Émile Bourgeois

Nació en París el 24 de julio de 1857, murió en Versalles el 24 de agos­to de 1934. Alumno de la École Normale Supérieure, obtuvo en 1880 la agregación en historia y en 1885 el doctorado en letras.

Su carrera, iniciada en el liceo de Angers, le llevó pronto a las Universidades de Caen y Lyon. De nuevo en la École Normale Su­périeure, como profesor, la abandonó pron­to por la cátedra de historia moderna y con­temporánea en la Sorbona.

En 1913-14 pu­blicó en colaboración con André un vasto repertorio: Les sources de l’histoire de France au XVII siècle, en dos volúmenes; y cuando terminó la guerra, en colabora­ción esta vez con Paget, Les origines et les responsabilités de la Grande Guerre.

Pero las obras más representativas son anteriores a éstas y revelan lo que constituyó la pecu­liaridad más ambiciosa de Bourgeois: esto es, la investigación, ilustración y «revelación» de documentos de archivo totalmente inéditos. Al período de la historia diplomática per­tenecen, entre otras: Le Capitulaire de Kiersy-sur-Oise (1885), Le secret du régent et la politique de l’abbé Dubois, 1716 -1718 (1909), Le secret des Farnese: Philippe V et la politique d’Alberoni (1909), Rome et Napoléon III (1907, en colaboración con su dis­cípulo E. Clermont), etc. Especialmente no­table, en fin, el Manual histórico de política extranjera (v.), que va de 1610 a 1919.

C. Falconi

Édouard Bourdet

Nació en Saint-Germain- en-Laye en 1887 y murió en París en 1945. Diose a conocer como dramaturgo en 1910 con una afortunada comedia ligera, Rubicon.

Su vivo e inmediato éxito no hizo perder, sin em­bargo, al joven autor el profundo y amar­go interés por la vida que habría de infor­mar luego toda su producción. Y así, indiferente a la celebridad mundana, guardó silencio por espacio de diez años: vivió y observó la vida ajena, en tanto la agudeza daba lugar en él a una angustiada ironía, dentro de la grave y desolada certeza del mal como inevitable condición humana y con arreglo a determinadas premisas socia­les de nuestro tiempo, que ve en el come­diógrafo a un moralista.

Con espíritu im­parcial de observador sagaz y de inexora­ble crítico, estudió el ambiente literario y mundano de la brillante burguesía francesa, que cínicamente aplaudía sus continuadas requisitorias (La prisionera, v.; Hyménée, Temps difficiles, Sexo débil, v.; Vient de paraître) en las que Bourdet descubre su pro­funda corrupción. Entre 1936 y 1940 fue administrador general de la Comédie Française. Algunas de sus obras han quedado de repertorio en esta institución.

G. Veronesi

Paul Bourget

Nació en Amiens el 2 de septiembre de 1852 y murió en París el 26 de diciembre de 1935. Fue hijo de una familia muy modesta, y, dejados los estudios de medicina para dedicarse a las letras, ejerció durante algún tiempo actividades docentes en una escuela particular.

Escribía ya deli­cadas poesías (Au bord de la mer, 1872; La vie inquiète, 1875; Édel, 1878; Les aveux, 1882) cuando sus primeras novelas, Cruelle énigme (1885), Un crime d’amour (1886), Mentiras (1887, v.) y André Comélis (1887, v.), le consagraron psicólogo de la alta bur­guesía.

El discípulo (1889, v.), que denun­ciaba en el diletantismo escéptico las con­secuencias más graves del positivismo, en cuya escuela habíase también formado el autor, suscitó duras polémicas entre los defensores de la libertad incondicional del espíritu.

Alcanzada la fama y académico de Francia a los cuarenta y dos años, Bourget am­plió su experiencia humana con largos via­jes, y enriqueció una producción literaria que hasta la vejez permaneció regularísima: Cosmopolis (1893), La etapa (1902, v.), en la que afirma su tradicionalismo conservador, Un divorcio (1904, v.), L’Émigré (1907) y El demonio del mediodía (1914, v.), que pone fin a lo mejor de su obra, en adelante llena de inquietudes no solamente morales, sino también sociales y religiosas (v. El sentido de la muerte, 1915) e inspirada por una tendencia didáctica más o menos transpa­rente y a veces pesada.

