Nostromo. Cuento de la Costa, Joseph Conrad

[Nostromo: a Tale of the Seaboard]. Novela de Joseph Conrad (Teodor Józef Konrad Korzeniowsky, 1857-1924), publicada en el año 1904.

Nostromo es Gian Battista Fidanza, un italiano que ha ido a buscar fortu­na a Sulaco, ciudad costera de Costa- guana, y allí se ha ganado una gran fama de valentía entre los descargadores del muelle. Es orgullosamente ambicioso: ne­cesita aquel clima de admiración que con sus proezas ha sabido crearse en torno, y aparece ante el pueblo como una figura de leyenda.

Costaguana es una pequeña república sudamericana, continuamente agi­tada por revoluciones; Sulaco y la mina de Santo Tomé, a cuya plata aspiran los re­beldes, corren un serio peligro. Una gran cantidad de plata está en los subterráneos de la Aduana y hay que ponerla a salvo de la avidez de los enemigos; Nostromo es encargado de sacarla de la ciudad.

Le ayu­da en dicha empresa Martín Decoud, un joven periodista de inteligencia brillante y escéptica, que se ha vuelto patriota por amor hacia Antonia Avellanos, hija del promotor de la resistencia en Sulaco. Trans­portada la plata a un islote desierto, Nos­tromo vuelve y deja solo a Decoud, cuya cabeza corre peligro si los rebeldes entran en la ciudad.

Pero Decoud no sabe resis­tir la soledad y, a los diez días, desespe­rado, se aleja en barca llevando consigo cuatro lingotes del tesoro destinados a ha­cer pesado su propio cadáver y llevarlo al fondo, puesto que está decidido a sui­cidarse. Nostromo, llegado a tierra, es re­cibido como un resucitado; le creían aho­gado con el tesoro, del cual, por otra parte, nadie se preocupa.

Los rebeldes han des­aparecido, y hay que pensar en otras co­sas. Nostromo ve que la empresa más des­esperada de su vida se transforma en un asunto trivial a los ojos de quienes se han aprovechado de él sin tener en cuenta su orgullo. Vuelto al islote, no encuentra a Decoud y descubre en cambio que faltan cuatro lingotes en el tesoro; es indudable que el periodista los ha robado, y él no podrá restituir el tesoro intacto.

Como todos están convencidos de que el tesoro se ha hundido, Nostromo sabrá aprovecharse de ello: ésa es su venganza contra el mundo, cuya indiferencia ha decepcionado su or­gullo. Pero el pensamiento del tesoro pesa como una sombra sobre su vida y destruye su impasible serenidad. También en el amor le persigue la ironía del destino; desde la infancia está ligado, por un acuerdo tácito convenido en el lecho de muerte de la mu­jer que fue para él casi una madre, con la hija de ésta, Linda, que le ama con el feroz exclusivismo de una naturaleza auto­ritaria.

Pero Nostromo no la ama, sino que prefiere a su hermana, la dulce Gisela, que le corresponde con idéntico fervor. Y la novia, al descubrir la intriga, arma contra el hombre a quien ama la mano de su pa­dre. Así muere Nostromo, al volver de una cita de amor con Gisela, llevándose bajo tierra el secreto del tesoro maldito.

El sentido trágico que, en las obras de Conrad, pasa fácilmente de las cosas y del ambiente al hombre, encuentra en el com­plejo drama de Nostromo su expresión qui­zá más completa; la riqueza y la variedad de los personajes que rodean al protago­nista, la ión que eleva el pai­saje a significación simbólica, el sentido de fatalidad que pesa oprimente sobre la na­rración, hacen de Nostromo una de las obras más elevadas y significativas de este escritor. [Trad. de Juan Mateos de Diego en 2 vols. (Barcelona, 1923)].

G. Alliney

El Notario del Pueblo, József Eötvös

[A falu jegyzöje]. Es la mejor novela del húngaro József Eötvös (1813-1871), publicada en 1845. Escrita con la intención de revelar lo absurdo de la Constitución aristocrática de aquel tiempo y proponer remedios, expone en el relato y en la descripción de los per­sonajes la posición política del autor: en lugar de las reducidas autonomías provin­ciales que impiden el progreso, quiere un gobierno central y propugna la abolición de los privilegios nobiliarios.

La acción se desarrolla en una provincia imaginaria, so­bre la que confluyen todos los males. Uno de los poderosos de la provincia, el pretor Nyuzó, impulsa al asesinato al honrado Vio­la, que se ve obligado a lanzarse al monte y hacerse bandolero, como tantas otras víc­timas de la absurda administración que entonces prevalecía. Su familia es acogida por el notario Tengelyi, a quien sus ene­migos han robado los documentos que com­prueban su nobleza. Sin dichos documentos Tengelyi está perdido.

Viola consigue de­volvérselos, pero a costa de un homicidio; las sospechas recaen sobre el notario, que es encarcelado. Finalmente, la confesión de Viola moribundo lo aclara todo. El relato da al autor ocasión para hacer varias tris­tes revelaciones, no sólo sobre las costum­bres de los poderosos señores de provincia, sino también sobre las horribles condiciones de las cárceles. Sus defectos son los de todas las novelas de tesis: la tendenciosidad y la exageración de las tintas. Semejantes obras quedan olvidadas en cuanto han con­seguido su objetivo y, por tanto, perdido su actualidad. Eötvös hizo el sacrificio cons­cientemente.

