Papá Lebonnard, Jean Aicard

[Le pére Lebonnard]. Drama francés en cuatro actos, en alejandrinos, de Jean Aicard (1848-1921), estrenado en 1889.

El matrimonio Lebonnard tiene dos hijos, Roberto y Juana. La mu­chacha debe casarse con el doctor André, mientras que para su hijo la madre desea un casamiento aristocrático.

Durante una lucha política, un escándalo provocado por sus adversarios, revela que el doctor André es hijo adulterino; por dicho motivo la se­ñora Lebonnard, afectada de manía de grandezas, se opone a la boda de su hija, favorita del marido.

De carácter tímido, éste siempre se ha sometido a -su mujer, aunque su conciencia de honrado relojero que gracias al trabajo ha llegado a conse­guir una situación desahogada, le haya he­cho tolerar mal las ostentaciones señoriales; ahora, al ver en juego la felicidad de su hija, reacciona en la forma más inesperada.

Papá Lebonnard ha sabido siempre que su mujer le fue infiel y que Roberto no es su hijo; sin embargo, ha querido al muchacho hasta el punto de considerarlo como propio; pero ahora habla, y la revelación de esta paternidad ideal que contrasta con su ver­dadera paternidad, da a la figura del prota­gonista un relieve dramático y una nobleza moral que lo elevan por encima de los de­más personajes.

El drama termina felizmente con las bodas de Roberto y las de Juana. El hijo hereda así las riquezas de su verda­dero padre que, al morir, las había dejado con dicho fin a un amigo, que es ahora el suegro de Roberto. Semejante reconocimien­to póstumo es propio del carácter clásico que Aicard quiso dar al drama en el ori­ginal francés.

Papá Lebonnard fue tradu­cido en prosa italiana por Ermete Novelli, quien quitando todo empaque a dicha obra hizo con su interpretación una comedia atractiva por la profundidad y la sencillez de sentimientos y la simplicidad de la ex­presión. [Trad. de F. Elguera, Madrid, s. a.].

M. Ferrigni

Papá Goriot, Honoré de Balzac

[Père Goriot]. Novela que está considerada generalmente como la obra maestra de Honoré de Balzac (1799- 1850), publicada en 1835.

Es, ciertamente, una de las más típicas del gran escritor, que, combinando en sus líneas a los principales personajes que ocuparán a conti­nuación la escena de la Comedia huma­na (v.), donde fue incluida entre las «Escenas de la vida privada», establece las bases de una amplia epopeya burguesa, po­derosa en el relieve plástico tanto como desconsoladora en sus conclusiones.

El pro­tagonista, el viejo Goriot (v.), comerciante jubilado, vive únicamente por su amor fanático a sus dos hijas, Anastasia y Del- fina, a las que ha elevado, con grandes sacrificios, a un nivel social muy superior al suyo, casando a una de ellas con el Conde Restaud, y a la otra con el Barón Nucingen.

El amor paterno es para Goriot una pasión exclusiva, absorbente y ciega que él amplía hasta el punto de compla­cerse en las culpas de ambas, pues la pri­mera es amante de Maxime de Trailles, y la otra, de Eugène de Rastignac (v.).

Trivia­les, egoístas, crueles, ellas le explotan hasta el fin, mientras se ve reducido, cada vez en mayor pobreza, a pasar sus últimos años en la mísera pensión burguesa de la señora Vanquer. También están allí alojados el joven Rastignac, que se dispone, como se decía entonces, a conquistar París; Vau­trin (v.), que es el forzado Jacques Collin, en continua lucha con la sociedad; Victorin.

Taillefer, gentil muchacha, rechazada por su padre, un gran señor, cuya fortuna se originó en un crimen no descubierto. Las ansiedades dolorosas, la decadencia y la muerte de papá Goriot (que casi se ilumina con un rayo de la tragedia del Rey Lear) constituyen la trama principal de la novela, donde Balzac hizo las primeras pruebas de su tumultuosa representación cíclica de la vida contemporánea.

Pero en la existencia de los protagonistas se incluyen, con todo relieve, figuras menores que, como él usu­rero Gobseck (v.), constituyen un fondo vivo de multitud descompuesta en pasiones y actitudes diversas, continuamente hundida en un drama de intereses que no encuentra conclusión ni paz.

F. Neri

Sus caracteres tienen una especie de fér­vida existencia coloreada; nos dominan y desafían todo escepticismo. (Wilde)

Balzac es el pintor vigoroso y fiel de un momento y una parte de la sociedad fran­cesa: ha representado a la burguesía, que como buen legitimista odiaba, aquella bur­guesía parisiense y provinciana, trabaja­dora, intrigante, servil, egoísta, que amaba el dinero y el poder… su temperamento se encontró perfectamente adaptado a los asun­tos de los que se diría que el arte realista en la literatura francesa nunca conseguirá evadirse. (Lanson)

Papá Hamlet, Arno Holz

[Papa Hamlet]. Es una recopilación de tres novelas breves de Arno Holz (1863-1929) y Johannes Schlaf (1862- 1941), publicadas en 1889 como presuntas traducciones de un autor noruego llamado Bjame P. Holmsen.

Representan — especial­mente la primera — un ejemplo típico de la revolucionaria concepción estética de los autores, conocida con el nombre de «natu­ralismo consecuente», que quería resolver el arte en una exacta reproducción de la naturaleza y hacer del artista el sensibilí­simo instrumento para la percepción y re­gistro de la misma.

El hecho quedaba, pues, minuciosamente analizado en todos sus tér­minos espaciales y temporales, y la poesía consistía en una presentación sintética de dicho análisis minucioso. La primera novela trata de Papá Hamlet, que fue, o creyó ser, gran intérprete de Hamlet. Él y su mujer, tuberculosa, esperan en vano el con­trato que ha de procurarles la fortuna.

