificar al emperador En­rique I, inserta el paréntesis de aventuras y empresas valerosas que Lohengrin lleva a cabo junto con el Emperador en su lucha contra húngaros y sarracenos. Cuando re­gresa a la patria, Elsa, instigada por su falsa amiga la condesa de Cleves, le hace la fatal pregunta y entonces Lohengrin revela en presencia del pueblo entero su origen y na­turaleza y parte nuevamente conducido por el cisne que ha venido a buscarlo. Una vez más, al final de la obra, el poeta bávaro en­salza al emperador Enrique y a sus suceso­res de la casa de Sajonia. En el siglo XV la leyenda de Lohengrin fue refundida en otro poemita cuyo héroe lleva el nombre de Lorengel y a la cual va unido un episo­dio extraño; en Antorf (Amberes), Loren­gel es recibido por un amigo que le relata la sangrienta matanza de Úrsula y las Once Mil Vírgenes, realizada por Etzel (Atila) y los hunos en la Renania.

M. Pensa