Sin embargo, supo introducir en la obra suficientes elementos artísticos y humanos para asegurarle la duración. József Szigeti (1822-1902) sacó de la novela un drama titulado Viola, representado en 1872, en cuyo centro se halla la figura del simpático bandido. Trad. italiana de D. V. con un prefacio de Ignazio Helfy (Verona, 1856).

M. Benedek

Nosotros, Evgenij Ivanovič Zamjatin

[My]. Novela de Evgenij Ivanovič Zamjatin (1884-1937), sólo publi­cada en las traducciones sueca (1927), fran­cesa (1929) e inglesa, y no en el original ruso.

Se trata de la característica novela utópica, cuya acción se desarrolla en el futuro, transcurridos por lo menos mil años, cuando todo el globo terrestre «se halle en poder del Estado único», y los hombres sean simples números en una or­ganización matemáticamente perfecta, don­de, sin embargo, «alguien» o «algo» puede fallar, aun a pesar de la precisión de los cálculos.

Todo el mundo es una sola má­quina manejada por sincrónicos inquisido­res, que controlan cualquier pensamiento de cada uno de los seres, partículas del todo, en el que cada cosa tiene su hora, incluso el amor, y en donde la temperatura es mantenida constante por medio de una cúpula abocada sobre la ciudad. «Nosotros realizamos — dice en una ocasión cierto personaje — el viejo sueño del paraíso.

Re­cordad, si no: en el paraíso no se conocen ni el deseo, ni la piedad, ni el amor; en el paraíso los santos han sido transforma­dos: les ha sido quitada la imaginación, y es sólo por esto que conocen la beatitud». Si «algo» falla, es debido, a pesar de todo, a la existencia de algún ser cuya imaginación no ha sido anulada y que fundamenta su felicidad en el deseo, la piedad, el amor, en el sentido actual de la palabra, es decir, según los antepasados de los hombres-nú­mero del año 3000.

Era inevitable que seme­jantes conceptos fueran considerados en la Rusia soviética como una sátira del socia­lismo. Desde el punto de vista literario, la novela de Zamjatin es semejante a las no­velas de Wells, a Un mundo feliz de Huxley y a las obras utópicas de Capek: La Krakatita (v.) y R.U.R. (v.).

E. Lo Gatto

Norte y Sur, Elizabeth Gleghorn Gaskell

[North and South]. No­vela de la inglesa Mrs. Gaskell (Elizabeth Gleghorn Gaskell, 1810-1865), publicada en 1855. Aquí, como en María Barton (v.), la autora quiere hacer resaltar los desastrosos efectos de la lucha de clases y en particular de los prejuicios que separaban a los trabajadores industriales del norte de Inglaterra de la burguesía comerciante y de la aristocracia de las regiones meridio­nales.

El contraste está simbolizado en los dos protagonistas: Margaret Hale y Thornton, La primera ha sido educada en Londres por una tía, y cuando a los dieciocho años se reúne con sus padres en Milton-Nothern y encuentra a Thornton, que tiene treinta años y es propietario de una algodonería, choca muy pronto con él porque éste se atreve a afirmar que preferiría «ser un po­bre trabajador en el Norte a llevar la có­moda pero aburrida e inútil vida de lo que vos consideráis la aristocrática sociedad del Sur».

La pequeña disputa parece determi­nar una fuerte antipatía entre ambos; sólo que, durante una huelga de los obreros de Thornton, Margaret recibe una pedrada por haber querido protegerle. Thornton la lleva a sitio seguro y aprovecha la ocasión para declararle su amor; pero, a los pocos días, la muchacha rechaza con altanería su pro­posición, si bien aceptará casarse con él al final de la novela, después que se hayan aclarado muchos malentendidos.

El asun­to, romanticosentimental según el gusto de la época, ofrece empero ocasión para una pintura de caracteres tan rica y segura que compensa el fácil artificio de muchas si­tuaciones; así como el ambiente social, planteado con ingenuo esquematismo, se en­riquece paulatinamente con observaciones precisas y agudas, conseguidas con discre­tos toques humorísticos.

Por dichas cuali­dades la obra ocupa un lugar en la litera­tura inglesa del siglo XIX y señala claramente el paso del género romanticosenti­mental a la gran novela psicológica de fon­do social que se afirmará en la segunda mitad del siglo.

L. Krasnik

Norte de Príncipes, Virreyes, Presidentes, Consejeros y Gobernadores, Antonio Pérez

Para uso del duque de Lerma. Obra impresa por primera vez en Madrid en 1788. Su atribución a Antonio Pérez (1540- 1811), el famoso secretario de Felipe II, es harto dudosa.

Es una exposición de las doctrinas políticas comunes a la Europa del Renacimiento, dedicada al duque de Lerma, valido del rey Felipe III. Especial­mente cabe destacar los juiciosos consejos acerca de la necesidad de fomentar el des­arrollo de la marina española, ante el em­puje creciente de las fuerzas navales de los países del Norte (Inglaterra y Holanda). En este libro se encuentran muchas hue­llas del Reloj de Príncipes (v.) de Antonio de Guevara, y a su vez ejerció una gran influencia, según el Dr. Marañón, en la ideología del Conde-Duque de Olivares, a través del discípulo de Pérez, Alamos de Barrientos.

También se adivina su huella en Gracián, como ha demostrado Ángel Ferrari, y, desde luego, en Quevedo. La obra consiste en la exposición de los prin­cipios políticos según el más puro tacitismo, entreverado de maquiavelismo.

J. Regla