Entretanto, el pobre Hamlet fracasado, para engañar a la miseria, dedica su acti­vidad a la educación de Fortibrás, que no tiene ni un año. El ambiente bohemio se enriquece con el episodio de un vecino pin­tor que en un momento de suerte vende un cuadro y durante algunos días hace brillar un poco la alegría en la sórdida buhardilla.

Pero la luz es breve y no dura mucho: Hamlet y su familia son desahuciados; el primer día de la marcha, él, inadvertida­mente, ahoga al pequeño, y acaba, pasada una semana, muriendo de frío en la calle. La segunda novela narra la tortura de los primeros días de escuela del pequeño Jonathan, bajo la férula del tiránico maestro.

La última, «La muerte» [«Der Tod»], des­cribe, instante por instante, la vela de dos estudiantes a la cabecera del compañero herido en desafío y que muere al amanecer; la inexperiencia y el terror de ambos jóve­nes van adquiriendo en su «crescendo» una real fuerza dramática. Gerhardt Hauptmann dedicó su drama Antes de la aurora (v.) al autor de Papá Hamlet.

G. F. Ajroldi

Del Papa, Joseph de Maistre

[Du Pape]. Obra del escritor saboyano Joseph de Maistre (1753-1821), pu­blicada en 1819. Las diversas afirmaciones de la teocracia papal contenidas en las obras precedentes, empezando por las Considera­ciones sobre Francia (v.), se encuentran sistematizadas en este tratado, donde los fundamentos del derecho divino del rey son sostenidos con verdadero vigor de polemista.

La concepción de una perfecta soberanía del Papa (que recuerda a los políticos teocráticos de la Edad Media) se afirma aquí al sostener el respeto abso­luto a los dogmas y a la jerarquía católica, la infalibilidad del vicario de Cristo, la su­premacía de la Iglesia sobre los Estados y, en consecuencia, la necesidad del poder temporal.

Más que por la radical concep­ción de los principios teocráticos, la obra resulta notable por algunas afirmaciones, que tuvieron influencia incluso en el movi­miento de ideas del Risorgimento italiano y a través de las cuales se vio en el poder temporal de la Iglesia una fuerza de equili­brio entre las distintas monarquías europeas y particularmente la defensa de los fieles contra la soberbia ingerencia de las domi­naciones extranjeras y de los diversos go­biernos de la península.

Esta concepción, llamada precisamente «neogüelfismo», está inspirada en la supremacía ideal del Papa y quedará en parte expresada en la Pri­macía moral y civil de los italianos (v.), de Gioberti. Por la unidad de la fe y de la autoridad religiosa, De Maistre combatía, sin embargo, contra todo separatismo que se elevase a Iglesia estatal: así, si por su teocracia la obra puede recordar la. Políti­ca sacada de las Sagradas Escrituras (v.), de Bossuet, en sus afirmaciones el autor va contra toda forma de galicanismo, del que el famoso obispo fue autorizado defen­sor.

La obra es sobre todo notable en el aspecto literario, por un vigor de expre­sión que refleja un profundo conocimiento de los autores de la tradición. francesa, desde Pascal hasta D’Alembert. La doctrina más áspera — la del problema del mal y, en contraste, de la necesidad de la sangre derramada en guerra e incluso por el ver­dugo como expiación del pecado — está ex­puesta con imaginación completamente ló­gica, casi de tipo volteriano a su pesar, con paradojas vivísimas y una argumentación tajante que sorprende en la primera lec­tura.

La Ilustración, aun negada con violen­cia verbal, se encuentra en el lúcido orden con que son planteadas las cuestiones y en la perspicaz agudeza dialéctica del brillante y vigoroso polemista. De ahí surgen en el estilo de Del Papa, la nitidez de expresión y la nerviosidad deslumbrante de razona­mientos, que han merecido éxito literario a un defensor de actitudes jerárquicas y tradicionales.

C. Cordié

Paolo Ucello, Giovanni Pascoli

Es uno de los más be­llos poemas breves de Giovanni Pascoli (1855-1912), publicado en 1903 y más tarde incluido en los Poemas Itálicos (v.). Como en otras ocasiones el motivo de la obra fue sugerido al poeta por la Historia, pero la invención es completamente pascoliana y en el espíritu y en el tono de las Florecillas de San Francisco (v.). Paolo di Dono, pintor florentino del Cuatrocientos, fue llamado, como cuenta Vasari, «Ucello» (Pájaro) por­que «se deleitó más en los pájaros que en cualquier otra cosa»; fue muy pobre y ter­ciario franciscano.

Tan pobre que, enamora­do como estaba de los pájaros, no pudiendo comprarlos se conformaba con pintarlos, y la pared de su choza estaba llena de ramas, árboles, flores y pájaros. Pero un día, al ver en el mercado un lindo pajarito, no pudo apartar su corazón del mismo, la ficción de la pintura ya no le bastó, y por la noche murmuró en su corazón contra la pobreza. Éste es el centro del relato.

En la segunda parte (cap. VI-X) el protagonista es el mis­mo San Francisco, que baja de la pared de ramas y flores y reprocha dulcemente a su devoto que acaba de ofender a «Madona Pobreza»: aun cuando se conforme con pin­tarlo, aquel lindo pajarito siempre será suyo. Mientras un ruiseñor canta en la no­che, el Santo desaparece y Paolo se duerme tranquilizado.

Como se ve, hay en el retrato del antiguo pintor el retrato del mismo Pascoli, impregnado de una sutil melancolía que se resuelve en la dulzura de una son­risa; para llegar al verdadero Pascoli, en los veneros más límpidos de su inspiración y del mundo poético auténticamente suyo, es preciso pasar a través de él.

C. Curto