Madre, Giovanni Cena

Poema de Giovanni Cena (1870- 1917), publicado en 1897 con prefacio de Arturo Graf. El joven poeta, que comien­za rodeado del fulgor de un «crepuscularismo» robustecido por la pasión social, cuenta la oscura historia de la enfermedad de su madre, de su angustia filial, del mudo dolor de una familia en el duelo y la mi­seria.

El triste homenaje a la desaparecida comienza con el anuncio que da el padre a sus hijos Giovanni y Vittore, de la grave enfermedad de la madre. La desventurada mujer, acompañada a la ciudad por su hijo mayor y predilecto, Giovanni, es rechazada en el hospital porque su mal, diagnosticado ya como incurable, hacía considerar inútil el restablecimiento. Sigue el regreso a su pobre casa, la desesperación muda y de­solada del padre obrero, la inconsciente participación en la desgracia de los niños y la tortura impotente de Giovanni. Los versos más bellos son los que narran la penosa va­cilación entre el dolor y la esperanza, has­ta que la inevitable tragedia señala defini­tivamente la gran desgracia. La muerte de la madre ocurre precisamente mientras Gio­vanni, extenuado por la larga vigilia, se ha dormido y sueña en los tiempos felices de su infancia, cuando la madre volvía de la fiesta de los campos bella y fresca de ju­ventud. Con todos sus defectos de escasa síntesis de imagen, de excesiva discursividad y de entonación demasiado próxima a la de Arturo Graf y del Pascoli menor, la poesía de Madre revela un sentimiento vivo y una intuición conmovida del sabor más verdadero del alma. El joven poeta se pregunta el porqué de tanto sufrimiento y la necesidad de una perspectiva filosófica más vasta se le abre como próximo pro­blema.

R. de Grada

La Madre, Santiago Rusiñol

[La mare). Drama en cua­tro actos del pintor, comediógrafo y nove­lista catalán Santiago Rusiñol (1861-1931), estrenado el 20 de febrero de 1907. Manel, hijo de una modesta familia de panaderos rurales, tiene una vocación apasionada por la pintura, pero todo el mundo pretende desilusionarle predicando la ineficacia cre­matística de su arte. Sólo Rosa, su madre, comprende a Manel, el cual no ceja hasta marchar a la ciudad para dedicarse entera­mente a su vocación artística. Allí se enamora de Isabel, su modelo, y vive junto a ella y su madre. Realiza una pintura per­sonal e independiente y sólo en un apuro económico se conforma con pintar cuadros comerciales. De improviso se presenta Rosa, su madre, porque ha temido por la salud física y espiritual de Manel, y se da cuenta de que Isabel y su madre no son sinceras con su hijo y, finalmente, consigue que éste las expulse de su casa. Rosa vuelve al pueblo y Manel triunfa, después de muchos sacrificios, al ganar una importante recom­pensa en un concurso. Al cabo de cierto tiempo Rosa enferma y Manel regresa apre­suradamente a su pueblo con la intención de vivir para siempre junto a su madre. Pero ésta muere en el momento en que, en medio del regocijo popular, los notables de la aldea entregan a Manel una corona de laurel para rendir tributo a sus éxitos. El hijo la deposita ante el cadáver de su ma­dre y exclama: «Es ella qui l’ha guanyada!» La obra, con esa mezcla de humor y de tragedia que constituye una de las constan­tes de Rusiñol, rinde culto a la madre cuyo afán y tutela han constituido la clave del triunfo de un hijo.

A. Manent

Madame Sans-Géne, Victorien Sardou

Comedia en tres actos y un prólogo del escritor francés Victorien Sardou (1831-1908), estrenada en Pa­rís en 1893.

El prólogo se desarrolla el día de la toma de las Tullerías, en el taller de la lavandera alsaciana Catherine Huoschor. Se refugia en ella un noble austríaco, el conde de Neipperg, a quien el populacho ha herido y persigue para matarlo. Cata­lina lo oculta en su habitación. El sargento Lefebvre llega con sus hombres, sospecha que Catherine, su prometida, esconde a un enamorado y entra a la fuerza en la habi­tación; al salir declara a todos que el cuarto está vacío; el hombre a quien ha encontra­do le ha parecido muerto. Convencido ya de la inocencia de Catherine, la ayuda, cuando todos han marchado, a salvar al he­rido. En el primer acto, en Compiégne, Ca­therine, esposa ya de Lefebvre, convertido en mariscal, y duquesa de Danzig, recibe a las hermanas del Emperador, que tienen el mal gusto de burlarse de ella. La maríscala les responde con ironía e invectivas popu­lares, indiferente a la ira imperial lanzada ya contra ella porque Lefebvre se ha ne­gado a divorciarse para casarse con una noble.

