Mahābhāşya, Patañjali

Obra india de Patañjali (siglo II a. de C.), gran comentario al «sūtra» de Pānini (v. Aştādhyāyī) o, mejor aún, al Vāritika de Kātyāyana, que se ha­llan incluidos en el Mahābhāşya y que constituyen una explicación y un comen­tario a dicho «sütra». Patañjali no se li­mita a criticar, sino que prosigue la obra de Kātyāyana, a veces contradiciéndole. No se basa en una teoría general, sino que parte de una observación directa de la len­gua. En la introducción un escolar pre­gunta qué sentido tendría emplear palabras « que ya no se usan, y la respuesta es que estas palabras fueron usadas en otros tiem­pos y que son empleadas aún por otros pue­blos. El Mahābhāşya está escrito en el es­tilo llamado Bhāşya, en forma de diálogo; la lengua es sencilla y clara, las proposi­ciones generalmente breves, como conviene en la conversación. De pronto, un escolar plantea una pregunta y un maestro ocasio­nal da la respuesta, casi siempre super­ficial; interviene entonces el verdadero maestro, que explica claramente la cues­tión. Precisamente por este estilo familiar, el Mahābhāşya es una fuente importante para el estudio de la vida en la India an­tigua. En algunos puntos el estilo recuerda el de las inscripciones de Asoka, casi con­temporáneas. Edición crítica de F. Kielhorn en la «Bombay Sanskrit Series», 2.a edición, 1906.

A. M. Pizzagalli

Magnalia Christi Americana, Cotton Mather

Obra del pastor norteamericano Cotton Mather (1663-1728), empezada en 1693, acabada en 1697 y publicada en Londres en 1702. El título completo es: Magnolia Christi Ameri­cana, or the Ecclesiasticál History of New England from its First Planting in the Year 1620 unto the Year of our Lord 1630… [o Historia eclesiástica de la Nueva Ingla­terra desde su fundación en el año 1620, hasta el año de nuestro Señor 1630]. La obra se compone de siete volúmenes y está formada por un confuso revoltillo de ma­teriales que se refieren a la constitución y a la historia de las Iglesias protestantes de América, y su reunión en la expresión común de la fe puritana. A menudo la na­rración es inexacta, rebosante de concep­tos rebuscados, y a menudo pedante; sin embargo, el estilo, a pesar de ser en el conjunto artificial y retórico, es, en los trozos mejores, espontáneo, digno y bien medido. El valor del libro como fuente de información histórica y cuadro de los tiem­pos es innegable, y contribuyó ampliamen­te a hacer de Mather el más significativo escritor de su tiempo.

C. Izzo

Es uno de los libros más extraños que existen en nuestro idioma y en los demás. Los juegos de palabras, las poesías inter­caladas, los sermones y los anagramas que contiene, lo hacen único en su género. (Southey)

El Magico Prodigioso, Pedro Calderón de la Barca

Comedia dramática española en tres actos y en ver­so, de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681). Se conocen dos redacciones: la pri­mera compuesta para la fiesta del Corpus en Yepes (Toledo), en 1637; la segunda comprendida en la Parte XX de comedias varias nunca impresas, compuestas por los mejores ingenios de España, publicada en Madrid, en 1663.

Se inspira en una leyenda muy difundida, que figura en diversos Flos Sanctorum, pero su modelo teatral es El esclavo del demonio (v.) de Mira de Amescua. La primera redacción se parece mu­cho al modelo; la segunda, que refleja el arte más maduro alcanzado entre tanto por el autor, difiere algo de él. Cipriano (v.), joven estudiante de Antioquía, leyendo un pasaje algo obscuro de Plinio el Viejo, está a punto de lograr la intuición del ver­dadero Dios. El diablo, que en aquel mo­mento ataca la sólida virtud de la joven cristiana Justina, tomando el aspecto de un extranjero extraviado, intenta ofuscar la luz que se está haciendo en la mente de Cipriano. En vista de la inutilidad de sus expedientes dialécticos, piensa perderlo, po­niéndolo en contacto con la turbadora be­lleza de Justina. Dos jóvenes antioqueños se disputan los favores de la esquiva joven, y Cipriano, para impedir que su rivalidad pueda tener efectos funestos, se ofrece a hacer de mediador cerca de la muchacha.

