Louis Bouilhet

Nació en Cany (Seine In­férieure) el 27 de mayo de 1821 y murió en Ruán el 18 de julio de 1869. Amigo de Flau­bert, su fama se halla, posiblemente, más vinculada al contacto con el gran prosista normando que a su propia obra poética.

Sus poesías, publicadas completas por Lemerre en 1871 con el célebre y bellísimo prólogo de Flaubert a Dernières chansons, aparecidas con carácter póstumo gracias al interés del amigo, inducen, por regla gene­ral, a situarle entre los poetas meramente parnasianos; a la citada colección pertene­cen asimismo, entre otros textos, Festons et astragales, donde figura el poema científico Les fossiles, que suscitó en su época admi­ración y aprobaciones, y Melaenis (v.), pu­blicado inicialmente en la Revue de Paris.

La producción poética de Bouilhet se halla carac­terizada por dos momentos, el primero de los cuales, de tono e inspiración netamente románticos, es el menos conocido, por cuan­to a él pertenecen composiciones líricas que permanecieron inéditas y siguen sién­dolo en parte. El autor en cuestión escri­bió asimismo para el teatro, y alcanzó un buen éxito con los dramas Mme. de Montarcy (1856), Hélène Peyron (18^8) y La conjuration d’Amboise (1866); compuso, ade­más, una comedia, L’oncle Million (1861), y las obras dramáticas Dolorés (1862), Faustine (1864) y Mlle. Aïssé (1872).

Tímido y reservado, Bouilhet parece sacar de su gran ami­go el entusiasmo y el valor necesarios para desarrollar plenamente cuanto en él fer­menta: su completa entrega a la poesía y su renuncia a los estudios de medicina, emprendidos cuatro años antes, datan de 1846, fecha en la cual se hizo más íntima su amistad con Flaubert, que duró tanto como su vida, una vida casi pobre, sin acon­tecimientos dignos de mención, y que trans­currió en Ruán y Nantes, con alguna breve estancia en París.

M. Gina

Ján Botto

Nació en Nižný Skalnik el 27 de enero de 1829 y murió en Banská Bystríca el’ 28 de abril de 1881. Poeta eslovaco, es­tudió en Ožd’any, en Levoča (centro enton­ces de los jóvenes seguidores de Stúr, teó­rico del separatismo de Eslovaquia), y en Budapest.

Actuó como ingeniero en Bans­ká Štiavnica, y a partir de 1870 en Banská Bystrica. Junto a Samo Chalupka (v.) y Janko Král’ (v.), fue el representante más ilustre de la escuela poética eslovaca que, según los preceptos de Štúr, inspiró­se en los modelos de la creación popular; no hay, efectivamente, en Botto composicio­nes que no resulten eco de temas y ca­dencias folklóricas.

De sus baladas cabe citar Leyenda danubiana [Báj na Dúnaji, 1846], El lirio amarillo [ŽItá Valia, 1849] y Leyenda del castillo de Magina [Báj Maginhradu, 1849]. Sin embargo, la obra prin­cipal de este autor es el poema en nueve cantos La muerte de Jánošík (v.), que en versos melodiosos evoca la figura de un célebre «zbojník» (forajido), defensor de los humildes y enemigo de los tiranos, que fue ajusticiado en Liptovský Svätý Mikuláš en 1713; se trata de un personaje que a me­nudo reaparece en los cantos populares y en la literatura de Eslovaquia envuelto en un halo fantástico.

A. M. Ripellino

Vittorio Bottego

Nació el 11 de agosto de 1860 en San Lazzaro Parmense y murió el 17 de marzo de 1897 en Jellem (Etiopía).

Su memoria aparece vinculada a la histo­ria de las exploraciones italianas en el Áfri­ca oriental. Oficial en Eritrea, se ocupó en investigaciones científicas y trató de resol­ver los problemas que presentaba el cono­cimiento geográfico de las regiones internas de la Abisinia meridional.

Sin embargo, de momento sólo obtuvo los medios para una expedición a Dankalia, cuya relación publicó en el Bollettino della Società Geogra­fica bajo el título Nella terra dei Danakil: giornale di viaggio (1892).

Finalmente, pudo organizar la ansiada empresa; partió de Berbera el 21 de septiembre de 1892, y llegó a Brava el 8 del mismo mes de 1893, des­pués de un viaje cuyas vicisitudes fueron relatadas en el libro El Juba explorado (1895, V.).

Los importantes descubrimientos llevados a cabo le indujeron a otras expe­diciones destinadas al reconocimiento del sistema hidrográfico de la región meridio­nal de la meseta. Sin embargo, empeoradas las relaciones italo-etíopes, al volver de una de tales empresas hubo de abrirse paso con las armas y fue muerto.

