[Du Pape]. Obra del escritor saboyano Joseph de Maistre (1753-1821), publicada en 1819. Las diversas afirmaciones de la teocracia papal contenidas en las obras precedentes, empezando por las Consideraciones sobre Francia (v.), se encuentran sistematizadas en este tratado, donde los fundamentos del derecho divino del rey son sostenidos con verdadero vigor de polemista.
La concepción de una perfecta soberanía del Papa (que recuerda a los políticos teocráticos de la Edad Media) se afirma aquí al sostener el respeto absoluto a los dogmas y a la jerarquía católica, la infalibilidad del vicario de Cristo, la supremacía de la Iglesia sobre los Estados y, en consecuencia, la necesidad del poder temporal.
Más que por la radical concepción de los principios teocráticos, la obra resulta notable por algunas afirmaciones, que tuvieron influencia incluso en el movimiento de ideas del Risorgimento italiano y a través de las cuales se vio en el poder temporal de la Iglesia una fuerza de equilibrio entre las distintas monarquías europeas y particularmente la defensa de los fieles contra la soberbia ingerencia de las dominaciones extranjeras y de los diversos gobiernos de la península.
Esta concepción, llamada precisamente «neogüelfismo», está inspirada en la supremacía ideal del Papa y quedará en parte expresada en la Primacía moral y civil de los italianos (v.), de Gioberti. Por la unidad de la fe y de la autoridad religiosa, De Maistre combatía, sin embargo, contra todo separatismo que se elevase a Iglesia estatal: así, si por su teocracia la obra puede recordar la. Política sacada de las Sagradas Escrituras (v.), de Bossuet, en sus afirmaciones el autor va contra toda forma de galicanismo, del que el famoso obispo fue autorizado defensor.
La obra es sobre todo notable en el aspecto literario, por un vigor de expresión que refleja un profundo conocimiento de los autores de la tradición. francesa, desde Pascal hasta D’Alembert. La doctrina más áspera — la del problema del mal y, en contraste, de la necesidad de la sangre derramada en guerra e incluso por el verdugo como expiación del pecado — está expuesta con imaginación completamente lógica, casi de tipo volteriano a su pesar, con paradojas vivísimas y una argumentación tajante que sorprende en la primera lectura.
La Ilustración, aun negada con violencia verbal, se encuentra en el lúcido orden con que son planteadas las cuestiones y en la perspicaz agudeza dialéctica del brillante y vigoroso polemista. De ahí surgen en el estilo de Del Papa, la nitidez de expresión y la nerviosidad deslumbrante de razonamientos, que han merecido éxito literario a un defensor de actitudes jerárquicas y tradicionales.
C. Cordié