La belleza de ésta instantáneamente produ­ce una transformación en el joven estu­diante, quien en lugar de defender la cau­sa de sus dos amigos, balbucea una confu­sa declaración de amor. Justina le rechaza como ha rechazado a los otros. Cipriano, trocando su manteo de estudiante por las vestiduras de un joven ocioso, empieza a cortejar a la bella con insistencia, hasta que, dándose cuenta de que toda técnica de seducción resulta vana, acepta el pacto que el diablo le propone. Sólo la magia, dice el tentador, podrá darle la posesión de su ansiada presa; si quiere cederle su alma firmando un documento con su propia san­gre, en un año le iniciará en todas las artes mágicas. Cipriano, cegado por la pasión y el afán de poder, acepta; pero no así Jus­tina, que, firme en su fe, rechaza toda li­sonja. Transcurrido el año, el diablo, que sabe que las artes mágicas nada pueden contra el libre albedrío humano, intenta corromper a Justina, haciéndola rodear por un coro de voces lascivas, pero es en vano.

El diablo entonces, vencido por la fe de la joven, engaña a su discípulo presentándole una máscara infernal con los rasgos de Justina. Cipriano se precipita feliz hacia ella, la sigue y la abraza, pero se encuentra con un esqueleto. La desilusión y la . de­claración que el diablo deja escapar sobre la existencia de un Ser más poderoso que él vuelven súbitamente a Cipriano a la luz vislumbrada en la lectura del obscuro pa­saje de Plinio. No hay más que un Dios, ante el cual son impotentes las fuerzas del Infierno. Después de haber intentado en vano recobrar el pacto en mala hora firma­do, Cipriano recorre las calles de Antioquía gritando la verdad fulgurante que ha des­cubierto, y, detenido como cristiano, sufre el martirio juntamente con Justina. El dia­blo, que aparece montado en un dragón en el escenario del suplicio, revela a la mul­titud que los dos mártires han subido al Cielo, pues la bondad divina ha anulado el pacto que ligaba a Cipriano con el In­fierno. El drama de Calderón, que tiene todo el clima y caracteres de un «auto sa­cramental», ha sido diversamente juzgado por la crítica. Admiradores entusiastas, co­mo Rosenkranz en alemania, lo compara­ron a Fausto (v.) de Goethe, aunque el pa­rangón se funda sólo en la analogía inicial del tema.

Un juicio negativo dieron Menéndez Pelayo y otros críticos, para quienes la continua disposición racionalista y abstracta del autor niega todo relieve indivi­dual y pasional a las figuras, que oscilan entre la condición de símbolos y la de per­sonas. Pero no han faltado discusiones en­tre estos eruditos, y la crítica reciente, aunque juzga la obra según este mismo es­quema, tiende a una valoración más posi­tiva: para Valbuena Prat, que confirma el juicio convencional, «Calderón ha hecho de sus figuras la base de un drama universal en cuanto dramatiza el principio de la re­flexión, el estudio, como ideal del intelec­tual de cuyo arquetipo la comedia nos da una verdadera apología».

A. R. Ferrarin

Primero entre los -poetas en aclarar el dominio de la belleza espiritual según las ideas cristianas, las singularidades políticas y las resonancias de la vida, de la historia tradicional, de las leyendas e incluso de la mitología pagana. (A. W. Schlegel)

Es el mismo asunto del doctor Fausto tra­tado con increíble grandiosidad. (Goethe)

¿Pero a dónde va a parar esta grandio­sidad, el ímpetu del poeta que parecía tan audaz e indomable? En seguida caemos en el acostumbrado debate sostenido con apariencia de victoria y vergonzosa derrota de la dialéctica del espíritu del mal; el gran drama filosófico truécase de pronto en una comedia de costumbres. (A. Farinelli)

En el Mágico prevalece lo espectacular y simbólico: es un drama bastante próximo al «auto», y está marcado por su mismo aliento sobrenatural, y una igual transformación escenográfica. (S. Battaglia)

El Mago Arenillo, Ernest Theodor Amadeus Hoffmann

[Der Sandmann]. Cuento fantástico de Ernest Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), publicado en 1816. Es uno de sus más conocidos Noctur­nos (v.), una narración fantástica, en que el autor nos lleva a una Italia imaginaria, donde ocurre la acción.

