Marruecos, Edmondo De Amicis

[Marocco]. Obra de Edmondo De Amicis (1846-1908), publicada en 1876. Es el informe del viaje desde Túnez a Fez, efectuado con una embajada italiana dirigida al joven sultán de Marruecos, Muley-el Hassen. El viaje, a caballo, aunque no comprendía una ruta demasiado exten­sa, duró algunas semanas, a causa de las frecuentes etapas en las áridas provincias marroquíes y las paradas sirvieron al jo­ven De Amicis para recoger amplio mate­rial de observación sobre los hombres y sobre el paisaje. Los hombres: en primer lugar los de la escolta, pero sobre todo los indígenas, árabes, moros, israelitas, es­tudiados en sus costumbres, sus supersti­ciones, los contrastes de raza, las aspira­ciones a una justicia que les era negada demasiado a menudo. Destacan los retra­tos de los gobernadores de las regiones. El paisaje: inculto, desértico, ingrato. El li­bro produce alguna vez impresión de mo­notonía, porque cada capítulo describe el recibimiento hecho en cada provincia. Las páginas más importantes son las dedicadas a la estancia en Fez y la viva galería de favoritos y ministros que acogen en sus casas, para banquetes y recepciones, a la misión italiana. En todas partes aparece el deseo de comprender y hacer comprender; la simpatía humana de De Amicis es una contribución inteligente, además de esti­lísticamente apreciable, a la comprensión de un mundo exótico.

G. Falco

La Marsellesa, Claude-Joseph Rouget de l’Isle

[La Marseillaise]. Himno nacional republicano francés: com­puesto, tanto la letra como, probablemen­te, la música, por Claude-Joseph Rouget de l’Isle (1760-1836), el 26 de abril de 1792 en Estrasburgo, con motivo de la decla­ración de guerra a Austria. Al principio fue llamado Canto de guerra para el ejér­cito del Rin [Chant de guerre pour Varmée du Rhin], y luego, al ser cantado el mismo año por los marselleses en la invasión de las Tullerías, fue llamado Marsellesa y de­clarado, el 17 de octubre, Himno de la Re­pública. Incita a los hijos de la patria al combate contra toda tiranía, contra el ene­migo brutal en nombre de la libertad y de Francia. La revolución lucha contra las hordas de esclavos y la unión de los po­derosos de la tierra; el amor del hogar y de la patria impulsa a todos al cumpli­miento del deber; temblarán los tiranos ante los magnánimos guerreros que luchan por la patria y la humanidad. El himno se convirtió muy pronto en estandarte de alzamiento y lucha contra los ejércitos ex­tranjeros; y, a través de la epopeya napo­leónica, se grabó profundamente en el alma francesa, hasta convertirse en su canto más representativo, tanto en las horas de vic­toria como en los momentos de derrota y dolor.

C. Cordié

Las Marranas, Honoré de Balzac

[Les Maraña]. Narra­ción de Honoré de Balzac (1799-1850), pu­blicada en 1833, y cuyo título se debe a que el autor creía que el nombre de «marrana» era sinónimo de «mujer de vida alegre». Una «marrana» del siglo XIX, queriendo romper con esta tradición, confía su hija, bajo el nombre de Juana de Mancini, a una honesta familia de pañeros de Tarragona.

La belleza de la joven seduce al capitán italiano Montefiore, que se decide a abor­darla. Juana, que por vez primera se halla en contacto con un hombre sin escrúpulos, cree en la sinceridad de aquel amor. La noche en que se establece el fatal acuerdo llega a la casa, inesperadamente, la madre, que viene de Italia, y la sorprende en bra­zos del amante. El capitán Montefiore hu­biera caído apuñalado por la «marrana» si, a sus gritos, no hubiera acudido un com­pañero de regimiento, el capitán Diard, quien, fascinado por la belleza de la joven y su cuantiosa dote, ofrece casarse con ella. El matrimonio es muy desgraciado: Diard se entrega al juego y en pocos años pierde toda su fortuna; para recobrarse traslada su familia a Burdeos e intenta una última posibilidad en el juego. Allí encuentra a su viejo amigo Montefiore, con el cual pierde lo que le quedaba y contrae deudas por una suma considerable. Piensa entonces en el crimen: invita a Montefiore a su casa y, en las proximidades, lo asesina y le roba. Cuando llega su mujer, confiesa su crimen; ella, por amor a los hijos, al ver llegar a la policía, le intima para que se mate y salve de este modo el honor de la familia.