Tras largas peripe­cias, dos supervivientes, Vannutelli y Citerni, pudieron regresar a Italia, donde escribieron la relación del infortunado y glorioso viaje titulado L’Omo, viaggio di esplora­zione nell Africa  Orientale (1899).

P. Onnis

Charles de Bouelles

(Carolus Bovillus). Nació en Saucourt, en Amiens (Picardía) en 1483, murió en París en 1553. Habiendo in­gresado en el colegio del cardenal Lemoine, se distinguió en él por su precoz inteligen­cia y en 1495 se convirtió en discípulo de Jacques Lefévre d’Etaples, quien le conta­gió su afición hacia las bellas letras.

A los veinte años publicó un manual de geome­tría, Geometricum introductorium (1503), que es el primer libro de este género publi­cado en Francia. Infatigable investigador, realizó largos viajes para visitar conventos, conseguir manuscritos y escuchar eruditos. En 1503 marchó a Suiza y a alemania, en 1505 a Bruselas y el año siguiente a Es­paña y a Roma, donde mantuvo una polémi­ca con el docto judío Bonet de Lates sobre la verdad del cristianismo.

En 1510-11, Henri Estienne le imprimió una serie de opúsculos científicos y morales: Liber de intellectu, Líber de sensu, Liber de nichilo, Ars oppo- sitorum, Liber de sapiente (v. El sabio), en los que Bouelles desarrolla una filosofía intelec­tual e iluminada, que por su teoría acerca del conocimiento y por la huella metafísica y mística que hay en ella sigue de cerca las doctrinas de Nicolás de Cusa y de los neo- platónicos florentinos.

Notables son también los siete diálogos de las Quaestiones theologicae dedicadas en 1513 al obispo de Noyon, en cuya diócesis desempeñó el autor una canonjía, y los Dialogi tres de animae immortalitate, de resurrectione, de mundi excidio et illius instauratione (1502).

Carlo Botta

Nació en S. Giorgio Canavese el 6 de noviembre de 1766, murió en París el 10 de julio de 1837. Terminados sus estu­dios de medicina, sus ideas revolucionarias le acarrearon una condena de cárcel de 1794 a 1795, bajo el reinado de Víctor Ama­deo III de Saboya.

Habiendo pasado a Suiza, y después a Francia, fue médico militar en el ejército napoleónico durante la cam­paña militar del 96, y en el 98 miembro del Gobierno provisional del Piamonte, llegan­do a ser diputado cuando éste fue anexio­nado a Francia en 1799.

Ocurrida aquel mismo año la restauración, la administra­ción general del Gobierno provisional buscó refugio en Grenoble, y envió a Botta, junta­mente con Robert, a París para que gestio­nara ante el Directorio los destinos del Piamonte.

Después de Marengo, figuró en el Consejo piamontés y luego, con Carlo Bossi y Carlo Giulio, en la Comisión Ejecutiva (el gobierno de los tres Carlos). Frustra­das las esperanzas que había concebido de una Italia libre de la ingerencia francesa, no se ocultó para demostrar su desaproba­ción, por lo que Napoleón, que lo estimaba a pesar de todo, no le favoreció ni le ayudó.

Convertido en rector de la Academia de Nancy durante los Cien Días, lo fue de la de Ruán después de la Restauración (1817). Depuesto del cargo, permaneció algún tiempo en Francia, donde mandaba el partido clerical adverso a él, por lo que, vuelto al Piamonte, obtuvo de Carlos Alberto, que apoyaba sus proyectos sobre la futura or­ganización del reino saboyano, una pensión y la Orden Civil de Saboya.

De nuevo en Francia, llegó a ser académico de la de Ciencias y murió en París; sus cenizas fue­ron llevadas en 1875 a Santa Croce de Flo­rencia. Botta, siempre a la vanguardia de la actividad política, fue rígidamente conser­vador en literatura por inexplicable con­tradicción.

Así, mientras entusiasmaba por una parte a la nueva generación por sus sentimientos de italianidad, descendía, por otra, a polemizar con los románticos que eran de siempre paladines de aquel sentimiento. Por ello volvió a la retórica del neoclasicismo en sus obras históricas.

En la principal de ellas, la Historia de Italia de 1789 a 1814 (1824, v.), se pierde a menu­do en la descripción de episodios secunda­rios olvidando los hechos esenciales. Existe en ella, sin embargo, la vivacidad del per­sonaje que participó en esta historia.

La Guerra de la Independencia de los Estados Unidos de América (1809, v.) era todavía más literaria y la Historia de Italia, con­tinuación de la de Guicciardini hasta 1789 (v.), aparecida en 1832, no estuvo a la al­tura de la del predecesor, dada la exagerada intención de atacar a los investigadores de fuentes documentales, como manifestación de su odio a la tradición romántica de su tiempo: de ello se siguieron invectivas y polémicas.

N. Rellini Lerz