Notas Sobre Edgar Poe, Charles Baudelaire

[Notes sur Edgar Poe]. Título dado por Charles Baudelaire (1821-1867) a su doble prefacio (No­tes y Notes nouvelles) a dos volúmenes de Historias extraordinarias (v.) traducidas por él y publicadas en 1856-57.

Se trata de dos ensayos que se completan recíprocamente (el primero es principalmente biográfico- informativo y el segundo criticoteórico), y que adquirieron especial importancia en la historia de la cultura europea. En ellos, Baudelaire, además de hacerse heraldo de la fama del gran escritor americano, ex­ponía en fórmulas singularmente precisas y elocuentes los principios estéticos que están en la base de su obra crítica (v. Cu­riosidades estéticas y El arte romántico).

El pasaje más célebre de estas Notas es aquel en que dibuja-con genial seguridad y admirable brevedad las líneas fundamenta­les de una nueva estética idealista: «Así, el principio de la Poesía es sencilla y es­cuetamente la aspiración humana hacia una Belleza superior, y la manifestación de di­cho principio está en un entusiasmo, en un transporte del alma, entusiasmo indepen­diente de la pasión, que es la embriaguez del corazón y de la verdad, que es el ob­jeto de la razón.

Pues la pasión es cosa “natural”, incluso demasiado natural, para no introducir un algo que choca y disuena en el dominio de la Belleza pura; demasia­do familiar y demasiado violenta para no escandalizar a los puros Deseos, las gra­ciosas Melancolías y las nobles Desespera­ciones que habitan en las regiones sobre­naturales de la Poesía».

En estas páginas, por otra parte, además de precisar un ideal que será acogido con entusiasmo por los parnasianos, el crítico, con evidente influen­cia de Poe, introduce un elemento místico que será desarrollado por los teóricos del simbolismo y encontraremos en las raíces del surrealismo (v. Poesías de Mallarmé, Rimbaud, Valéry). Y ello implica en la poesía un medio casi mágico de conoci­miento que supera el dominio de la razón y nos pone en contacto con una realidad más certera, de orden sobrenatural. [Trad. en la edición de Obras escogidas de Edgar Poe (Madrid, 1928)].

M. Bonfantini

Notas Cientificas, John Dalton

Estas notas están constituidas principalmente por las 116 comunicaciones científicas que John Dalton (1766-1844) dirigió a la Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester, des­pués de haber sido elegido miembro (1794).

El mismo año de su elección dirigió a la Sociedad una célebre nota (Hechos extra­ordinarios relativos a la visión de los co­lores) sobre aquel defecto de la vista que más tarde se llamó precisamente «dalto­nismo», y que el hombre de ciencia inglés tuvo posibilidad de estudiar no sólo en di­versos sujetos, sino en sí mismo: sus ojos no distinguían todos los colores que com­ponen el espectro solar, sino sólo algunos.

Siguieron luego varias memorias sobre dis­tintos temas (las estaciones, el vapor, el calor, las coloraciones del cielo, la refrac­ción y la reflexión de la luz, así como escritos sobre los verbos auxiliares y parti­cipios en lengua inglesa, como preparación de una gramática que publicó más tarde, en 1801).

Aquel mismo año — después de haber sido elegido secretario de la So­ciedad en 1800 — publicó una serie de no­tas bajo el título de Ensayos experimenta­les sobre la constitución de las mezclas ga­seosas; sobre la fuerza del vapor de agua o del vapor de otros líquidos a distintas temperaturas, tanto en el vacío torricelliano como en el aire; sobre la evaporación; sobre la expansión del gas por efecto del calor.

En estas memorias (particular­mente en la segunda y en la cuarta) llega al enunciado de aquella ley sobre la dilata­ción del gas conocida también bajo el nom­bre de Gay-Lussac, a pesar de haber sido observada anteriormente (en el caso par­ticular del aire y del vapor de agua) por Volta.

Las memorias de los años inmedia­tamente siguientes (hasta 1804) se refieren a investigaciones que han quedado como clásicas, como aquellas sobre la solubilidad de las mezclas de gas en un líquido en relación a las diversas presiones de los ga­ses que componen la mezcla (Sobre la absorción del gas por parte del agua y de otros líquidos, 1803), donde está contenida su conocida ley «de las presiones parcia­les» (la presión total ejercida por una mezcla gaseosa es igual a la suma de las presiones parciales de cada uno de sus componentes).

Una continuación natural de dichos estudios está constituida por las investigaciones sobre la composición de los mismos gases (y especialmente de los óxi­dos de nitrógeno, de los compuestos oxige­nados del azufre y del carbono, del meta­no, etc.), que habían de conducirlo a for­mular su célebre «hipótesis atómica» basada sobre la no menos importante «ley de las proporciones múltiples» (si dos elementos se combinan para dar origen a dos o más compuestos, permaneciendo constante la cantidad en peso de uno de ellos, las cantidades de los demás varían según re­laciones simples y son [a menudo] múlti­plos enteros de la más pequeña de ellas).

