Mascarada, Michail Jür’evič Lermontov

[Masckarad]. Drama del poeta ruso Michail Jür’evič Lermontov (1814-1841). La censura prohibió la repre­sentación de la primera redacción escrita para el teatro, alegando que los caracteres y las pasiones estaban representados con excesiva aspereza y el drama era de mora­lidad dudosa. El autor preparó entonces una segunda versión, publicada en la revista «Russkaja Starina» .en 1875 y representada más tarde. Mascarada está influida por Byron y deriva de ¡Qué desgracia el ingenio! (v.) de Griboedov.

El protagonista, Arbenin (v.), es expresión de la personalidad misma del autor en su aspecto más secreto; ama a su mujer Nina, pues por amor de ella ha vencido sus propias pasiones, se ha reconciliado con la vida y con los hombres; pero en el fondo es un superhombre orgulloso y demoníaco, que «cuando está ofendido no conoce piedad ni perdón». Durante un bai­le. Arbenin cree que su mujer corresponde a las instancias del príncipe Zvezdič y la triste broma de una baronesa que, enmas­carada, da al príncipe un brazalete perdido por Nina, le confirma en sus sospechas cuando el príncipe le muestra la alhaja. Los celos le agitan, tanto más cuanto en el salón se habla ya del asunto y el mismo príncipe está convencido de que Nina le dio el brazalete; ni siquiera la tardía con­fesión de la baronesa resolverá el equívoco. Arbenin insulta al príncipe y al fin, deses­perado, envenena a su mujer, que hasta el último momento grita en vano su inocen­cia. En el último acto, vencido por el re­mordimiento, implora el olvido: como en muchas escenas precedentes aparece y des­aparece la figura de un desconocido, un enemigo de Arbenin, arruinado por él en el juego y que, feliz de poder vengarse, le demuestra la inocencia de Nina. Arbenin enloquece de dolor, pagando el pecado de soberbia que le lanzara al crimen.

La base del drama es el gradual y amargo desarro­llo de la sospecha en el ánimo de Arbenin, y paralelo a ello la lenta pero inexorable maduración de la idea del crimen. En el análisis del íntimo drama de Arbenin, Ler­montov ha empleado toda su fuerza expre­siva y su agudeza psicológica, cualidades que compensan ampliamente algunas defi­ciencias en el desarrollo del drama.

O. S. Resnevich