Las Máscaras, Ramón Pérez de Ayala

Obra crítica del gran narrador español Ramón Pérez de Ayala (1880-1962), en dos volúmenes, editados en 1918 y 1919. El volumen segundo es mucho más importante que el primero. En toda la obra se va de lo afirmativo a lo negativo. La crítica sobre Benavente — tan en auge por aquellos años —, si bien inteligente y sagaz, resulta demasiado apasionada, para terminar en negativa. Por el contrario, la comprensión del sentido dramático de Pé­rez Galdós resulta una valiosa aportación a los juicios de valor coetáneos. Pérez de Ayala sintió hondamente lo original, lo esencial de la intensidad dramática del no­velista padre de la novela contemporánea. En todo momento Pérez Galdós alcanzó la admiración que merecía, por parte de Ra­món Pérez de Ayala.

Los comentarios sobre Lope de Vega — en el volumen segundo — y el ensayo estético sobre el camino del teatro poético (del cual nos habló bastante en Troteras y danzaderas (v.) al ocuparse del estreno de Teófilo, el poeta) son magní­ficos. A veces su ironía o su repulsa resul­tan excesivas, como cuando se ocupa de Oscar Wilde; otras veces eleva la personal interpretación creadora sobre la mediana obra que comenta, como cuando se refiere al tipo de Don Juan, de los Quintero, La verdad es que las ideas estéticas de Pérez de Ayala se centran en la acción misma de sus novelas. Para Valbuena Prat, Pérez de Ayala es la cultura amplia, extensa e in­tensa. Hasta en detalles de erudición e his­toria, como en la significación — por ejem­plo— de Juan de la Cueva en nuestro teatro, con visión certera Pérez de Ayala va a lo esencial. Como buen descendiente del 98, analiza y ahonda en lo que ve con ojos de pintor y mente de pensador.

C. Conde

La Máscara de Estuco, Juan Francisco Bedregal

Obra del boliviano Juan Francisco Bedregal (1880- 1945). Se trata de un ensayo de amplitud, integrado por múltiples capítulos, dirigido a penetrar mediante examen inteligente, aunque no científico, los diversos aspectos de la realidad social, política e histórica de Bolivia. Dicho ensayo, trazado con vario colorido y animación, está concebido en un estilo jocundo, siendo su visión total de carácter satírico, inspirado en la idea de realizar la crítica del no conformista y del reformador, sirviéndose como instrumento filosófico de la risa. Bedregal, fundador de la Academia de la Lengua Boliviana, Co­rrespondiente de la Española, y su primer Presidente, escribe su libro en un lenguaje rico que demuestra su conocimiento de los clásicos del Siglo de Oro, y especialmente de Cervantes, Quevedo y Mateo Alemán, a quienes sigue tanto en su estilo como en las huellas de su espíritu.

G. A. Otero

Las Máscara de Pandora, Henry Wadsworth

[The Masque of Pandora]. Libro de versos del poeta norteamericano Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882), publicado en 1875. En él se incluye la poesía de circunstancias «Morituri salutamus», llena de fuerza y dignidad, y muchos sonetos muy alabados, que recuerdan los sonetos italianos, que Longfellow había estudiado. El poeta es viejo y está algo cansado. Y si en cuanto a la forma es éste uno de sus libros más notables, se advierte en él un cansancio de inspiración que alcanza incluso a las piezas más logradas.

A. Camerino

Mascaradas, Wolfgang Goethe

[Maskenzüge]. Aporta­ción poética de Wolfgang Goethe (1749- 1832) al Teatro de Weimar, y por él publi­cada en la edición de sus obras de 1806 y en las posteriores de 1816 y 1828, expli­cando en estas últimas su origen y su significado: «Los bailes organizados por la Corte de Weimar fueron particularmente animados después de 1776, y su gracia con­sistía, sobre todo, en las invenciones de los cortejos de máscaras.