Esta ley fue hallada también por Dalton gracias a repetidas experiencias. Estudios emprendidos por Harden y Rosco entre ma­nuscritos olvidados de Dalton, prueban que este investigador tuvo ya la convicción de la estructura atómica de los gases cuando profundizó el estudio de sus propiedades físicas y especialmente en la citada nota sobre la absorción de los gases (1803): «¿Por qué — escribe — el agua no absorbe igual­mente todos los gases? No consigo encon­trar una respuesta que me satisfaga plena­mente; pero estoy casi persuadido de que ello depende del peso y del número de las últimas partículas de las cuales los gases están constituidos».

Los detalles de la teo­ría atómica de Dalton que forman el tema de otras obras suyas, fueron especialmente expuestos en las Lecciones pronunciadas en Manchester y en Londres, y en el Nuevo Sistema de Filosofía de la Química (1808- 1827). Baste recordar que Dalton admitía que los átomos de un determinado elemen­to son iguales, no sólo en la forma — es­férica para todos —, sino incluso en el peso. Pero sólo Cannizzaro — superando las difi­cultades encontradas por Dalton — consi­guió mucho más tarde establecer los pri­meros pesos atómicos.

Advirtamos que la primera indicación de la célebre ley de las proporciones múltiples apareció en una nota (Sobre la proporción de los gases que constituyen la atmósfera) de 1802: «El oxí­geno — dice Dalton — puede combinarse con cierta cantidad de nitrógeno o con una cantidad doble, pero no con una cantidad intermedia». Pero esta nota no se editó hasta 1805, de modo que puede pensarse que un paso como el citado se alcanzó des­de la primera lectura.

En 1814 escribió una memoria en la que estaban expuestos los principios del «análisis volumétrico». En 1840 escribió un ensayo muy inferior so­bre fosfatos y arseniatos. La Sociedad Real, de la que entonces era presidente, no lo acogió, y entonces quiso publicarlo a su costa, considerando que había sido víctima de injustas censuras.

Lo mismo hizo con otras cuatro notas que siguieron a conti­nuación sobre varias cuestiones de quími­ca, y en particular «sobre un método nuevo y fácil de analizar el azúcar», que contiene un descubrimiento que consideraba errónea­mente de la mayor importancia, es decir, el hecho de que ciertas sales disueltas en el agua no aumentan su volumen, porque — al menos, así lo sostenía — «las mismas sales entran en los poros del agua».

U. Forti

Notas Autobiográficas, Joan Maragall i Gorina

[Notes autobiográfiques]. Breves anotaciones sobre su vida particular e íntima, redactadas por el poeta catalán Joan Maragall i Gorina (1860- 1911), que, por su sinceridad, constituyen un documento de valor inapreciable para comprender la actitud espiritual de su obra y de su vida.

Fueron escritas en dos mo­mentos: I) de octubre de 1885 a mayo de 1886, cuando el poeta contaba 25 años; II) el 10 de octubre de 1910, fecha en que cum­plía el autor los 50 años. Estas Notas figuran al principio del volumen Estudis biográfics [Estudios biográficos], V de la edi­ción definitiva de sus Obras completas, apa­recido en Barcelona en 1930.

El primer fragmento es una meditación sobre la si­tuación personal del poeta. Con ocasión de haber cumplido los 25 años hace una re­visión y un análisis de su vida: conmemora melancólicamente su infancia; nos habla de su preocupación amorosa en la búsque­da del ideal femenino; de sus sueños de gloria («¡…y hasta he creído que un día el mundo tendría interés en conocer las vicisitudes de mi existencia!»); del ideal que para él constituye la Belleza en sus tres formas de Naturaleza, Arte y Amor; de la inquietud de si llegará algún día a ser un verdadero artista o será siempre, debido a su carácter indolente, un «dilettante»; de su anhelo de felicidad, etc.

A veces nos sorprende con una actitud iró­nica y escéptica frente a estos mismos idea­les, la misma actitud que encontramos en las cartas enviadas, en estos mismos años, a su íntimo amigo Antoni Roure (v. Epis­tolario). Pero en el fondo tiene una gran seguridad en su vocación poética y una gran fe en la vida. Llevado por ello nos cuenta cómo abandonó la industria paterna e ingresó en la Universidad de Barcelona: «Entro por vez primera en el templo de la sabiduría», se dijo.

El ambiente universi­tario, los compañeros, la nueva forma de vida fueron para él una revelación, el ha­llazgo de algo que deseaba ardientemente encontrar: «esto fue para mí como una tierra de promisión, como si entrara en una patria, después de una ausencia casi in­memorial». Y este primer fragmento lo cie­rra Maragall con un gesto de expectación ante la vida, el amor y el arte.

