La producción poética de Safo (que vivió en la isla eólica de Lesbos, entre los siglos VII y VI a. de C.) fue reunida por los antiguos en nueve libros.
Hasta nosotros han llegado, por tradición medieval, sólo dos odas completas y cierto número de fragmentos, breves y con lagunas, pero recientes descubrimientos de papiros egipcios nos han restituido, casi enteras, otras cuatro odas y un canto epitalámico para las bodas de Héctor y Andrómaca.
Celebérrima también, por la imitación de Catulo y por la traducción de Foscolo, es la oda segunda, que describe los síntomas de la pasión amorosa: son todos ellos señales físicas, la palpitación del corazón, el desmayo de la voz, el zumbido de los oídos, el oscurecimiento de la vista, el temblor, el sudor, la palidez; pero lo directo de la no-profundidad lo que pierde en amplitud, y alcanza, en la intensa vibración del fragmento, su perfección.
La lengua de Safo es la eólica; los metros son varios, entre ellos el sáfico, y diversos los tonos, que transcurren con naturalidad de la agitada pasión a la dulzura melancólica, del candor pueril a las emociones ora tiernas ora maliciosas de las canciones populares (especialmente los fragmentos 94 y 114).
Eran célebres también los epitalamios, canciones para bodas, cuya gracia emana fresca todavía de los pocos versos que han quedado (115-133). [Trad. española, en verso, por José y Bernabé CangaArgüelles (Madrid, 1796), y por José Antonio Conde (Madrid, 1787). Otra, de las cuatro odas, por José del Castillo y Ayensa (Madrid, 1832).
Existe, además, una excelente traducción, en verso, de las dos primeras odas, por Marcelino Menéndez Pelayo, en sus Estudios poéticos (Madrid, 1878), incluida con las versiones de las demás odas dé Safo por J. y B. Canga-Argüelles en el volumen Poetas líricos griegos (Madrid, 1898). Modernamente se ha publicado una versión en prosa de Agustín Esclasans en el volumen Himnos triunfales de Píndaro y las odas y fragmentos de Anacreonte, Safo y Erina (Barcelona, 1946)].
A. Brambilla
Safo, el más grande poeta en el sentido más absoluto. (Swinburne)
Figurilla proyectada más allá del infinito. (Rilke)
Poesía purísima como la que más. Palabras inmaculadas. Los nexos lógicos quedan reducidos al mínimo; son utilizados hasta desaparecer; quedan las palabras esenciales, embebidas de color, aireadas de canto. (M. Valgimigli)
Safo dice palabras mezcladas con fuego. (Plutarco)