El título se deriva del hecho de que el personaje central del cuento, el sensible y visionario Nathanael, creció, en su desolada y sombría infancia, bajo la pesadilla de un cuento de hadas de su institutriz, según la cual un ser fantás­tico, el «Sandmann», vierte arena en los ojos de los niños hasta que estos ojos, san­grando, se salen de sus órbitas. Unas sin­gulares circunstancias empujan al niño a identificar con el maldito ser a un colabo­rador de su padre en los experimentos dé alquimia, Koppelius, que, más de una vez y bajo múltiples aspectos, aparece más tar­de en su vida, en momentos excepcionales y siempre como enemigo. Dentro de esta trama general está insertada la acción cen­tral del cuento: la extraña historia de amor de Nathanael, estudiante en la universidad.

En la pequeña ciudad universitaria vive el gran sabio italiano Lazzaro Spallanzani, quien aparece aquí como un mago de la ciencia, inventor y constructor de una mu­ñeca, Olimpia, semejante a una persona humana, a la que da movimiento y palabra; el inexperto Nathanael se enamora de ella como si fuera una persona viva y acaba, a través de varias y fantásticas vicisitudes, perdiendo la razón. Y es una vez más Koppelius quien provoca su fin: un día que Nathanael, por fin liberado de la ma­léfica influencia de Olimpia, contempla des­de una torre la ciudad, junto a Clara, la tierna e idílica novia de su adolescencia, Koppelius lo encanta con su mirada y le empuja a tirarse al vacío.

Algunos creye­ron que hay que buscar la fuente de este cuento en una página de Jean Paul Richter, pero se demostró más tarde que Hoffmann tomó el argumento de una colección de anécdotas de su tiempo. A pesar de algún que otro irónico matiz, la atmósfera del cuento se conserva, en su conjunto, terro­rífica y misteriosa, gracias entre otras cosas a las sugestiones de un estilo que, en la claridad incisiva de sus imágenes y en su colorada desenvoltura, deja aflorar aquel fundamental y obscuro sentimiento de angustia vital que tan a menudo se encuen­tra en el fondo de la obra de Hoffmann. [Trad. española de Carmen Gallardo de Mesa en Cuentos (Madrid, 1922-24)].

S. Gugenheim

Mafarka el Futurista, Filippo Tommaso Marinetti

[Mafarka il futurista]. Novela de Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944), publicada en francés, en París, y en italiano en Milán, en la traduc­ción de Decio Cinti, en 1910. Narra las aventuras de un héroe africano, el joven rey Mafarka-el-Bar, el cual, después de ha­ber desbaratado en batalla los ejércitos de los negros que asaltan su ciudad, no satis­fecho de afirmar su sed de vida en múlti­ples aventuras, quiere superar la bajeza de la materia, y para consolar el dolor de su madre, que en el Hipogeo llora la muerte en batalla de su otro hijo, Magamal, lu­chando contra todas las leyes naturales, en­gendra, sin cooperación de mujer, a su hijo Gazurmah, héroe alado, en quien transfunde su vida y su impulso hacia la liber­tad sin límites. Esta novela, que es la pri­mera de Marinetti, queda como su mejor obra en prosa, y es también la que con su exaltación de la sensualidad dilatada hasta el heroísmo y revestida de voluntad de po­tencia, muestra más al descubierto la filia­ción del Futurismo (v.) procedente del dannunziahismo, del cual, como se ha dicho, es a un tiempo prolongación y ruina.