El segundo fragmento, escrito a los 50 años, muy bre­ve, es una respuesta a las dudas y pregun­tas de su juventud: la vida ha sido bené­vola para el poeta, que se creía tan débil. Todo se ha cumplido: el amor, la gloria, la posesión de la Belleza, la seguridad per­sonal. Y Maragall, con la misma sinceridad de antes, afirma que es un hombre afortu­nado, «una pura criatura de la Providencia divina». A. Comas

Un esbozo de su propio mito. (C. Riba)

El Notario de Peleske, József Gaal

[A peleskei notarius]. Comedia del autor húngaro József Gaal (1811-1860), representada en el Teatro Nacional de Pest con gran éxito en 1838. Durante muchos años fue la comedia más popular de Hungría. Tanto los personajes como el argumento están sacados del Viaje a Buda de un notario de aldea (v.) de Gvadányi.

Pero mientras en éste el notario es una figura cómica sólo en la primera parte del relato y se convierte más tarde en portavoz de las ideas magiares contra las modas alemanas, en la comedia de Gaal es constantemente ridículo, como un pro­vinciano ingenuo que no comprende la vida de la ciudad, hasta el punto que en el Tea­tro Nacional interrumpe la representación de Otelo al querer salvar la vida de Desdémona (v.). Desde 1937 la comedia es re­presentada en la refundición de Sándor Galamb (n. 1886), que mezcla de nuevo en la fábula cómica los puntos de vista na­cionales de Gvadányi.

M. Benedek

Notas Autobiográficas, Giuseppe Mazzini

[Note autobiografiche]. Escritas por Giuseppe Mazzini (1805-1872) para el editor Daelli desde 1861 a 1865, se refieren al período que va de 1821 a 1853 y nos describen los mo­mentos más importantes de la existencia del gran agitador.

En 1821 el espectáculo de los prófugos piamonteses despierta en su joven alma el primer pensamiento con­creto de la posibilidad y necesidad de ha­cer algo para su patria. Más tarde, para satisfacer su deseo de acción, entra en la Carbonaria, a pesar de despreciar su vacío simbolismo, para desarrollar una vigorosa propaganda entre los elementos jóvenes e infundir nueva savia en el viejo organis­mo.

Va a ver a Guerrazzi, y su impresión no es del todo favorable; le parece que el liornés es hombre de espíritu espoleado más por su fantasía que por su fe.. Una de las páginas más bellas, sincera y emocio­nada, es la que describe la «tempestad de la duda» que Mazzini sufrió durante el pe­ríodo de su destierro en Suiza, después de la desgraciada tentativa de 1834, cuando, fracasadas las esperanzas de acción, se for­mó a su alrededor un vacío de descon­fianza y hasta los amigos le reprocharon su fe como una ambición egoísta.

Se infil­tró entonces en su alma el escepticismo, y le pareció que los muertos iban a resurgir para echarle en cara su inútil sacri­ficio; y_ hasta le pareció una mera ilusión su sueño de una Italia independiente y unida. Sin embargo, de esta tempestad in­terior la fe de Mazzini salió fortalecida y más consciente de su valor efectivo.

En Inglaterra, después de días de miseria, en­cuentra hospitalidad cerca de algunas re­vistas literarias y empieza a buscar los es­critos dispersos de Foscolo, cuidando con amor de su memoria. En la capital inglesa, fundando escuelas para los jóvenes emigra­dos italianos, inicia esa obra de regenera­ción de la clase obrera que es una de las bases de su doctrina, según la cual sólo en el pueblo se encuentra la fuerza inicial para el levantamiento moral de la huma­nidad.

Mientras tanto se iba extendiendo en la península la propaganda de la «Joven Italia»; a los pocos años del episodio de los Bandiera, estallan las insurrecciones de 1848 y 1849. Mazzini corre a Italia: la Re­pública proclamada el 3 de febrero en Roma era la iniciativa que iba buscando. «Roma era el sueño de mis jóvenes años, la idea madre en el concepto de mi mente. Para mí, Roma era el templo de la Humanidad».

Cerrada la breve y gloriosa página de la Península, al apóstol no le queda más que volver a su destierro: Lausana, París y Londres. Sin embargo, a pesar de la suerte contraria, no ceja, y la propaganda y las conspiraciones siguen siendo su vida. Con el recuerdo del levantamiento milanés del 6 de febrero de 1853, fracasado por falta de jefes, pero marcado por el martirio, termi­nan estas preciosas notas autobiográficas que tocan los puntos más importantes de la actividad de Mazzini y de la lucha política de aquellos años.

Por su feliz equilibrio en­tre el ardor del contenido y la modestia de la forma, estas Notas autobiográficas son literariamente uno de los escritos más apreciables de Mazzini.

G. Alliney