Pero cuando el Emperador se en­cuentra con la maríscala, el ex teniente descamisado reconoce a la antigua lavan­dera y cantinera del regimiento, y el diá­logo, empezado en tono de rígida etiqueta, adquiere, hacia el fin, un ritmo de respe­tuosa confianza. Aquella noche, el conde de Neipperg, que hubiera tenido que aban­donar París, reclamado en Viena por ser sospechoso de secretas inteligencias con María Luisa, pero no sólo políticas, ya que ha sido sorprendido en la antecámara de la Emperatriz, es conducido ante el Empera­dor. Napoleón le insulta, le degrada y le entrega a la guardia de palacio, mandada aquella noche por Lefebvre, para una eje­cución sumarísima. Pero Catherine, con fe­menina audacia, conjura al soberano para que no cometa tamaño error, ya que con él deshonraría a la misma Emperatriz. Neip­perg huye gracias a Fouché, ministro de policía en desgracia, que en esta ocasión reconquista la confianza del Emperador y vuelve a conseguir el cargo. La comedia tiene la misma superficialidad de otras obras históricas del autor, pero la viva figura de la protagonista le procuró el éxito, jun­to con la acostumbrada habilidad teatral de Sardou, particularmente briosa en esta obra. [Trad. española con el título La Corte de Napoleón].

M. Ferrigni

Madhrâshê, Efrem Siro

Una de las obras más notables del fecundísimo escritor siríaco Efrem, verdadero clásico de la literatura siria, muerto el año 373. Las madhrâshê, homilías o discursos, están escri­tas en verso y tienen en su mayoría inten­ción polémica. En una recopilación de 56 discursos métricos, polemiza ardientemente contra algunos herejes famosos, Bardesano y su escuela, Marción y los marcionitas, y los maniqueos. En otros arremete contra la gnosis y el arrianismo. Del mismo autor, cuyas cualidades literarias destacan so­bre todo en el discurso Sobre el Paraíso, nos han llegado, además, muchas otras ho­milías poéticas. Entre éstas las más renom­bradas son las llamadas Madhrâshê de Nisibe.

G. Furlani

Madame de Chamblay, Alexandre Dumas padre

Drama en prosa de Alexandre Dumas padre (1803-1870), estrenado con gran éxito en 1863. La condesa de Chamblay vive en provin­cias, en Évreux; es una dulce figura de mujer universalmente admirada y compa­decida por ser víctima de su marido, brutal jugador que devora su patrimonio. Ha bus­cado consuelo en una noble pasión que le ha inspirado al joven Max de Villiers, a quien empero resiste por un tenaz escrúpulo de honradez. Una noche que madame de Chamblay se ha retrasado hablando con él, es sorprendida por la inesperada vuelta del marido y hace esconder precipitadamente a Max en su aposento. El marido, fuera de sí por una importante pérdida en el juego, quiere obligarla a vender la última propie­dad que le queda para volver inmediata­mente a tentar a la fortuna; a las recrimi­naciones de ella se pone tan amenazador, que la mujer, aterrorizada, llama en su ayuda a Max.

El conde de Chamblay dis­para contra él y lo hiere. La situación re­sulta muy complicada y peligrosa para la señora, pues Chamblay, seguro de ser absuelto fácilmente por legítima defensa, in­tenta expoliar a los presuntos amantes. Pero encuentra un obstáculo, precisamente en la autoridad de quien esperaba ayuda para llevar a término su vil proyecto: el prefecto de Évreux, devoto admirador de la condesa, que toma audazmente en sus manos el asunto y se revela como una especie de héroe caballeresco de clase supe­rior, capaz de olvidar los deberes de su cargo para hacer triunfar la verdadera justicia, con un golpe de teatro que salvará el desarrollo así como las apariencias; con su alegre impertinencia, consigue exasperar hasta tal punto al conde, que se hace ofen­der vulgarmente por él, lo desafía y lo mata. La novelesca aventura está llevada con brío subyugante, que obliga al espec­tador a aceptar las situaciones más impre­vistas, arrastrado en el juego de una sensi­bilidad simplista y generosa, en un aura de alegre aventura donde se recuerdan con justicia la figura de D’Artagnan (v.) y cier­tos episodios memorables de Los tres mos­queteros (v.). M. Bonfantini

Tiene el sentido de la escena, el instinto de las tramas efectistas; aquel arte característico del teatro, que no tiene nada que ver con la literatura, que no necesita ni poesía ni estilo para ser válido, ningún ro­mántico lo ha poseído como Dumas. (Lanson)