[Notes autobiográfiques]. Breves anotaciones sobre su vida particular e íntima, redactadas por el poeta catalán Joan Maragall i Gorina (1860- 1911), que, por su sinceridad, constituyen un documento de valor inapreciable para comprender la actitud espiritual de su obra y de su vida.
Fueron escritas en dos momentos: I) de octubre de 1885 a mayo de 1886, cuando el poeta contaba 25 años; II) el 10 de octubre de 1910, fecha en que cumplía el autor los 50 años. Estas Notas figuran al principio del volumen Estudis biográfics [Estudios biográficos], V de la edición definitiva de sus Obras completas, aparecido en Barcelona en 1930.
El primer fragmento es una meditación sobre la situación personal del poeta. Con ocasión de haber cumplido los 25 años hace una revisión y un análisis de su vida: conmemora melancólicamente su infancia; nos habla de su preocupación amorosa en la búsqueda del ideal femenino; de sus sueños de gloria («¡…y hasta he creído que un día el mundo tendría interés en conocer las vicisitudes de mi existencia!»); del ideal que para él constituye la Belleza en sus tres formas de Naturaleza, Arte y Amor; de la inquietud de si llegará algún día a ser un verdadero artista o será siempre, debido a su carácter indolente, un «dilettante»; de su anhelo de felicidad, etc.
A veces nos sorprende con una actitud irónica y escéptica frente a estos mismos ideales, la misma actitud que encontramos en las cartas enviadas, en estos mismos años, a su íntimo amigo Antoni Roure (v. Epistolario). Pero en el fondo tiene una gran seguridad en su vocación poética y una gran fe en la vida. Llevado por ello nos cuenta cómo abandonó la industria paterna e ingresó en la Universidad de Barcelona: «Entro por vez primera en el templo de la sabiduría», se dijo.
El ambiente universitario, los compañeros, la nueva forma de vida fueron para él una revelación, el hallazgo de algo que deseaba ardientemente encontrar: «esto fue para mí como una tierra de promisión, como si entrara en una patria, después de una ausencia casi inmemorial». Y este primer fragmento lo cierra Maragall con un gesto de expectación ante la vida, el amor y el arte.
El segundo fragmento, escrito a los 50 años, muy breve, es una respuesta a las dudas y preguntas de su juventud: la vida ha sido benévola para el poeta, que se creía tan débil. Todo se ha cumplido: el amor, la gloria, la posesión de la Belleza, la seguridad personal. Y Maragall, con la misma sinceridad de antes, afirma que es un hombre afortunado, «una pura criatura de la Providencia divina». A. Comas
Un esbozo de su propio mito. (C. Riba)

