En 1909 el conocido erudito en literaturas orientales J. Rendel Harris publicaba, tomándolas de un códice siriaco que él indicaba vagamente haber sido descubierto en las cercanías del Tigris, una colección de cantos cristianos de comienzos del siglo II que, según una moda muy difundida en el primitivo mundo cristiano, se presentaba con la indicación de Odas de Salomón.
La edición que dio de ellas Rendel Harris es cuidadísima. En el mismo códice de las Odas y como continuación, se añadía la colección, conocida durante mucho tiempo en su texto original griego, de los dieciocho Salmos de Salomón, que aquí son numerados a continuación de las odas, con numeración única para ambos.
Posteriormente se descubrieron otros códices en el Museo Británico y en la Universidad de Cambridge de esta colección única de los Salmos de Salomón, en la cual, sin embargo, según norma de testimonios irrecusables de la antigua literatura cristiana, es menester hacer una distinción entre Salmos y Odas.
Los Salmos son una obra pseudoepigráfica del judaísmo helenístico. Las Odas de Salomón son un himnario típicamente cristiano. Una literatura copiosísima se desarrolló acto seguido en torno al precioso documento descubierto.
Todos los eruditos que examinaron el documento coincidieron en fijar la fecha de composición a principios del siglo II. Una sensible divergencia surgió sobre todo en la manera de considerar la orientación de aquel escrito.
Se discutía sobre todo si aquella colección debía ser atribuida a un autor único o si, por el contrario, había que reconocer en él la inspiración de varios cantores. La tesis de la unidad predominó, ¿pero a qué corriente religiosa referirla? Las poesías fueron descritas como judeocristianas; como inicialmente judaicas, refundidas y transformadas en sentido cristiano; como helenisticocristianas; como animadas de espíritu doceta o montanista; como gnósticas; como cantos misticolitúrgicos destinados a la celebración del rito bautismal; como brotados del ambiente teológico alejandrino.
Buonaiuti defendió la tesis de que se trataba de cantos francamente gnósticos e incluso que su autor debió de ser uno de los más insignes maestros de la gnosis cristiana del siglo II, Valentino, o por lo menos uno de sus inmediatos y fieles discípulos. En el himnario se observan en realidad los fundamentales conceptos cosmológicos, antropológicos y soteriológicos de la gnosis cristiana.
Sea como fuere, se trata de fragmentos poéticos de altísima inspiración religiosa, que han venido a atestiguar eficazmente acerca de la acción desplegada por la gnosis, en el desarrollo de la liturgia y de la simbólica, en el seno de la cristiandad del siglo II.
E. Buonaiuti