Historia romántica que pone de relieve el característico aspecto de un Balzac de po­cos vuelos, en un intento de lograr el efec­to artístico mediante la pintoresca singula­ridad de un caso, más que con el análisis profundo, cálido y minucioso de la íntima personalidad de los personajes. [Trad. es­pañola de Torcuato Tasso y Serra con el título Las Marranas (Barcelona, 1903)].

M. Bonfantini

Marriage-a-la-Mode, John Dryden

[Matrimonio a la moda]. Comedia escrita en inglés, con título francés, en cinco actos, en verso y prosa, del poeta John Dryden (1631-1700), representada en 1672 y publicada en 1673. Está basada en la historia de Sesostris y Timaretes, de la sexta parte, libro segundo, de Gran Ciro (v.) de Madeleine de Scudéry (1607-1701). Rodofil y su mujer Doralia, casados desde hace dos años, encuentran que el encanto de su matrimonio se ha eva­porado. Un amigo de Rodofil, Palamedes, vuelve de largos viajes y su padre le obli­ga, bajo pena de desheredarle, a casarse con Melanta, que está loca por las modas y costumbres francesas. Pero Palamedes es­taba enamorado de Doralia, sin saberla es­posa de su amigo, y está molesto por la afectación de Melanta, quien es cortejada por Rodofil, desconocedor de que se trata de la prometida de su amigo. De dicha com­pleja situación se sigue una serie de cu­riosos incidentes, pero al fin ambos amigos, descubriendo cómo están las cosas, con­cluyen que sus mujeres respectivas deben tener algún encanto ignorado, se ponen celosos y disputan; al final resulta que cada cual se queda con la mujer que le estaba destinada. Marriage-la-mode es también el título de una serie de cuadros de William Hogarth (1697-1764).

M. Praz

No se sabe si se trata de un retrato o un arabesco. Se está perennemente suspendido entre el mundo real y el de la fantasía; se desea verse transportado decididamente a las nubes o bien permanecer sólidamente en tierra, y se termina abandonando con gusto este embrollo en el que se ha prescindido de la imaginación y de la lógica. (Taine)

El Marqués von Keith, Frank Wedekind

[Der Marquis von Keith]. Drama alemán en cinco actos, de Frank Wedekind (1864-1918), es­crito en 1900. El Marqués von Keith pre­senta, como casi todos los dramas de We­dekind, un personaje que vive fuera y con­tra el moralizador mundo burgués: esta vez se trata de un estafador de gran estilo, un caballero de industria que se oculta bajo el falso título de marqués von Keith.

Hijo de un matemático y de una gitana, resume sus principios morales en dos fórmulas: «Pecado es el término mitológico que in­dica un mal negocio» y «El negocio más brillante de esta tierra es la moral». Más interesante que guapo, ligeramente cojo, tiene gran éxito entre las mujeres: una muchacha de buena familia, Molly, queda cautivada y lo abandona todo para seguirlo, aceptando con él una vida de malos tratos y humillaciones. El falso marqués ha lan­zado en el mundo financiero de Munich la idea de construir un moderno y elegantísi­mo lugar de reunión y consigue convencer a dos capitalistas, que le anticipan el di­nero a condición de que el proyecto sea apoyado por el riquísimo Konsul Kasimir. Al principio Von Keith triunfa: por fin un antiguo compañero de escuela, noble y rico, de carácter y moral burgueses, decepcio­nado y envilecido por la vida, se aproxi­ma a él para aprender a vivir. Inesperada­mente se descubre que el supuesto marqués ha falsificado un telegrama de Kasimir: los capitalistas se alejan, la hermosa amante le abandona para casarse con Kasimir, e incluso el amigo, de nuevo decepcionado, le deja. Molly, que a pesar de todo le ama­ba, en un momento de desesperación se suicida.

Cuando el marqués está a punto de hacer lo mismo le ofrecen una fuerte can­tidad que le permitirá lanzarse de nuevo a la aventura. Una vez más, Wedekind, que ha escogido como personaje un antimoralis­ta y antiburgués, nos lo muestra más tarde víctima de su misma concepción de la vida.

E. Rosenthal