El Mago Arenillo, Ernest Theodor Amadeus Hoffmann

[Der Sandmann]. Cuento fantástico de Ernest Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), publicado en 1816. Es uno de sus más conocidos Noctur­nos (v.), una narración fantástica, en que el autor nos lleva a una Italia imaginaria, donde ocurre la acción.

El título se deriva del hecho de que el personaje central del cuento, el sensible y visionario Nathanael, creció, en su desolada y sombría infancia, bajo la pesadilla de un cuento de hadas de su institutriz, según la cual un ser fantás­tico, el «Sandmann», vierte arena en los ojos de los niños hasta que estos ojos, san­grando, se salen de sus órbitas. Unas sin­gulares circunstancias empujan al niño a identificar con el maldito ser a un colabo­rador de su padre en los experimentos dé alquimia, Koppelius, que, más de una vez y bajo múltiples aspectos, aparece más tar­de en su vida, en momentos excepcionales y siempre como enemigo. Dentro de esta trama general está insertada la acción cen­tral del cuento: la extraña historia de amor de Nathanael, estudiante en la universidad.

En la pequeña ciudad universitaria vive el gran sabio italiano Lazzaro Spallanzani, quien aparece aquí como un mago de la ciencia, inventor y constructor de una mu­ñeca, Olimpia, semejante a una persona humana, a la que da movimiento y palabra; el inexperto Nathanael se enamora de ella como si fuera una persona viva y acaba, a través de varias y fantásticas vicisitudes, perdiendo la razón. Y es una vez más Koppelius quien provoca su fin: un día que Nathanael, por fin liberado de la ma­léfica influencia de Olimpia, contempla des­de una torre la ciudad, junto a Clara, la tierna e idílica novia de su adolescencia, Koppelius lo encanta con su mirada y le empuja a tirarse al vacío.

Algunos creye­ron que hay que buscar la fuente de este cuento en una página de Jean Paul Richter, pero se demostró más tarde que Hoffmann tomó el argumento de una colección de anécdotas de su tiempo. A pesar de algún que otro irónico matiz, la atmósfera del cuento se conserva, en su conjunto, terro­rífica y misteriosa, gracias entre otras cosas a las sugestiones de un estilo que, en la claridad incisiva de sus imágenes y en su colorada desenvoltura, deja aflorar aquel fundamental y obscuro sentimiento de angustia vital que tan a menudo se encuen­tra en el fondo de la obra de Hoffmann. [Trad. española de Carmen Gallardo de Mesa en Cuentos (Madrid, 1922-24)].

S. Gugenheim