Próximo espiritual­mente al clima nacionalista de la Action Française, Bourget propugnaba un retomo a las seguras fuerzas del pasado. Vivió su prolon­gada vejez en París y en sus tierras de Provenza, siempre abierto a los jóvenes que acudían a su larga experiencia en busca de consejo o de una esperanza, y su vida su­peró el amplio éxito que acompañara a al­gunas de sus novelas, demasiado vinculadas a ciertos ideales de las generaciones inter­medias de la Tercera República.

Más que estas obras narrativas, en las que procuró, según los modelos de Constant y Stendhal, hallar de nuevo el profundo sentido del rea­lismo psicológico francés en oposición al fa­natismo documental de los naturalistas, pero sin que pudiera eludir el riesgo de ahogar la materia humana bajo el peso de las ideas, son recordados sus Ensayos de psicología contemporánea (1883, v.), a los que siguió la segunda serie Nouveaux essais de psy­chologie contemporaine (1885); inspirados en la fórmula de Taine, para quien la lite­ratura es una «psicología viviente», revelan, sobre todo el dedicado a Stendhal, un espí­ritu agudo, aun cuando no siempre original.

De temperamento enérgico, austero y ho­nesto, Bourget mereció ser apreciado como «bon ouvrier des lettres».

A. Bruzzi

Dominique Bouhours

Nació el 15 de ene­ro de 1628 en París, donde murió el 27 de mayo de 1702. Jesuita, enseñó gramática y retó­rica, fue preceptor en casa del duque de Longueville y capellán de guarnición en Dunkerque (1662).

Llamado a París en 1666 para la educación del hijo mayor de Colbert, manifestó sus inclinaciones mundanas, que le atrajeron los reproches de Port-Ro­yal. Conoció a Boileau, Racine y La Bru­yère, publicó Entretiens d’Ariste et d’Eu­gène (1671) y La manera de bien pensar en las obras del ingenio (1687, v.), sostuvo muchas polémicas literarias, y, en conjunto, fue hombre de copiosas lecturas, dilatadas y frecuentes conversaciones y pluma fácil y abundante.

S. Morando

Louis Bourdaloue

Nació en Bourges el 20 de agosto de 1632 y murió en París el 13 de mayo de 1704. Ingresado a los dieciséis años en la Compañía de Jesús, dedicóse, en los primeros tiempos del sacerdocio, a la enseñanza de la filosofía y la teología mo­ral.

Autorizado a predicar (1666), estuvo al principio en Amiens, Orléans y Ruán. Llegó a París en 1669, cuando Bossuet, nombrado obispo de Condom y preceptor del Delfín, estaba a punto de dejarle el campo libre, y allí permaneció hasta la muerte.

De todas formas, la grandeza de Bossuet no podía perjudicarle, por cuanto jamás «el Águila de Meaux» disfrutó, como predicador, de una verdadera popularidad; su oratoria, en efecto, resultaba inaccesible para las gran­des masas, ya a causa de la excesiva ele­vación de sus temas (casi siempre dogmáticos) o bien por sus transiciones demasiado sutiles o bruscas y un estilo extremada­mente literario y personal.

Bourdaloue, en cambio, sedujo muy pronto debido a la claridad y al orden lógico con que articulaba sus dis­cursos, a la neta predilección por los temas morales, unida a un análisis perspicaz, a una sutileza psicológica y a una dialéctica im­placable que persuadían intensamente, a la audacia con que a veces intercalaba en sus oraciones verdaderos retratos de los per­sonajes más característicos de la época (Pas­cal, Arnaud, Luis XIV, etc.), a la abundan­cia de detalles y consejos prácticos, y, final­mente, al estilo popular de su expresión.

Esta fama llevóle a predicar en la corte cinco cuaresmarios y cuatro ciclos de ad­viento. Pronunció el primer sermón en pa­lacio durante el adviento de 1670; en 1672 inició allí las sesiones cuaresmales, y muy pronto convirtióse en el predicador ordina­rio de Luis XIV. De los 450 a 500 Sermones (v.) que se le atribuyen, sólo han llegado hasta nosotros 133, reunidos por Fr. Bre­tonneau en Oeuvres complètes (1707-34).

C. Falconi