Mascaradas, Wolfgang Goethe

[Maskenzüge]. Aporta­ción poética de Wolfgang Goethe (1749- 1832) al Teatro de Weimar, y por él publi­cada en la edición de sus obras de 1806 y en las posteriores de 1816 y 1828, expli­cando en estas últimas su origen y su significado: «Los bailes organizados por la Corte de Weimar fueron particularmente animados después de 1776, y su gracia con­sistía, sobre todo, en las invenciones de los cortejos de máscaras.

Coincidiendo el cumpleaños de nuestra Venerada y Amada Duquesa, el 30 de enero, con el período cul­minante de las diversiones invernales, se reunía la aristocracia en comparsas, y entre éstas se formaban algunas originales e in­geniosas, cuyas ocurrencias proporcionarían materia amena que contar, si pudiésemos recordar todavía este sueño juvenil hoy desvanecido… Símbolos y alegorías, fábu­las y poemas, historia y chanza, proporcio­naron a las máscaras los más variados ele­mentos y las formas más diversas». Estas Mascaradas nos trasladan de lleno a la vida frívola de la aristocracia del siglo XVIII. Datan de 1781 a 1818 y están escritas en verso, a excepción de «El espíritu de la juventud». Las primeras estaban constitui­das por simples cortejos que el poeta cortesano ilustra con pocos versos. A partir de 1784, con la «Danza de los planetas», al­canza mayor relieve el significado simbóli­co, hasta que en 1810 el poeta introduce alegorías de juglares, poetas y de todos los principales elementos de la «poesía román­tica» o de la ciencia moderna, que desfilan en graciosa e intencionada parodia. Por fin, en 1818, las Mascaradas pretenden re­presentar simplemente todos los géneros li­terarios y sus principales exponentes, así como las obras más famosas de los autores contemporáneos de Goethe, como Wieland, Herder y Schiller, que son evocados e in­terpretados con espíritu caricaturesco.

És­tas son las Mascaradas más poéticas y no­tables. Si en 1781 escribía Goethe a Lavater que «había dedicado la mayor parte de la semana al servicio de la vanidad», en 1798 manifestaba a Schiller, siempre a pro­pósito de las Mascaradas, que pretendía «obligar a una especie de meditación a los hombres distraídos por la vaciedad de su pensamiento». Por ello, en sus últimas Mas­caradas vemos como el tema se hace más importante, a pesar de que la forma se mantiene ligera; van perdiendo el barniz dieciochesco para brillar sutilmente en una serie de alusiones críticas y culturales. [Tra­ducción española de Rafael Cansinos Assens en Obras completas, tomo III (Madrid, 1950)].

G. F. Ajroldi