Odas, Pierre Ronsard

 

[Odes]. Famosa colec­ción de poesías en la que Pierre Ronsard (1524-1589), según los ideales de la nueva escuela poética francesa, la Pléyade, de­clara la guerra a la tradición medieval y sigue los grandes modelos de Horacio y de Píndaro.

Esa gloria quiere reivindicar para sí (aunque tal vez se equivoque) en su prefacio a los Cuatro primeros libros de las Odas [Les quatre premiers livres des Odes], publicados en 1550 junto con el bosquecillo real (v.), mientras un quinto libro se publicaba en 1552, con los Amores (v.).

Las odas pindáricas, en que celebra a los más grandes personajes de su tiempo, concedieron gloria a su autor; más tarde, en cambio, esta parte de su obra parecerá más defectuosa.

Famosísima es la oda «Á Michel de l’Hospital». Pero las mejores poesías de la colección son las escritas en estrofas breves y musicales, al modo de Horacio, en su mayoría elegiacas y refina­das, y las descripciones de la naturaleza y de hermosos sentimientos.

Entre las más bellas odas menores se recuerdan las dedi­cadas a la Fuente Bellerie y al bosque de Gátine (una de las Elegías (v.) del mismo Ronsard está escrita en su honor) y la referente a la elección de su propio sepultación y el afanoso sucederse de los sín­tomas revelan la pasión del alma en toda su desnudez.

Con angustiada plegaria la poetisa se dirige, en la otra oda, a Afrodita, para que la socorra en su pena amorosa; y en casi todos los fragmentos conserva­dos el amor es el motivo dominante de esta poesía. Mucho se ha discutido sobre la na­turaleza de este amor, porque Safo se refiere exclusivamente a muchachas; en todo caso hay que tener presente que aquellas mu­chachas eran sus discípulas, hijas de nobles familias, que la costumbre eólica, más libre que la jónica en cuanto a la mujer, quería que se educaran en la poesía y en la mú­sica no menos que los hombres.

Las discí­pulas se reunían en torno a la poetisa, y así nacían vínculos sentimentales que el re­greso a la casa paterna y el matrimonio rompían dolorosamente. Safo se tortura, al recordar la separación, con una intensidad de pasión que constituye en verdad un pro­blema psicológico (fr. 96) y evoca a las ausentes con encantadora suavidad de imá­genes y de tonos (fr. 98). El sentimiento de la naturaleza es otro de los temas de Safo.

El plenilunio (4, 88, 98), un jardín en que murmuran las aguas (5), la media­noche (94), las flores, los pájaros, alusiones fugitivas en comparaciones y en imágenes dispersas, se imprimen en el recuerdo de sus versos con fuerza sugestiva innegable, aunque difícil de analizar. Safo no describe; evoca las cosas sencillamente por su nom­bre, pero con un toque tan neto y feliz que nace de ellos todo un paisaje, vivo y expresivo como un estado de ánimo. Tal vez el encanto de aquella poesía se acreciente por su mismo estado fragmentario. Inspirada por un temperamento puramente lírico, en­cerrada en una esfera de sentimientos típi­camente femeninos, el arte de Safo gana en ero, todas ellas de sentimientos delicadísi­mos, a veces llenas de melancolía. La edi­ción de los Cuatro primeros libros efectua­da en 1555 aparece muy retocada por el propio autor, por afán de sencillez y clari­dad.

La recopilación se enriqueció*también con poesías nuevas, entre ellas las referen­tes a su juventud perdida, a la nostalgia de su tierra nativa, a la igualdad de la muerte para todos, y la gentil narración del «Amor picado por las avispas» [«Amour piqué par les guépes»], en que Ronsard se muestra completamente abierto a la nueva inspiración anacreóntica (v. Amores).

C. Cordié