Coincidiendo el cumpleaños de nuestra Venerada y Amada Duquesa, el 30 de enero, con el período cul­minante de las diversiones invernales, se reunía la aristocracia en comparsas, y entre éstas se formaban algunas originales e in­geniosas, cuyas ocurrencias proporcionarían materia amena que contar, si pudiésemos recordar todavía este sueño juvenil hoy desvanecido… Símbolos y alegorías, fábu­las y poemas, historia y chanza, proporcio­naron a las máscaras los más variados ele­mentos y las formas más diversas». Estas Mascaradas nos trasladan de lleno a la vida frívola de la aristocracia del siglo XVIII. Datan de 1781 a 1818 y están escritas en verso, a excepción de «El espíritu de la juventud». Las primeras estaban constitui­das por simples cortejos que el poeta cortesano ilustra con pocos versos. A partir de 1784, con la «Danza de los planetas», al­canza mayor relieve el significado simbóli­co, hasta que en 1810 el poeta introduce alegorías de juglares, poetas y de todos los principales elementos de la «poesía román­tica» o de la ciencia moderna, que desfilan en graciosa e intencionada parodia. Por fin, en 1818, las Mascaradas pretenden re­presentar simplemente todos los géneros li­terarios y sus principales exponentes, así como las obras más famosas de los autores contemporáneos de Goethe, como Wieland, Herder y Schiller, que son evocados e in­terpretados con espíritu caricaturesco.

És­tas son las Mascaradas más poéticas y no­tables. Si en 1781 escribía Goethe a Lavater que «había dedicado la mayor parte de la semana al servicio de la vanidad», en 1798 manifestaba a Schiller, siempre a pro­pósito de las Mascaradas, que pretendía «obligar a una especie de meditación a los hombres distraídos por la vaciedad de su pensamiento». Por ello, en sus últimas Mas­caradas vemos como el tema se hace más importante, a pesar de que la forma se mantiene ligera; van perdiendo el barniz dieciochesco para brillar sutilmente en una serie de alusiones críticas y culturales. [Tra­ducción española de Rafael Cansinos Assens en Obras completas, tomo III (Madrid, 1950)].

G. F. Ajroldi

Mascarada, Michail Jür’evič Lermontov

[Masckarad]. Drama del poeta ruso Michail Jür’evič Lermontov (1814-1841). La censura prohibió la repre­sentación de la primera redacción escrita para el teatro, alegando que los caracteres y las pasiones estaban representados con excesiva aspereza y el drama era de mora­lidad dudosa. El autor preparó entonces una segunda versión, publicada en la revista «Russkaja Starina» .en 1875 y representada más tarde. Mascarada está influida por Byron y deriva de ¡Qué desgracia el ingenio! (v.) de Griboedov.

El protagonista, Arbenin (v.), es expresión de la personalidad misma del autor en su aspecto más secreto; ama a su mujer Nina, pues por amor de ella ha vencido sus propias pasiones, se ha reconciliado con la vida y con los hombres; pero en el fondo es un superhombre orgulloso y demoníaco, que «cuando está ofendido no conoce piedad ni perdón». Durante un bai­le. Arbenin cree que su mujer corresponde a las instancias del príncipe Zvezdič y la triste broma de una baronesa que, enmas­carada, da al príncipe un brazalete perdido por Nina, le confirma en sus sospechas cuando el príncipe le muestra la alhaja. Los celos le agitan, tanto más cuanto en el salón se habla ya del asunto y el mismo príncipe está convencido de que Nina le dio el brazalete; ni siquiera la tardía con­fesión de la baronesa resolverá el equívoco. Arbenin insulta al príncipe y al fin, deses­perado, envenena a su mujer, que hasta el último momento grita en vano su inocen­cia. En el último acto, vencido por el re­mordimiento, implora el olvido: como en muchas escenas precedentes aparece y des­aparece la figura de un desconocido, un enemigo de Arbenin, arruinado por él en el juego y que, feliz de poder vengarse, le demuestra la inocencia de Nina. Arbenin enloquece de dolor, pagando el pecado de soberbia que le lanzara al crimen.

La base del drama es el gradual y amargo desarro­llo de la sospecha en el ánimo de Arbenin, y paralelo a ello la lenta pero inexorable maduración de la idea del crimen. En el análisis del íntimo drama de Arbenin, Ler­montov ha empleado toda su fuerza expre­siva y su agudeza psicológica, cualidades que compensan ampliamente algunas defi­ciencias en el desarrollo del drama.

O. S. Resnevich